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Persecución cristiana
Los actos de intimidación, acoso y amenazas que han denunciado sacerdotes de diferentes partes del país así como el movimiento de católicos que reclaman la verdad en el caso del asesinato del padre Pupiro,  deja claro a la opinión pública  que estos hechos no son  pura coincidencia ni casualidad.   Sacerdotes y feligreses comienzan a ser perseguidos ahora como lo han sido los periodistas, las feministas y las organizaciones civiles independientes. Lo curioso es que usualmente, las persecuciones se realizan por parte de una mayoría hacia un grupo minoritario diferente, pero en este caso es al contrario pues parece que la minoría de perseguidores no tiene diferencias de credo, dado que los identifican como cristianos de la religión “socialista-solidaria”.  Parece que el autoproclamado mesías de Nicaragua no se ha dado por enterado del Edicto de Tolerancia promulgado en Roma por el emperador Galerio en el año 311 que puso fin a las persecuciones contra los cristianos o que el Edicto de Milán (año 313) consagró totalmente la libertad de cultos y puso en pie de igualdad al cristianismo con las otras religiones del imperio.  Por si hiciera falta, el artículo 29 de la Constitución literalmente dice: “Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia, de pensamiento y de profesar o no una religión.” Pero como es obvio que al ilustrado  gobierno de Nicaragua le vale un rábano la Constitución, supongo que se puede identificar más con los edictos de los emperadores romanos, por aquello de Roma locuta, causa finita.

Intolerancia
La concepción “pluralista” del reino de la Reconciliación, el Amor y la Paz (así, con mayúsculas)  en el que vivimos, como pueden ver,  no discrimina a nadie: persigue a todos por igual, creyentes y no creyentes. El pretendido triunfo de la “Nicaragua Unida” alude no a la convivencia que tiende a la tolerancia propia de un sistema plural que acepta y reconoce las diferencias como soporte democrático del espacio público, sino que concibe la unidad como homogeneidad. Es decir, como indiferenciación y uniformidad, en este caso de pensamiento. La “comunidad imaginada” por el orteguismo es una donde impera el exclusivismo ideológico y el monopolio del poder, razón por la cual tiene la marca de nacimiento del separatismo, el enfrentamiento,  y la intolerancia. Y al igual que los emperadores romanos de la antigüedad, espera que uno se pliegue a la secta y les rinda culto como si fuesen dioses. El verdadero pluralismo tiene como meta la resolución de los conflictos dentro del marco de las instituciones, mientras que el sectarismo sólo sirve para agravarlos e incrementar el disenso. Es pues, un proyecto político que sólo puede incubar más violencia, por más que ahora se den golpes en el pecho y le echen vivas  a la Virgen de Cuapa.

Liberteños vs libertarios
El llamado que hizo Ortega en Chontales a “defender y cuidar la paz que vive el país que ha enfrentado cruentas guerras civiles y que derramó la sangre de miles de nicaragüenses en el pasado”, no es creíble. Habló como si él no tuviera nada que ver con ese pasado y con la instigación en contra de la paz que representa su ilegal candidatura.  El origen liberteño del trío que conforman Ortega, Hallesleven y el cardenal Obando, vicario del poder, no los hace libertarios (que alude a quienes sostienen los principios de libertad individual, especialmente de pensamiento y acción) pues la propuesta que representan atenta contra la libertad de todos. Es como confundir magnesia con gimnasia.  Aunque sí se puede calificar a estos liberteños como libertinos: si no, mire lo que han hecho con la Constitución, con sus derechos ciudadanos y políticos o con su fe religiosa y con qué libertinaje se autoconfieren privilegios electorales, regalías y simonías. Mientras a usted lo despojan de la libertad, esa facultad humana que le permite actuar de acuerdo con su propia voluntad y no la ajena, le impiden su derecho a movilizarse, a tener cédula, a votar y a decidir, le ofrecen confites en el infierno: el imposible Parque de los Nicas Felices con ellos a la cabeza.  

“Pluralismo” teológico
Resulta llamativo que mientras más de 100 líderes religiosos católicos deliberaban en el Seminario La Purísima sobre la campaña de intimidación y acoso contra los sacerdotes y el Arzobispo de Managua, Leopoldo Brenes declaraba que el asunto los tiene “inquietos”, la  “eminencia reverendísima” de Miguel Obando decía que “el Presidente Daniel Ortega y la Compañera Rosario Murillo, han demostrado ser seres solidarios con el pueblo” y “han sabido encender una luz, en lugar de maldecir la oscuridad”.  Y tiene toda la razón, porque a él la luz del poder lo tiene superiluminado: este vicario no da pie ni pisada sin que lo sigan los reflectores de los medios oficialistas y claro, usted que está en lo oscuro lo ve claramente y lo maldice. Es que para Su Señoría, todas las religiones son caminos útiles para llegar a Dios, ya que en su “pluralismo” teológico la diferencia es sólo una vocal: la “i”, por lo cual da lo mismo DIOS que DOS.  Y no vayan a pensar que yo soy creyente (gente que piensa que Dios imaginó y creó al ser humano), sino que más bien pienso que los seres humanos imaginaron a Dios. Si esto no fuera así, ¿cómo me explican ustedes, que Obando haya hecho el cambalache del unigénito hijo de Dios en la Tierra, por Daniel Ortega y su mujer?  Peor aún, ¿que no diga esta boca es mía ni un Padrenuestro por los amenazados colegas de la iglesia a la que pertenece y que también son ciudadanos con derechos en este mundo? ¡Ave María Purísima!