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* Signos y síntomas
Mucha alarma ha causado entre la ciudadanía de Managua, la muerte por envenenamiento de diez frondosos árboles en la colonia Centroamérica. Es que envenenar supone corromper o intoxicar un organismo con una sustancia. Los pobres árboles se han puesto secos, han perdido sus hojas y ya no dan sombra ni frescor. Y sea que se intoxiquen árboles o personas, el veneno, como se decía antes, es “el arma del cobarde”  puesto que se suele administrar sin que los envenenados sepan que son atacados, mientras que el hechor suele hacerse pasar por un consternado simpatizante de la víctima. Pero hoy es más fácil que la gente descubra lo que sucede, como prueba la deducción que han hecho los vecinos de la colonia, a partir de los signos que presentan los árboles.

Igualmente, llama la atención la preocupación del presidente Ortega porque el proceso electoral se lleve con alegría “porque nada se gana con envenenar las elecciones”.

Aseguró estar convencido que con agresiones, amenazas y violencias no vamos para ningún lado, de manera que hay que ponerle “azúcar” a la cosa.

“Es con persuasión, es con las ideas, con cariño, con amor”, el asunto dijo el Comandante. Pero si al oírlo a usted: a) le dan ganas de vomitar, b) siente náuseas, c) le da sarpullido, d) babea o se le reseca la boca, e) le da temblor o convulsión, f) todas las anteriores; entonces usted ya está envenenado y no debe tomar más dosis del azúcar que le ofrece el Comandante: es arsénico.

* Amor y veneno
No es casual me parece a mí, que ese lucero de la mañana que es el Presidente, invoque el nombre del amor junto con el tema del veneno, puesto que según su etimología, en la antigüedad a las sustancias que estimulaban el deseo sexual se les llamaba afrodisíacos, por asociación con la diosa griega del amor, Afrodita, que para los romanos era Venus. De ahí que las pociones amorosas se llamaran venenum.

Supongo que los hombres de aquellos tiempos empezaron a dar venenos a las mujeres para “hacerse de ellas” como púdicamente dicen las viejitas y después de ver que no provocaban ardores sexuales, sino que la muerte, se las terminaron dando a sus enemigos políticos. De ahí que emperadores, reyes, papas y caudillos hayan sido aficionados al uso de los venenos, puesto que eran letales y difíciles de detectar y se podían disimular como enfermedad, como una forma discreta de matar sin aspavientos.

De manera que cuando el poder ofrece Amor (así con mayúsculas como se escribe en los discursos oficiales de la primera dama), es legítimo suponer que es un plato con ponzoña, con fines violatorios o mortales para quien lo coma.  Como quien dice, son amores que matan.

* Desintoxicación
Lo que comemos, lo que tocamos, lo que respiramos y lo que escuchamos y vemos, intoxican nuestro cuerpo. Por eso es que lo manuales de Salud Preventiva, dicen que la mejor manera de protegerse de un envenenamiento es evitar exponerse a sustancias nocivas.

Si usted se siente intoxicado por toda la porquería que por falta de ingresos solidariamente nos obliga a comer el Gobierno, por todo lo que se respira en el ambiente y le da nervios, angustia, desesperación e incertidumbre, o porque ve y oye tanto disparate político,  cinismo y  corrupción en el Estado, no vaya a tomar ipecacuana pues aunque vomite le va a dar más náuseas y este no es un problema digestivo, sino un problema político.

La primera medida es identificar y aislar la sustancia tóxica. No importa si usted es militante orteguista o ciudadano opositor: no oiga los discursos de la pareja y cambie de canal o de emisora. Haga ejercicio: vaya a las protestas contra la reelección y el fraude, a reclamar al CSE y a recoger firmas para destituir a Roberto Rivas y corra cuando los “amorosos” chamuquitos lo quieran agredir. Gríteles “¡Azúcar!” y verá como se paran en seco.

Haga sauna: aproveche que por la inoperancia de la Alcaldía los árboles muertos no van a dar sombra y tampoco habrá transporte porque la campaña oficial acapara los buses y con tanta lluvia va a haber vapor de sobra, para que sude.

Tome vitaminas y minerales: júntese con otros en la misma situación que usted y compartan experiencias. Si usted es orteguista, pero estaá arrecho con la pareja, súmese a la campaña del Rescate. Si nada de eso le funciona, beba gran cantidad de leche, agua o ambas.  Retrasa la absorción y la difusión del veneno a los órganos vitales.

* Antídoto
Siendo que todo el cuerpo social sufre de envenenamiento agudo, por las sustancias típicas del autoritarismo que impregnan la vida pública, no queda de otra que tomar sin pestañear el antídoto.

Esta es una sustancia terapéutica que por medio de mecanismos antagónicos contribuyen a eliminar la acción y efectos producidos por el veneno. Ante el tóxico el organismo social reacciona con rabia, miedo, impotencia, desesperanza, pérdida de la voluntad y de la autonomía.

Los más intoxicados son aquellos que colocados en situación de subordinación ante el envenenador, asumen sin reparos y sin sentido crítico las opiniones, discursos y mandamientos del poder y reproduce la misma situación ante los más débiles.

El envenenador pues no sólo causa un daño físico, individual y colectivo, sino que también un daño moral y político. La democracia, como antídoto, se sustenta en el respeto por los derechos propios y ajenos, en el mutuo reconocimiento de la igualdad en la diferencia, la convivencia, el respeto a la autonomía personal y el debate de las ideas, dotando a las personas de capacidad de reacción frente a las arbitrariedades.

Le otorga a cada individuo un voto.  Úselo, porque lo que está en juego es su propia vida y la de todos. Con el voto los envenenados se pueden deshacer de los envenenadores. Aaah, eso sí, tiene que ser voto válido y cuidar que no se lo roben.