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A mí querido primo:
Jorge Cuadra Venerio.


Con el interés de siempre leí el artículo que me enviaste referido a la Independencia y al Día de la Madre. Pero sobre todo, al leerlo me di cuenta que tu ceba sigue firme en tu prosa… y también regia en tu ocurrente temática.

No obstante –y sin saber si hago bien o mal en publicar estas líneas-, creo que es mi deber comentarte a propósito de septiembre, llamado el mes de la patria, que en tu visión de lo histórico difiero en algunas cosas… no en todas, pero sí en algunas… Especialmente en aquellos acontecimientos trágicos en que se perdieron vidas ajenas, sin dejar de mencionar la escaramuza de San Jacinto, donde a pesar de todo lo obviado debe ser admitido que los descalzos pelearon con mucha honradez. E igualmente debo referirme a tu evidente tolerancia cuando te refieres a las cosas del poder que los “criollos” asaltaron en 1821. Por supuesto que este tema podría tener algún dato que desconozco y que vale, especialmente por nuestro viejo ancestro conservador.

¡Otra cosa! Estoy convencido que en muchas veces existe más estirpe sangrienta en la maroma que en el crimen. Te digo esto porque me parece que en este país --al que vos y yo amamos--, contamos con más héroes que mártires, sin dejar de aceptarte que también abundan los fantoches. De cualquier manera: ¿Acaso el hombre del cielo no nos advirtió sobre todas estas cuitas? ¿No fue Caín más culpable por la mentira que por el crimen de su propio hermano? En fin, a lo mejor mi querido primo Ud. y yo necesitamos reflexionar al respecto. Tal vez durante algunas vacaciones tipo Chinandega: ¡Ojala se pudiera! Vos sabes que las añoro: Enramado en una hamaca ajena allá por las correrías de Aposentillo…

Sigo…
Respecto de los Somoza, esa familia de la “estirpe sangrienta” que dicho sea de paso asesinó a don Bernardo Venerio, arrastrándolo por las calles empedradas de El Viejo amarrado a la cola de un garañón, yo prefiero no opinarte por su condición de infamia. Así pensaron hasta los Lenca que presenciaron el crimen. Recuerda que los tiranos jamás dejan de serlo porque ellos mismos escriben su historia, sin importar que lo hagan montados a lomo de un mulo, o amparados por un Bush o un Rafael Carrera.

En lo referido a las enseñanzas de tía Licha --sobre la fecha para celebrar el día de la madre--, estoy totalmente de acuerdo. Todos deberíamos de honrar el día y cada día en que nacieron ellas para ser nuestras madres. Ellas llegaron para parirnos con orgullo y sin vacilaciones. Ya que ese milagro en su dolor --perdiendo todo egoísmo-- se multiplica un millón de veces para toda la canalla que sobrevivimos. Esa misma rutila que con amor nos dedicamos a escribir historias como estas… y otras…

¡A propósito! ¡Te cuento! Que mientras te escribo esta nota, por medio de ese odioso teléfono que ya a estas alturas no queremos oír sobre todo a estas horas de la madrugada, porque raramente trae buenas nuevas, recibí una noticia para mí por demás dolorosa: Mi madre en Estados Unidos desvanece en su ancianidad. Y no sé por qué razón, ese país y su gobierno al que nunca le hemos hecho nada malo, y que los plumíferos criollos admiran de forma servil presentándolo como adalid de los derechos humanos, me niegan la visa de entrada, la que me permitiría darle un beso quizás de despida…  

Pero bueno, me queda la satisfacción que si acaso no llego, allá donde llegue mi madre sabrá que no pude hacerlo por las conocidas villanías de otros hipócritas, y en su santidad estará segura que su hijo sandinista, jamás; como ellos, tendrá motivo para preguntarse… “¿Por qué nos odian tanto”?…

Con el cariño de siempre desde Palmira te abraza tu primo Raúl.

P.D.
¡Y así fue! Ya que ulterior a la
fecha de esta, estoy a la espera de su cadáver…