Jorge Eduardo Arellano
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Caresol iba más sonriente que de costumbre, cuando de sopetón le preguntó a un anonadado Roberto Currie: “¿Y vos cómo te considerás, feo o bonito?” Como si la pregunta fuera para él, Watson, de colado, se posesionó de ella: “Si ya Currie es un gringo viejo; lo que pasa es que como es chele, tal vez en El Arenal lo vean apuesto, guapo y atractivo, es decir, bonito. Pero no olvidemos que las apariencias engañan, o que la apreciación estética sería muy diferente si esa misma pregunta, sobre Currie, desde luego, se la hiciéramos a una comunidad de gringos de Oklahoma. De seguro lo verían curtidito, decrépito y tercermundista. Es decir, hecho todo un José Antonio Sanjinés.” La maliciosa carambola surtió un efecto de hilaridad en todos, y Caresol, aún más zamarro y matrero que antes, reformuló así su pregunta: “Todos ustedes: ¿Se consideran bonitos o feos desde un punto de vista estrictamente ideológico? Pues resulta que a mi leal saber y entender éste es el planteamiento que recién acaba de hacer el Padre del Socialismo del Siglo XXII, Don Tomás Borge, cuando categóricamente afirmó hace unos días que sólo los feos son de derecha. Debo decir que me preocupa enormemente este novedoso método de análisis marxista, entre otras cosas porque, por ejemplo entre nosotros, con mi sola excepción, sólo veo feos. Ahora bien, si los feos son de derecha y los bonitos no lo son, un elemental silogismo nos indica que si eso es así, luego los bonitos son de izquierda, y como quiero curarme en salud, todos estaremos anuentes a reconocer que en este caso la mujer nicaragüense es de izquierda, por bella, hermosa y bonita, y conste que yo soy bonito pero no tengo nada de femenino.”

“Vas a morir engañado --intervino el de Managua-- creyendo que sos bonito, porque te lo dicen en tu casa. Así que mi querido Caresol, aplicándote imparcialmente los parámetros o escala de valores ideológicos inventada por Don Tomás, vos sos, junto a la gran mayoría de los nicaragüenses, de derecha, por las mismas razones que el Partido Danielista es de derecha y muy de derecha. Para comprobar lo anterior basta con verles las caras a los Monarcas y su Corte de allegados o Estado Mayor.” Salió el de Masatepe a la palestra: “A mí me parece haber interpretado cabalmente las lecciones de materialismos histórico y dialéctico que nos acaba de dar Don Tomás. Se trata sencillamente de rescatar y renovar el viejo concepto de centralismo democrático, con una infusión de centralismo ideológico. Son tantos los feos que resulta más económico plegarse a la derecha, absorberla y unificarnos todos ideológicamente, en nombre de la paz y la reconciliación. Desaparece, por tanto, la izquierda de los cánones partidarios, dando lugar así al inicio de la verdadera revolución. Un partido único, una ideología única y, por supuesto, un gobierno único. Lo único que faltaría sería la ética, pero ya otros ideólogos del danielismo la han dado por desfasada; y convencer al pueblo, a través de los CPC, que izquierda no es más que una palabra en desuso, es tan sólo cosa de tiempo. La agudeza de Don Tomás es infinita, pues sin tener que decirlo podremos ser de derecha aunque nos sintamos de izquierda, y como actuaremos como de derecha, y lo actos están por encima de los sentimientos, daremos, por igual, tranquilidad al imperio y a los antiimperialistas.”

Con semejante explicación o interpretación de la doctrina borgiana, todos se quedaron estupefactos. “Sólo si Julio López Campos me dice que eso es verdad, lo creo”, dijo Watson, y de inmediato el de Managua volvió a tomar la palabra: “Bueno, no sólo en el danielismo, sino también en la Convergencia hay algunos ejemplares, que según diría Don Tomás, son muy de derecha, incluyendo incluso a alguna fémina, con lo cual quiero puntualizar en el detalle de que no toda mujer por tan sólo ser mujer, es de izquierda. Existe una minoría de derecha y con manchas. Pero recapitulando en los motivos que tuvo Don Tomás para echar en el saco de la derecha a todos los feos, me decía alguien que lo hizo para denigrar a un feo confeso y sincero, como lo es Mundo Jarquín. La razón quizás sea porque el Padre del Socialismo del Siglo XXII, en el fondo de su corazoncito defiende el Pacto de los Caudillos, y no le habrá gustado que Mundo dijera, hace muy poco, esta verdad como una catedral: No se puede defender la democracia al lado de Arnoldo Alemán. Pero, por otra parte, uno se pregunta en qué consiste, proviniendo de él, el epíteto de feo para un Mundo que ha hecho de este calificativo su estandarte de batalla. De manera que retomando esa teoría borgiana, concluyo que Don Tomás Borge es tan de extrema derecha como Gioconda Belli de extrema izquierda.”

luisrochaurtecho@yahoo.com
Jueves, 27 de marzo de 2008.