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Existen muchas víctimas de abuso sexual que desean olvidar lo sucedido. Para iniciar es importante aclarar que olvidar es no recordar algo que ha sucedido, y es diferente a la imaginar algo o inventar el suceso .Debemos precisar cómo se almacenan los recuerdos: percibimos por nuestros sentidos (olemos, miramos, sentimos, escuchamos; logramos diferenciar texturas, sabores, olores, sonidos, colores) y el cerebro lo procesa, es decir todo se junta en milésimas de segundo a través de nuestro sistema nervioso. Sentir y percibir son dos experiencias comúnmente al mismo tiempo. Todo lo sentido/percibido se guarda en sitios de nuestro cerebro, y cuando queremos recordar algo “activamos” la memoria y “sacamos” los recuerdos de forma casi automática.

Nuestra mente es brillante, recordamos olores de hace años, caras que solo vimos una vez durante medio segundo, situaciones donde estuvimos, frases o palabras que nos dijeron, sabores inolvidables, nuestra mente es maravillosa. Es tanta la capacidad de recordar como la de olvidar.

En la mente infantil las vivencias del abuso, muchas veces son mal codificadas en la memoria, debido a la confusión que vive el niño(a) producto del mismo abuso, por tanto serán más difíciles de “recuperar”, o son retomados como recuerdos confusos, distantes, y por tanto dudosos. Varias personas refieren “no recuerdo bien, no recuerdo con precisión, sucedió hace tanto…”“no recuerdo todo lo sucedido, recuerdo sentir vergüenza y miedo, estaba confundido”.

El abuso sexual en el niño o niña es una situación compleja, porque sucede en su cuerpo, en su mente, en su entorno y su integridad. Sin embargo, no son plenamente conscientes de todo lo vivido. El niño/a está en la etapa del juego. El abusador (los estudios son contundentes en cuanto al sexo de quien abusa) cercano al niño/a elabora una estrategia de acercamiento, seducción y manipulación que resulta en confusión, negación y olvido.

Olvidar el abuso vivido es una alternativa inconsciente del niño/a para seguir adelante, es enfocarse en otros asuntos para no vivir allí. Es parte del engranaje del poder y la violencia, en un país donde la palabra de niños/as y adolescentes está en duda, y escuchamos a los adultos/as decir: “los chavalos son mentirosos”. Aquí se combinan los prejuicios, mitos y culpas, que derivan en chantajes, corrupción e injusticia.

Muchas veces se olvida para no sufrir, ya que escuchamos: “olvida eso y déjaselo a Dios”.Pero el no recordar todos los detalles del abuso, no significa que no sucedió. Las secuelas del abuso sexual son indeterminadas a corto, mediano y largo plazo, olvidar es una de ellas. Lo más importante es romper el silencio, hablar de lo sucedido, no sentir vergüenza, no sentir culpa ni miedo.

“Los niños son capaces de distinguir entre los sucesos percibidos (vividos) y los inventados (imaginados). Los niños/as no fantasean sobre lo que no han experimentado.

Cuando un niño describe en forma detallada y vívida una actividad sexual, no es posible atribuirla a su imaginación” (Arruabarrena, 1995).

“En relación con la memoria, la diferencia entre niños, niñas y adolescentes y adultos es más cuantitativa que cualitativa, el recuerdo de los niños de corta edad (3 años) es bastante exacto, aunque menos detallado que el de los niños mayores (8 años)” (Goodman, Rudy, Bottons y Aman, 1990). A partir de los 10 años no existen diferencias entre el relato de los menores y el de los adultos (Dent y Stephson, 1979; Arruabarrena, 1995).

Las niñas, los niños y adolescentes son las víctimas, por tanto no deben ser cuestionadas o culpabilizadas sobre lo sucedido. Si no recuerdan todo, se debe comprender la situación, no dudar de los relatos y apoyarles en su recuperación emocional. Las y los profesionales de la salud mental debemos estar vigilantes ante algunas propuestas teóricas que nos llevan a considerar en las valoraciones forenses las “memorias falsas” donde suponen que niñas, niños y adolescentes que viven abuso sexual están “falseando la realidad”.

La recuperación emocional integral conlleva analizar lo sucedido con la víctima y acompañarla en un proceso donde ella es la protagonista de su vida y decisiones, brindándole las herramientas necesarias para desarrollarse en todos los ámbitos de la vida.

*Psicólogo
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