Jorge Eduardo Arellano
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Con el interés cotidiano que me despierta el fascinante mundo de la disciplina económica y el estudio de sus principales indicadores bursátiles, me doy a la tarea día con día de revisar el cambiante itinerario de los mismos en cuanta publicación caiga en mis manos, para efectos de prever mediante la formulación de mis expectativas racionales aquellas situaciones que puedan variar para bien o para mal mis estados financieros.

Me resultó sumamente curioso observar en un diario internacional que se hacía alusión a un término económico completamente nuevo y en principio algo gracioso para mí, un término al cual se referían con el nombre del “Índice Big Mac” o “Big Mac Index” (por su nombre en inglés) en mención al célebre sándwich de la multinacional cadena de comida rápida “McDonalds”.

Este término fue acuñado por la publicación británica “The Economist”, la cual tiene como objetivo comparar los costes de vida de cada país en donde se elabora dicho sándwich y por ende orientar si las monedas en relación al tipo cambiario (aunque éste no lo hace con exactitud más que nada es una referencia) están pues sobrevaluadas o subvaluadas en relación con el dólar estadounidense, permitiendo entonces comparar el nivel adquisitivo de los diferentes países utilizando como patrón de medida al mencionado sándwich.

¿Pero cuál es la esencia de este indicador? Este supuesto basa su técnica en la “Teoría de la Paridad del Poder Adquisitivo” (“PPA”).

La “PPA” es un término económico propuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que tiene como objetivo comparar de un modo razonable el nivel de vida basado en el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de los diferentes países, concretamente con el coste de vida, llevándonos al principio de que un dólar debe comprar la misma cantidad de bienes o servicios en todos los países, es decir, tanto en el país de origen como en el país de destino una vez convertida en la moneda local. Los expertos consideran que esta teoría se cumple en el largo plazo y por lo tanto esta teoría presiente la tendencia del tipo de cambio a futuro.

El enfoque teórico nos dice entonces que productos similares que se consumen en diferentes países deben tener igual precio (esto según la ley de un solo precio), esto nos lleva a que el tipo de cambio debe equiparar el precio de un bien o servicio en uno y otro país. Si se llegase a cumplir la teoría de la “PPA” un dólar compraría la cantidad o el mismo producto en cualquier país pero la gran contradicción radica en que esta situación es casi nula, ya que con una misma cantidad de dinero en determinado país se puede comprar un mayor número de bienes o servicios que en otro y además una de las fallas que presenta esta herramienta analítica radica en que a la hora de su comparación ésta toma en cuenta elementos tan diferentes en las variadas economías mundiales, como los que implican costos fijos, tales como salarios y alquileres, además de lo que representan elementos que varían, como los impuestos que se aplican a las importaciones de algunos componentes para la elaboración de este producto y que por ende influyen en su precio final de mercado, además, el nivel de desarrollo económico de los países al ser tan distintos provoca a su vez que el consumo o acceso a un bien pueda ser un lujo para algunos o algo insignificante para otros, por lo cual no puede ser tomado entonces como un indicador representativo de las economías de los países, pero sí como una sencilla herramienta de análisis.

Sin embargo, un banco australiano ha propuesto basar esta teoría en un nuevo indicador, pasando la estafeta en este turno como producto estándar al comercialmente agresivo y mundialmente conocido reproductor multimedia “iPod”, de la firma “Apple”. ¿Por qué?
La gran diferencia se basa en que mientras el “Big Mac” varía su precio de mercado por el hecho de ser elaborado en todos los distintos países donde se asienta la cadena mundial de restaurantes, el “iPod” posee una gran ventaja significativa y es porque son fabricados solamente en China, por lo cual supone esto que sea un indicador más exacto, es decir, hace que las diferencias sean casi nulas.

Por último, como un complemento adicional para entender mejor este asunto, el banco suizo “UBS” realizó un significativo estudio que sirve como extensión para comprender, desde otra perspectiva, la cuestión fundamental en el análisis de estos indicadores, sólo que ahora presentándolo bajo la propuesta de cálculo sobre la interrogante: ¿Cuánto tiempo tarda un empleado en diferentes partes del mundo para lograr ganar el suficiente dinero para comprar un “Big Mac” en su ciudad?
Es importante destacar que elementos como los salarios no son iguales en todas partes así como también no lo son los precios de las cosas que compramos diariamente.

Teniendo en cuenta que los resultados de 120 países incluidos en ese estudio reflejaron que el tiempo promedio radica en 35 minutos, en ciudades como Tokio necesitas 10 minutos, Nueva York 13 minutos, México DF 82 minutos, Nairobi 90 minutos y Bogotá 97 minutos.

Debido a su ausencia en la lista, me propuse investigar cuánto tiempo requiere un trabajador en Nicaragua para poder disfrutar un “Big Mac” como lo plantea el anterior estudio, lo cual me llevó al resultado partiendo del salario base que estipula la ley en Nicaragua para los nueve sectores de la economía, la cual fija un monto promedio de 1901.81 córdobas para 30 días laborales, dividido en jornadas de ocho horas diarias, lo cual nos indica un monto de 7.92 córdobas la hora laboral y teniendo en cuenta que un “Big Mac” cuesta en este momento 50 córdobas (sólo el sándwich, sin papas ni refresco), debería el empleado laborar alrededor de 379 minutos, lo que corresponde a seis horas y media, casi el total de las horas correspondientes a un día completo de jornada laboral para poder disfrutar de dicho sándwich (formúlese aquí el lector sus deducciones sobre el estado actual de nuestra economía).

Es sorprendente observar cómo mediante el uso de estas sencillas herramientas de análisis económico podemos darnos una idea aproximada de la situación actual de nuestra economía y por ende sin necesidad de ser expertos en temas macroeconómicos formular nuestras conclusiones basadas en indicadores reales y no ficticios como últimamente se han puesto tan de moda en nuestro entorno económico especialmente cuando los responsables de gestionar la política monetaria nos presentan los respectivos resultados macroeconómicos obtenidos en la gestión estatal cada año. No estaría por demás entonces invitarlos a degustar tan costoso sándwich aunque… ¿será que también les resulte tan costoso a ellos? Por lo menos no me cabe la duda que les alcanza para saborearlo con papitas y refresco en tamaño agrandado!
*Estudiante de la Facultad de Diplomacia & RRII de la Universidad Americana
(UAM)
correodemariocruz @ gmail.com