Jorge Eduardo Arellano
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“Eppure si muove”(1)
A medida que se le da un valor de rescate a los residuos que se puedan encontrar en la basura (para reutilizar el plástico, el vidrio, el papel y el metal como materia prima), miles de desempleados y de gente pobre se disputan estos desechos. Para ellos, significa un ingreso de 10 millones de córdobas al año. La tendencia, como es lógico cuando se disputa algo de valor, es que la búsqueda del mismo se mueva del vertedero final hacia el lugar de origen, es decir, hacia las industrias y hacia los hogares domiciliares.

Al inicio, la basura llegaba intacta a los vertederos, y 1,500 personas armadas con garfios y sacos rebuscaban entre las montañas de desperdicios aquel residuo que pudiese tener valor de rescate para los acopiadores, que luego los exportan a los países que tienen una industria del reciclaje. Para conservar el derecho preferente a hurgar en la basura, 120 recolectores informales se trasladaron a vivir permanentemente, con sus niños y ancianos, dentro de los botaderos.

Luego, 450 empleados de la Comuna que recolectan la basura pasaron a meterle mano a los desperdicios de valor que transportan en los camiones. Y un enjambre de gente pobre, excluida de los botaderos, se ha dispuesto a recorrer diligentemente las calles antes que pasen los camiones, para recoger de primera mano los residuos reciclables.

Esto ha generado un conflicto vital de intereses contrapuestos en el seno de los miserables de la tierra, que sobreviven de la basura.

Desde la perspectiva de un gobierno responsable es sencillo abordar con método este problema, en busca de la mejor solución. En principio, se plantean alternativas de ingeniería, de cada especialidad, sin considerar restricciones.

La ingeniería medioambiental tratará de evitar la contaminación atmosférica y que los líquidos de la basura, con químicos contaminantes, se infiltren al subsuelo y afecten los recursos hídricos. Para ello, dirá que se debe abolir el botadero abierto, colocar capas de piedra y arena donde se deposite la basura y recubrir con grama la capa más superficial, de modo que presente, incluso, un aspecto agradable al paisaje. La ingeniería sanitaria se unirá a esta propuesta, en la que no hay cabida para recolectores en medio de la basura, ni para epidemias en los barrios aledaños a los botaderos.

La ingeniería agroquímica dirá que se deben reutilizar los desechos orgánicos (más del 50 % de todos los desperdicios) para fabricar compotaje, que permita abonar los suelos y restituirles nutrientes.

La ingeniería eléctrica dirá que al incinerar los desperdicios orgánicos e inorgánicos, gracias al metano presente en los desechos se puede obtener energía para mover un generador de energía eléctrica. En este caso, con una potencia de 5 MW.

La ingeniería industrial dirá que dado el valor energético utilizado en la obtención de cada tipo de materia prima, hay un ahorro de costos energéticos si se recuperan los desperdicios inorgánicos reutilizables en la industria del reciclaje. Para ello se debe legislar que en los hogares se separen estos desperdicios (plástico, papel, vidrio y metal), y se depositen en recipientes identificables por su color correspondiente. Planteará, luego, la necesidad de promover la inversión en industrias de reciclaje (en lugar de los acopiadores actuales que simplemente exportan los residuos reutilizables), para que se produzcan aquí envases con cada tipo de material (como se hace en la actualidad, en nuestro país, con la industria del plástico), y se le incorpore un valor agregado a la materia prima, a la vez que se genera empleo.

Luego de escuchar todas las soluciones técnicamente viables, viene el momento de las restricciones, de definir una estrategia a seguir en dependencia de los recursos disponibles en nuestra realidad. El plan a elaborar, de lo que efectivamente es realizable, se plasma en un cronograma con metas específicas, prioritarias, con fechas de verificación.

La ingeniería financiera, para obtener recursos a este fin, planteará la necesidad de penalizar económicamente aquellas industrias cuyos envases no sean reciclados. Y de reconocerles un incremento en el precio del producto si usan envases reciclados, para obtener, así, con dicho incremento, un fondo extra que financie el proceso integral de recolección de residuos y de manejo integral de los desechos.

En este proceso integral se debe capacitar y ofrecer un empleo digno a los actuales recolectores de residuos.

Pero, en todo caso, en el plano social se debe dar una respuesta inmediata, ya que el hambre no puede esperar. Si el gobierno, en el corto plazo, no es capaz de generar un empleo adecuado para estas 1,500 personas… ¡que renuncie! Ésa es la consigna del movimiento obrero. ¡Empleo inmediato digno… más bien, humano, para los trabajadores de La Chureca!
Probablemente, con los fondos utilizados en los rótulos de propaganda y en las flores y frutas que recubren las tarimas desde las que se promueve el gobierno de los pobres del mundo, se pueda generar de inmediato más de los 1,500 empleos que demandan los recolectores que viven en la basura.

Pero, ¿cómo enfrenta este problema el gobierno actual?
En principio, hace a un lado cualquier pensamiento técnico y social. La idea del gobierno es que los recolectores que trabajan en los botaderos al aire abierto ¡tienen derecho a recibir intactos los desperdicios de basura! Ésta es su consigna.

Para garantizar este “derecho” propone que los 450 empleados de la Comuna reciban un incremento salarial de 10 millones de córdobas al año, para que se abstengan de hurgar en la basura que recogen. Evidentemente, para cualquiera es claro que no hay, siquiera, una relación unívoca entre el incremento salarial de los trabajadores de la Comuna y el respeto del “derecho” de los recolectores a recibir la basura intacta en los vertederos.

Pero, para imponer esta “solución”, el gobierno asume como política que los recolectores informales cierren los portones del botadero a fin que la basura permanezca en las aceras, hasta que el alcalde acceda al incremento salarial. Según su plan, los ciudadanos culparían al alcalde por cualquier epidemia sanitaria. Y de esta forma, se cumpliría el objetivo principal del gobernante: bajarle la rebeldía al alcalde de Managua.

Uno se pregunta, ¿cómo se explica que en lugar de políticas de gobierno que enfrenten técnica y financieramente los problemas, tenemos una capa social que dirige el Estado con base a intrigas?
Conforme a las leyes de la naturaleza, un país tiende al desorden en ausencia de un trabajo planificado, consciente, que se corresponda con la estrategia de una clase fundamental de la sociedad. Por inercia, el estancamiento de las fuerzas productivas lleva a retroceder a formas de gobierno precapitalistas.

El elemento trabajador más audaz y competente de nuestro país, así como el personal técnico calificado, abandona de manera creciente esta sociedad en crisis. Este es un síntoma de degradación social, de desorden, en el cual se pierde el valor productivo concentrado en el capital humano. En esta realidad, el concepto de nación retrocede. La voluntad productiva, que debería expresarse en una estrategia de desarrollo, se dispersa y viene sustituida por la improvisación y el capricho de una familia absolutista que desempeña el papel parasitario de la realeza.

En esta fase de acumulación inicial de riquezas con base al privilegio de otorgar concesiones y permisos estatales, el poder que se comparte por factores de consanguinidad, bajo una jerarquía obediente, obliga a la burocracia palaciega a luchar por someter y anular al estrato técnico pensante, que posee capacidad crítica y que ha sido entrenado para definir una estrategia técnica y económica con la cual enfrentar los problemas.

No es casual que en este gobierno, de corte feudal, la información sobre políticas institucionales sea secreta. Ni es casual la censura abierta a los técnicos estatales, que les impide emitir una opinión profesional propia sobre cualquier problema del país.

El alcalde de Managua encarna, dentro de la organización política a la cual pertenece, la actual contradicción elemental de la burocracia parasitaria con la tecnocracia.

*Ingeniero Eléctrico
(1) “Sin embargo, se mueve”: expresión de Galileo, en silencio, luego que la Santa Inquisición le obligase a renegar del movimiento de la Tierra.