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Así suena su nombre en todas las esferas y en el corazón de las y los nicaragüenses, como le llaman; ella ya es un concepto venido a categoría de mujer indiscutible, por y para la seguridad de nuestros ciudadanos.

La Comisionada Granera,  palmo a palmo, diseña con su entrega de todos los días la estrategia de enfrentar y romper con los planes funestos de la delincuencia y del enemigo agazapado.

Ese mismo enemigo, frenado, descifrado y vencido, con astucia, reivindicando la determinación y el valor de equidad de género, que identifica a una ser humano que camina con la bandera de la honestidad y la paciencia patriótica que significa lidiar con aquellos, que sufren por su paso y bien ganado lugar en los próximos años, como la primera al mando del bastón  de la institución.

Su experiencia es el calificativo que connota un pueblo agradecido de su valor ante los retos incesantes e incisivos, más aún de la planificación, que termina siendo una táctica inusual, pues su desvelo son los sueños de todos, y en la medida de las posibilidades, sigue de la mano con ese anhelo del cuido de nuestra juventud.
Aminta, es de las mujeres que nacieron con el valor en cada una de sus manos y en su sangre, se erige el orgullo de una hija de Sandino, por tener una patria digna, pues su  lección es el trabajo: esmerado laurel, que amerita ser dimensionado en su ejemplar espacio y tiempo; ella es el tiempo y el espacio con su uniforme a la par de cada uno de los militantes de su Institución.

En algunas frases de la historia que reivindican la gesta histórica por liberar a este pueblo, en alguna frase de una bella canción, allí está Granera, la Comisionada, la Aminta de Nicaragua, que se fue con sus demás compañeros, como se fue Sandino con sus 30 soldados de la Patria, a luchar para vencer. Y el pueblo también se fue con ella, adheridos a la  confianza y seguridad entrelazadas entre hombres vestidos de Patria y el Pueblo

*Docente UNI