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El día 13 de septiembre en la columna de Opinión de END se publicó un artículo titulado “Hace 130 años el primer genocidio de nuestra historia” el cual refiere que los gobiernos conservadores impusieron el trabajo forzado para la realización de obras públicas, lo que produjo levantamientos en Matagalpa y en consecuencia el ejército de la época sitio la ciudad por 3 días, derrotó a los insurgentes y fusiló a los líderes. Dicho artículo retoma las palabras de un Sr. llamado Víctor Acuña, quien calificó el hecho como el primer genocidio de nuestra historia, sin embargo, hablar de genocidio son palabras mayores y en consecuencia lo propio es un análisis jurídico para no caer en banalidades maliciosas.

Para comprender el genocidio es necesario partir de que la prohibición del mismo es consecuencia del desarrollo del  Derecho Internacional Humanitario, un conjunto normativo sobre las reglas aplicadas en las guerras. Este nace en Ginebra en 1864, con un convenio referido al trato que deberían recibir los heridos en campaña, posteriormente se desarrollaron las conferencias de paz de La Haya en 1899 y 1907, donde entre otras cosas se reafirma la atención a los heridos en campañas y se limitó la utilización de armamento. En la segunda parte de estas conferencias participaron 17 países de Latinoamérica, incluidos El Salvador y Guatemala, aunque Zelaya no lo estimó conveniente seguramente por su marcada tendencia bélica.

No es hasta 1919 que en la conferencia de paz de versalles se habla de la violación de los sagrados derechos de la humanidad, con lo que se supone el nacimiento de los crímenes contra la humanidad. La tipificación de los crímenes contra la humanidad aparece por primera vez en la historia en el Estatuto de Londres de 1945 (Tratado en el que se establecen los tribunales de Núremberg) que en su arto.6, inciso c establece que crímenes contra la humanidad son: “El asesinato, el exterminio, la esclavización, la deportación y todo acto inhumanos cometido contra la población civil, antes o durante la guerra, o bien persecuciones por motivos políticos, raciales o religiosos” No obstante, la acuñación de éste término es atribuida al jurista de origen polaco y profesor de Derecho Internacional de la Universidad de Yale Raphael Lemkin ( 1944) en su libro “Sobre la Ocupación de las Potencias del Eje”, el genocidio era un término nuevo, ya que según el mismo autor habían aparecido en el mundo nuevas formas de destrucción que sobrepasaban las expectativas de los crímenes de guerra de la haya, el término fue acuñado a partir del vocablo griego “Genos”  que significa raza y la raíz latina “Cide” que significa matar.

Pese a ello, es hasta diciembre de 1948 que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio  que en su artículo 2 define al genocidio como: “Cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso con tal:

 

a)     Matanza de miembros de un grupo

b)     Lesión grave a la integridad física y mental de los miembros del grupo

c)     Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física total o parcial.

d)     Medidas destinadas a impedir el nacimiento en el seno del grupo

e)     Traslado por la fuerza de los niños a otro grupo”

Es importante destacar que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas retomó la definición para crear los tribunales penales especiales (ad-hoc) para la extinta Yugoslavia y Ruanda. Más importante aún, es el hecho que el artículo 6 del Estatuto de Roma (Tratado que crea la Corte Penal Internacional y que Ortega se niega ratificar) retoma justamente la misma definición.

Es innegable que los 30 años conservadores constituyen el mayor período de estabilidad política en nuestra historia incluyendo la actualidad y bajo ninguna circunstancia se puede afirmar que en Nicaragua se cometió genocidio en ese entonces. La figura del genocidio no existía en la época, es más, si aplicamos a los hechos las modalidades de genocidio que existen actualmente nos daremos cuenta que:

1.     El ejército enfrentó a insurgentes y no los mató por ser indígenas sino por ser grupos beligerantes, no eran civiles;

2.     Las lesiones a la integridad que hayan sufrido los insurgentes (no eran civiles) se consideran legítimas por derivar de ese contexto bélico;

3.     La finalidad del ejército era sofocar los levantamientos, de lo cual no se desprenden en ningún momento que haya existido la intencionalidad de desaparecer a los indígenas de la época, de hecho sólo líderes insurgentes fueron fusilados.

Las acciones cometidas por el ejército de entonces durante los 30 años conservadores no  configuran ninguna modalidad del delito de genocidio, este término tiene un alcance jurídico y no puede utilizarse para descalificar una acción porque simplemente nos guste la palabra. Asimismo, tampoco puede señalarse violaciones al Derecho Internacional Humanitario en cuanto al uso de métodos (estrategias) y medios (armamento) de guerra, ya que en todo caso esto fue restringido en  las primeras conferencias de paz celebradas varias décadas después de los sucesos referidos.

*Miembro de la Juventud
Partido Conservador