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Colombia es más que ballenato o cumbias, y gastronomía, más que Bogotá, Cali o Cartagena,  más que lugares paradisíacos y café, más que Gabo, Shakira o Juanes, más que Luis Carlos Sarmiento Angulo, más que el Divino Niño y sus feligreses, más que el Museo del Oro y su colección de orfebrería prehispánica  más grande a nivel mundial, es también narcotráfico, ¿verdad?

Este engendro  ha creado un contraveneno, que  también puede llamarse morfina: La  nueva literatura, y sus hijas, las novelas.

De un tiempo para acá han nacidos unas novelas policíacas tremendas, y en mayúsculas, es que hay mucha carne para novelar, los escritores no pueden combatirlo ni lo aplauden sino que se absorben esas vidas (la de los partícipes, buenos y malos, de ambos bandos), modos de ser o de trabajar (secuestro, extorciones, asesinatos, operativos, chantajes), sus consecuencias (derramamiento de sangre, antivalores), el mensaje es a veces en contra  de autoridades del gobierno o alguna de sus instituciones—pagadas por cabecillas de cárteles—por su pasividad.

Colombia ha tenido, en la última década, gobiernos que  han devuelto la confianza, perdida por sus enemigos internos, los empresarios internacionales vuelven a invertir en ella. “Colombia es pasión”, acompañada de una figurita de un corazón, es el eslogan que están utilizando para borrar la mala imagen que tienen ante los ojos del mundo, para eso se están organizando todos, desde escritores hasta actores y actrices, ¿por qué? Porque es terrible el maltrato sicológico que reciben desde que ingresan a algún aeropuerto, ya son vistos como narcos, la mayoría lo ha pasado, cuando es revisado su pasaporte, por eso están unidos para eliminar este pensamiento negativo creados por otros hermanos, ovejas negras.

Sus narradores son tremendos, tienen una facilidad crear, es obvio que sabemos de dónde les viene la inspiración, no como Nicaragua que apenas tenemos unos cuantos— cuatro, digo con temor a equivocarme—, reconocidos en el exterior, ellos tienes tal vez siete veces más, y ganadores de premios extraordinarios como el Alfaguara y otros de la misma talla como el Planeta y otros, es porque los tipos son genios en lo que hacen.

La cadena Telemundo ha pasado a la pantalla chica algunas de esas novelas, ¡que compañerismo!, hay que llamarlo así, (si tiene otro nombre hay que dárselo también, por ahora que quede éste, no quiero entrar en otro terreno y salirme del tema), porque es obra de sus coterráneos, con elencos fantásticos todos salidos de la  misma tierra sudamericana.

¿Cómo trabajan? Los narcos hacen de las suyas; los medios informan; los escritores archivan, procesan y crean; los productores, directores y su séquito  recrean; los actores hacen el resto. O sea que están sacando provecho de su enfermedad maldita.

Eso es admirable, no como México que está prohibiendo los narcocorridos en algunos estados, esa parece su manera de ocultar la verdad y su discapacidad de tolerancia, contra aquellos que les recuerdan lo que no han podido evitar o han dejado pasar.

No pretendo hacerles una estatua a los hermanos colombianos por todo lo antes mencionado, sino que hay tanto que aprender de sus valores, a veces no somos capaces promocionar lo nuestro, lo vemos deficiente, ejemplo la música, somos tan malinchistas que sólo tomamos como bueno a los cantantes extranjeros, ellos no son así.
Colombia es pasión, reza el eslogan, ¿y nosotros qué somos?

*Estudiante de Comunicación Social, UNAN-León.