Jorge Eduardo Arellano
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El culto a la personalidad (también culto a la persona) es la adoración y adulación excesiva de un líder vivo, carismático, y por lo general unipersonal, especialmente un jefe de Estado. El culto a la personalidad es una elevación a dimensiones religiosas de figuras de líderes carismáticos en la sociedad o la política. El fenómeno es tan antiguo como el hombre mismo, la historia nos muestra que en la antigüedad se desarrolló con César en el imperio romano, en la Unión Soviética con José Stalin; en Alemania con Adolfo Hitler; en Irak con Sadam Hussein, entre otros. Desde entonces, el vocablo es usado de forma peyorativa contra un líder o mandatario que se comporta y manifiesta síntomas políticos proclives al culto a la personalidad.

Algunas características del adefesio político son: exagerada devoción de todas las personas hacia el líder; recepción sin crítica de las expresiones de la persona admirada; persecución a los críticos de la persona admirada; aprehensión y desaparición de los críticos; presencia exagerada de imágenes, fotografías y eslogan en escuelas, edificios y en medios masivos; designación de empresas, edificios públicos, escuelas, ciudades y calles con el nombre del líder; elaboración de relaciones (a menudo absurdas) entre el líder y aspectos de la vida.

Sociedades cultas han tenido que pagar un alto costo político y social por rendir culto a la personalidad de un dirigente político. Algunos sectores de la sociedad muchas veces elevan al líder de un partido político a una posición casi sagrada, incuestionable e infalible, en cuanto a todo lo que dice y hace. Estos sectores obvian que el dirigente a quien le rinden culto no es un dios, es un ser humano, con serias y graves imperfecciones humanas, por lo cual es falible, puede errar, equivocarse en sus relaciones con sus semejantes, que lleva en su naturaleza, de forma inherente, en menor o mayor grado, el germen del egoísmo, la envidia, ambiciones, egocentrismo, la egolatría y otras imperfecciones humanas.

El pueblo Alemán pagó un alto costo en destrucción y muerte por rendir culto a Adolfo Hitler; éste fue quien inició en Europa la segunda guerra mundial; el conflicto tuvo un saldo de 50 millones de víctimas. Alemania, destrozada, puso la cuota de diez millones de alemanes. Igual sucedió en Italia, con el dictador Benito Mussolini, quien integró el eje de países fascistas, con Alemania y Japón. El caso más reciente de culto a la personalidad se dio en Irak, con Sadam Hussein; éste realizó una purga en su partido, Baas, y condenó a muerte a 40 de sus miembros; los condenados, en su ejecución, lanzaron vivas a Sadam. Las consecuencias del culto a la personalidad de Sadam Hussein aún las vive el pueblo Iraquí, con la invasión de Estados Unidos en el año 2003, la muerte de cien mil iraquíes, la destrucción del país, los índices económicos negativos, etc.

Nicaragua no escapa al fenómeno del culto a la personalidad, sin embargo, en nuestro país el término es conocido como “El Caudillo”, “El Hombre” “El Líder”. Nuestra historia registra como caudillos a Emiliano Chamorro, del Partido Conservador de Nicaragua (PCN); a Anastasio Somoza García, del Partido Liberal Nacionalista (PLN), éste heredó el caudillismo a sus hijos: Luis Somoza y Anastasio Somoza Debayle. Las consecuencias de ese caudillismo conllevaron a la consolidación de una dictadura militar. Por esa circunstancia, todo un pueblo se levantó en armas y se crearon las condiciones objetivas y subjetivas para el surgimiento de una revolución social, que causó pérdidas humanas y materiales en todo el país.

Todo parece indicar que los nicaragüenses aún no hemos aprendido de las lecciones del pasado, ya que el culto a la personalidad se sigue practicando con la complacencia y el beneplácito de los líderes políticos; esa práctica puede llevarnos a una involución histórica, a un retroceso; la percepción que se tiene, es que estamos tropezando con la misma piedra.

El caso de Arnoldo Alemán Lacayo es digno de ser mencionado como culto a la personalidad. Este caudillo es venerado por el Partido Liberal Constitucionalita (PLC). Contra viento y marea se mantiene como caudillo a Alemán Lacayo, éste es reo de la justicia, condenado a 20 años de prisión por delitos comunes, que cometió cuando fue presidente de la República; en Panamá, Arnoldo es procesado por blanqueo de capitales; en Estados Unidos es investigado por lavado de dinero; Arnoldo tiene como cárcel el país, muchos países de Europa y de América Latina lo han declarado non grato. Aun con todas los agravantes, el caudillo sigue como dirigente del PLC. Los cuadros del partido obedecen ciegamente a Arnoldo, éste tiene cuotas de poder en los diferentes poderes del Estado. En cualquier país del mundo en el que se haya extirpado el fenómeno del culto a la personalidad, Arnoldo, como caudillo político, hace mucho tiempo hubiese sido expulsado de la organización política.

El culto a la personalidad también se practica en el partido FSLN, con el dirigente Daniel Ortega Saavedra. Todo lo que Daniel dice en un discurso político, a lo interno o internacionalmente, es palabra de Dios. Nadie dentro del partido es capaz de criticar los errores en que ha incurrido Daniel Ortega, como Presidente de la República, en materia política, económica, fiscal, social y de relaciones con otros países. Hay mutismo en el partido FSLN; existe temor en los cuadros para no contradecir a “El Líder”; el país día a día se hunde en la pobreza, la miseria, el desempleo, los nicaragüenses abandonan el país por no existir alternativas laborales, la inflación es galopante, el incremento de los precios en bienes básicos de consumo popular es imparable, la iliquidez en el comercio es notoria; todos los problemas son reales y nadie a lo interno del FSLN es capaz criticar al gobernante.

Los rótulos puestos en todo el país, con la imagen de Daniel, son prueba fehaciente del culto a la personalidad. Lo más grave del fenómeno es que algunos cuadros del partido, débil y esporádicamente, han tratado de criticar actos y actuaciones del gobernante y de la Primera Dama (caso Tomás Borge Martínez); pero ante las críticas la reacción ha sido feroz, en particular contra el Alcalde de Managua, quien fue callado con la frase: “Zapatero, a tus Zapatos”; en el Concejo de Managua se le quiso imponer un vicealcalde; surgen protestas usando a los “churequeros”, el propósito de todo es mandar un mensaje: con “El Líder” no se juega, y todo aquel que se atreva cuestionar a “El Caudillo”, que se atenga a las consecuencias.

La sociedad nicaragüense debe mantenerse vigilante ante el culto a la personalidad, hay que combatir ese adefesio político. No hay que caer en la adulación a un dirigente político, sea del signo que sea, de izquierda o de derecha, rojo manchado, sandinista, conservador o de cualquier corriente política, pues el culto a la personalidad es una deformación política que causa a la sociedad graves perjuicios. El culto a la personalidad trae daños irreparables a los partidos políticos, para muestra un botón. El Partido Conservador y el Partido Liberal Nacionalista por muchos años fueron las fuerzas políticas preponderantes, mas, por obra y gracia de los caudillos Emiliano Chamorro y Anastasio Somoza García, dichas agrupaciones, con el tiempo, virtualmente entraron en fase de extinción política.

Por causa del culto a la personalidad, practicado por los caudillos Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, todo hace indicar que los partidos FSLN y PLC tendrán el mismo destino que los Partido Liberal Nacionalista y Partido Conservador,
es decir, su tendencia es a desaparecer como fuerzas políticas. Aún estamos a tiempo de revertir la historia, la solución es arrancar de raíz el culto a la personalidad en nuestra sociedad.

*Abogado y Notario Público.