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Durante todos estos años desde El Rescate hemos mantenido una posición diáfana, activa y beligerante contra el régimen orteguista y sus políticas de “capitalismo revolucionario”. Hemos denunciado la falsedad, un orteguismo que se asocia y congracia con el gran capital nacional e internacional, al tiempo que reparten sobras y migajas a la gente. Hemos dicho NO a un sistema político corrupto y prebendarlo.

En esta tarea hemos empeñado esfuerzos en el parlamento, en el trabajo organizativo  y en  la movilización junto a otros nicaragüenses, contra los atropellos a la Democracia,  a  la Constitución política de Nicaragua, a nuestros derechos humanos.

No deja de llamar la atención que algunos a quienes no se les  ha  visto en las protestas, que todo el tiempo han tenido posiciones colaboracionistas con el régimen, en particular con sus políticas económicas neoliberales, se rasgan las vestiduras frente a nuestra posición de voto protesta: ¡no cuenten conmigo para esta farsa!.

Hay quienes  se agazapan timoratos  en grupos de sociedad civil y que no se atreven a declarar abiertamente  su respaldo a determinados candidatos, pero que usando el eufemismo del voto masivo contra Ortega,  se molestan de que existamos nicaragüenses que no compartamos su fe y  su esperanza en que sus candidatos vayan realmente a cambiar las cosas en Nicaragua. Fe y esperanza –además – fundadas  en un proceso que ellos saben perfectamente que está montado de principio a fin sobre la ilegalidad, los vicios de nulidad y los planes de fraude.

Quienes abrazan esa fe  están en su derecho. Pero igual derecho tenemos nosotros de discrepar que ese sea el camino para enfrentar al régimen que durante todos estos años se ha beneficiado de las posiciones gallo-gallina en el parlamento, que sin hacer resistencia, sin un plantón, sin una sola marcha, hoy prometen el cielo y la tierra a los nicaragüenses, como si la  democracia se reduce a ir a votar por ellos.

La acción de ir a las urnas y pegar una calcomanía de repudio al proceso es un derecho legítimo de los nicaragüenses que no tenemos por quien votar, ni queremos ser parte de una farsa, de un fraude que comenzó desde hace muchos meses y que no se reduce al conteo del voto el 6 de noviembre. ¡Todo es un fraude! Desde que aceptaron competir y legitimar, a un candidato inconstitucional, con árbitros ilegales, y estructuras controladas por el gobierno.

Nuestra acción es expresión legítima de nuestro derecho a votar libremente, conforme a nuestra conciencia. Nadie tiene la suficiente autoridad moral o política para pedirnos que votemos contra nuestra conciencia.
Seamos claros: Ortega ha logrado, avasallando la democracia, el control de todos los poderes y ha mejorado su imagen usando dineros  públicos y ajenos para dar regalos y engatusar a mucha gente. Lo único que no tiene es legitimidad. Eso que todo su poder no le pueda dar, es precisamente lo que le están dando las fuerzas que   se han plegado, participando en un proceso corrupto e ilegal.  Si las fuerzas políticas estuvieran apostando a un cambio y no simplemente a ocupar curules, jamás habrían aceptado este juego podrido, hubieran resistido y luchado hasta hacer  explotar este sistema.

En el Rescate no tenemos vocación de comparsas, ni creemos que la democracia es “un juego que se puede jugar bajo protesta”.

Con nuestro llamado estamos dándoles a muchos ciudadanos una posibilidad de expresarse cualitativamente. Nos referimos a liberales descontentos con sus dirigentes,  a sandinistas honestos que están en las estructuras del estado, o en sus organizaciones, molestos  por  los atropellos de la pareja presidencial, pero que  nunca irían a votar por las propuestas liberales y desde luego,  a los miles, que como nosotros, no tenemos – en estas condiciones --  candidatos por quien votar.

Estamos conscientes de que hoy,  no somos determinantes para cambiar la correlación de fuerzas existentes, pero estamos trabajando, para construir junto a muchos otros,  una fuerza de cambio, sin engaños ni mentiras. Nuestra posición política  persigue desnudar lo que está pasando. Decir la verdad, no mentirle a la gente, pues  la politiquería  plagada de mentiras, de  supuesto “pragmatismo y realismo”,  tienen  a nuestro país en esta situación.

Así, el día después, nosotros estaremos en primera fila defendiendo el voto de los ciudadanos a quienes el régimen les quiera birlar su voluntad, veremos que hacen los demás.  Veremos si van a ir, como hicieron muchos candidatos a alcaldes y concejales que miraron el robo descarado en sus municipios en 2008,  a juramentarse todos juntos,  como en un inmenso estercolero, o si en protesta, no asumirán sus curules!