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En el diario El País, de España, de fecha 2 de octubre, el colega Luis Arias escribe en primera página que en el centro del debate político brasileño reina la novedad de la nueva clase media, que ya es mayoritaria allá y por tanto capaz de decidir unas elecciones; que de minoritaria hace sólo 10 años, hoy ocupa el centro de la antigua pirámide social, gracias a los 30 millones de pobres que, en los ocho años de la presidencia del ex sindicalista y tornero mecánico Ignacio Lula Da Silva, saltaron de la pobreza a la clase media baja .

La estructura social en Brasil se ha modificado, radicalmente. Ya no es aquella pirámide en la que la base mayoritaria la formaban los pobres, con un centro minoritario de clase media y una punta de un 5% de ricos. Hoy el 52% de aquella pirámide (votos en términos reales) lo representa la clase media, un 10% los ricos, un 28% los pobres y un 10% los miserables. Juntos, pobres y miserables, generalmente analfabetas los últimos, ya son minoría y no deciden los destinos del Brasil. Hoy en Brasil se consideran de clase media aquellos que ganan desde 1.200 reales, unos 500 euros o 750 dólares, hasta 4.000, unos 1.800 euros o 2700 dólares). En realidad se trata de varias clases medias, pero que ya han salido de la atávica zona de la pobreza y de la miseria.

Esta nueva clase media,  llamada “emergente”, la que acaba de subir el escalón hacia el consumo, es más bien conservadora y defiende los valores éticos y religiosos, teme volver hacia atrás y tiene aspiraciones de mejora, sobre todo para sus hijos y por ello no es partidaria de excesivas novedades y aventuras, por lo que prefiere lo conocido, sin radicalismos ni de izquierdas ni de derechas.

Se trata de un universo nuevo aún en ciernes que deberá moldearse y aclimatarse conviviendo con la clase media tradicional “más cultural”, pero también cada vez más sacrificada económicamente ya que no ha crecido en la proporción con lo que ha hecho la clase pobre.

El caso de Nicaragua
La pobreza es omnipresente en Nicaragua  y en todas las ciudades, en todas las zonas, una parte importante de la población vive en la más absoluta miseria. Los salarios medios son bajos y no permiten cubrir, en muchas ocasiones, las necesidades básicas.

Los servicios sociales básicos son casi inexistentes, los hospitales carecen de recursos para atender a los enfermos y no existe seguridad social, al menos como se concibe en Europa y Estados Unidos de América.

En Nicaragua, de acuerdo con datos del economista Adolfo Acevedo Vogl, únicamente el 30% del empleo es formal y el 7% lo proporciona el Estado, Gobierno Central y municipalidades, unas 150,000 personas. El 70% se ocupa en trabajo informal y precario. Trabajo formal se entiende por autoempleo. Trabajo precario, aquel familiar  sin remuneración.

Si se evalúan cuidadosamente los modelos de crecimiento económico que han cosechado el éxito en numerosos países, destaca la decisiva importancia de las clases medias,  una clase media nutrida y relativamente próspera  que tiene  una significativa correlación con el crecimiento a largo plazo. Al mismo tiempo, una clase media en expansión evidencia un acercamiento a la consecución de dos objetivos de desarrollo esenciales, tanto en América Latina y el Caribe como en otras partes del mundo: la reducción de la pobreza y de la desigualdad.

Una clase media fuerte no sólo es buena directamente para el desarrollo económico,  sino que también influye en él indirectamente al respaldar programas políticos y  plataformas electorales razonables.

Para el economista Acevedo Vogl es imposible conseguir un desarrollo económico sostenido en Nicaragua con el actual régimen tributario, en el que por ejemplo el segmento de mayores de ingresos  ( un 20%) percibe el beneficio anual de las exoneraciones impositivas por valor de 6,400 millones de córdobas..

Los partidos políticos y alianzas que participan en el actual proceso electoral deben tomar en cuenta lo que ha hecho Brasil a favor de   los pobres, que lo ha convertido en una potencia económica mundial, aprovechando desde luego sus vastos recursos naturales. Lo mismo han hecho Singapur y otros países de Asia que carecen de estos recursos.

No solamente hay que incluir la experiencia de Brasil en planes de gobierno, sino que garantizar su llevada a la práctica a través de leyes con amplio debate y alto consenso.