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Se inicia octubre y entramos en la recta final de la campaña electoral.

¿Recuerdan cuál era el sentimiento más extendido hace tan solo tres meses? Daniel Ortega va a ganar, por las buenas o por las malas, pero va a ganar. En la versión aguda de ese pesimismo resignado estaba la afirmación: es inútil votar, no hay nada que hacer.

Hoy ese sentimiento de pesimismo resignado se ha desvanecido, y crece y crece el sentimiento que Ortega no va a ganar ni por las buenas   -que nunca tuvo esa posibilidad-   ni por las malas, porque los nicaragüenses no se lo vamos a permitir.

El mejor indicador de ese cambio de sentimiento, o clima de opinión, es lo que revela la última encuesta CID Gallup que publicó el viernes pasado EL NUEVO DIARIO: el 80% de los nicaragüenses dicen que van a votar. Y todos sabemos que entre más voten, más posibilidades que Ortega pierda.

¿Qué explica ese cambio de sentimiento? Son muchas razones, pero quiero compartir unas pocas.

Primero está la conciencia y el conocimiento de que siempre que la elección se ha polarizado, aunque haya varios candidatos, Ortega ha perdido. Ocurrió en 1990, 1996 y 2001. En 2006 la elección no se polarizó y Ortega ganó (¿?). Pero ahora la elección está polarizada, y cada vez más, entre Ortega y Fabio Gadea. Lo indica claramente la mencionada encuesta.

Segundo, crece el sentimiento del “Violetazo”. Hay mucha evidencia empírica de que hay voto oculto. La intención de voto varía entre la pregunta abierta, en que el encuestado se siente identificado, y Ortega por tanto sube en intención de voto, y la intención de voto que los encuestados manifiestan cuando se les da la boleta para que marquen en secreto y la depositen en una simulación del voto. En este caso, la intención de voto por Ortega baja dramáticamente. Y es más, aun en este segundo caso hay un margen probablemente no menor de 3 puntos en que hay ocultación de voto, pues el encuestado puede pensar que la boleta está con alguna señal y creer arriesga ser identificado. A este voto oculto apunta el “Violetazo”, en referencia a la elección de 1990 en que según todas las encuestas Ortega ganaba y Violeta Chamorro dio la gran sorpresa porque hasta miembros del Ejército y Policía, entonces todavía sandinistas, votaron por Violeta.

Tercero, la táctica Orteguista de andar censando, supuestamente para identificar necesidades (cuántos viven en esta casa, qué necesitan, a qué programas sociales acceden, cuántas láminas de zinc necesitan, etc.), está resultando contraproducente, porque la gente se siente vigilada, controlada, y por tanto hay más y más ocultación de voto. Es como los empleados públicos llevados obligadamente a las plazas, rotondas y calles: ahí están, porque de lo contrario pierden el empleo, pero la humillación se la cobrarán al depositar, en secreto, su voto.   

Finalmente, se ha confirmado que Ortega, ahora en el gobierno, desde un inicio del proceso electoral arrancó con su techo histórico. Y no se ha movido del mismo, mientras Fabio, que arrancó desde abajo, no ha dejado de subir. Y así seguirá.