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Chamarro es un “engaño para obtener algo”, según el Diccionario del Español en Nicaragua del académico Francisco Arellano Oviedo.

No de otra forma puede llamarse la inverosímil amenaza del Presidente y magistrado con cargo vencido del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas, que podría haber inhibiciones de diputados de la Alianza PLI, con posterioridad a que sean electos el próximo 6 de noviembre.

Esa amenaza no es en absoluto creíble por la simple razón que uno de los primeros actos de Fabio Gadea Mantilla, como Presidente de Nicaragua, será derogar el ilegal decreto de Daniel Ortega prorrogando en sus cargos a diversos magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral. Sencillamente, a partir del próximo 10 de enero Roberto Rivas ya no será magistrado del Consejo Supremo Electoral, y menos aún Presidente de ese organismo.

Esa amenaza y otras pantomimas que se han escenificado los últimos días en contra de la Alianza PLI, tienen su origen en la misma causa: el pánico que hay entre el Orteguismo por el ascenso de Fabio Gadea Mantilla. Lo que hasta hace pocos días era una intuición, que Ortega podía perder las elecciones, se ha venido convirtiendo en una certeza, y eso ha desatado el pánico.

Derivado de ese pánico están los esfuerzos desesperados para desestimular a los votantes. Pero entre más desesperación muestran, más crece la convicción entre los nicaragüenses que Ortega es derrotable, y en la medida que aumenta esa convicción aumenta también la decisión de salir a votar. Y contra la “montaña de votos” de que habla Fabio, no habrá fraude posible.