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El lunes, primer día de la V cumbre UE-Brasil, la presidenta [de Brasil] brindó las recetas que utilizaron los países de América Latina para salir de la crisis de la deuda durante los años 80: “He destacado que nuestra experiencia muestra que ajustes fiscales extremadamente recesivos sólo han empeorado el proceso de estancamiento, la pérdida de oportunidades y el desempleo”, dijo la mandataria brasileña en una rueda de prensa en Bruselas. “Difícilmente se sale de la crisis sin aumentar el consumo y la inversión y el nivel de crecimiento de la economía”... El gigante sudamericano es el cuarto principal destino de las inversiones europeas y el sexto mayor inversionista en Europa, y en el primer semestre de 2011 se convirtió en el noveno socio comercial de la UE.>>

Tres comentarios. Lo primero que salta a la vista es que el G7 (EU, Canadá, Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia), más el organismo intergubernamental de la UE, están cediendo protagonismo a las economías de capitalismo industrial representadas en el G20 (Brasil, México, Argentina, Sudáfrica, Turquía, Corea, India, Rusia, China, Indonesia, Arabia, Australia), fundado tras la crisis del capitalismo financiero en 2008. Y situada en la máquina del tiempo, la presidenta interpreta su ironía. Porque esas economías ya probaron la medicina del fondomonetarismo, la receta de austeridad fiscal y flexibilidad laboral en la “década pérdida” de los ochenta en Latinoamérica.

Lo segundo es el salto de la memoria de la “guerra fría” en el negocio de las editoriales latinoamericanas. Qué diría ahora el brasileño Celso Furtado con su teoría descriptiva y parcial de “la división internacional del trabajo” (el bestseller de La Economía Latinoamericana: Formación Histórica y Procesos Contemporáneos, 1971)”. Su “división del trabajo”, no de los trabajadores, reducía la economía latinoamericana al mercado de exportación-importación. Qué diría ahora el germano-norteamericano “neomarxista” Gunder Frank, martillo de los marxistas latinoamericanos, con su esquematismo metrópoli-periferia (en el bestseller Lumpenburguesía: Lumpendesarrollo. Dependencia, Clase y Política en Latinoamérica, 1972). Qué dirán ahora los socialcristianos que sublimaron su mala conciencia en el maniqueísmo de las “Venas abiertas” de Eduardo Galeano o en la “Pedagogía del oprimido” de Paulo Freire. Toda esa propaganda intelectual, que dispuso de imprenta y de prensa para el progresismo de clase media latinoamericana, resulta parcial ante la redondez de la evidencia de la ironía de la presidenta de Brasil.

Tercero, la inevitable clase media de intelectuales intermediarios (funcionarios del Estado y empleados de las empresas), cuyo sector político de centroizquierda sólo percibía la función exterior de la economía y un desarrollo subordinado. Con esta ideología fragmentaria, en las universidades y los organismos internacionales (como la CEPAL) contrarrestaron cualquier teoría que explicara el desarrollo autónomo de las sociedades. Porque la clase media vinculada a la exportación/importación, siendo una elite muy minoritaria de la población, ha tendido a suplantar a las mayorías; hasta el extremo de producir el aventurerismo del Frente Sandinista, M19, Montoneros o Tupamaros que, en su condición de clase intermediaria, nunca superaron el populismo.

Pero, gran parte de la población latinoamericana vive en grupos con sistemas de intercambio de reproducción familiar, marginados del mercado; mientras, otra gran parte intercambia con formas mercantiles, pero en la economía informal. Y junto a estos grupos de población existen sociedades latinoamericanas con sus propios modos de producción precapitalista en los que la función exterior es nada más una parte de sus relaciones. Son estas sociedades las que están entrando en el desarrollo capitalista. Porque el sistema económico mundial nunca ha estado congelado en un final de la historia de un Primer Mundo y un Tercer Mundo. Si la Francia del siglo XVIII era el Brasil de comienzos del siglo XX, el Brasil de comienzos del siglo XXI podía ser la Francia del siglo XX.