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Todos los días los medios de comunicación social están recargados de declaraciones vertidas por los jerarcas de la iglesia católica, en la que sin ninguna desfachatez los obispos opinan como agentes políticos del quehacer diario de la política nacional, éstos quieren incidir de manera sutil y subliminal en el voto del elector, para que final el voto se incline a favor del candidato presidencial que ya tiene consignado la conferencia episcopal.
La historia de Nicaragua acredita que las sotanas, en 178  años de vida republicana, han estado metidas hasta el cuello en los vicios de política. Esta ha sido una desviación de vieja data, que se arrastra desde de la colonia española y que siguió con la independencia, por ello no es extraño ver en las Cartas Magnas de los años 1826-1893 la presencia de la iglesia como institución religiosa que gozaba de grandes prerrogativas y privilegios en lo político, económico y social, al punto que muchos sacerdotes y obispos ostentaron cargos en el Estado, como gobernadores, regidores, mas con la revolución liberal de José Santos Zelaya, éste con la Constitución la Libérrima, los expulsó del Estado, regresándolos a los templos, diciéndoles zapatero a tus zapatos, es decir, que se dediquen a predicar la palabra de Dios, y que la política se la dejen a  los laicos.
Existen algunas agrupaciones partidarias que participan en esta contienda electoral que,  desde el punto político, son instituciones confesionales, sus candidatos de manera cínica y vulgar  han declarado públicamente que son Católicos, Apostólicos y Romanos, se manifiestan en contra de que se despenalice el Aborto Terapéutico, es decir, estos candidatos comulgan con los postulados de la iglesia católica que se opone tajantemente  a que las mujeres con riegos de partos, que las jóvenes menores de edad que fueron víctimas de una aberrante violación no  interrumpan el embarazo no deseado y que deben parir al hijo independientemente de la forma en que fue concebido.
Hemos escuchado, leído y visto las apasionadas declaraciones politiqueras de los obispos Leopoldo Brenes, Silvio Báez, René Sándigo, éstos están divulgando con bombos y platillos una Carta Pastoral en la cual enfocan su ideal de buen candidato. Empero los perfiles enumerados, no encaja en modo alguno, en la mayoría de los candidatos que anhelan ocupar la silla presidencial. Por ejemplo, Fabio Gadea Mantilla y otros, el primer perfil de respeto a la Constitución, primero tienen que haber ocupado la presidencia en un determinado periodo, pues respeto constitucional, sólo se comprueba estando en el ejercicio del poder político y de ninguna manera estando en la llanura.
El segundo perfil que sepa gestionar con responsabilidad relaciones internacionales de la nación. Cuáles de los candidatos puede probar que tiene esa capacidad de gestión.  Ninguno. Porque no han ostentando la primera magistratura;  Tercer perfil, elegir un candidato que tenga sensibilidad ante el sufrimiento de los más necesitado. Ese requisito sólo lo ha demostrado el candidato del oficialismo y no los candidatos de derecha, sólo basta revisar los 16 años, en que estos estuvieron en el poder; el cuarto perfil, ser respetuoso de los derechos humanos. Qué puede decir Fabio Gadea  y otros,  del respeto a los derechos Humanos, si no han tenido los instrumentos represivos del Estado, al contrario el candidato del PLI-UNE, en Miami, declaró que si llega al gobierno, violará los derechos humanos de los nicaragüenses, usando el ejército y la policía en casos de protestas.
El quinto perfil, que no tenga un historial de corrupción. Hay dos tipos de corrupción, el  autor directo y la persona  que  ve que se comete la corrupción, pero que por temor o cobardía calla, tanto aquél como éste, son igualmente culpables de corrupción. Cuando se vio a Fabio Gadea Mantilla denunciar a su consuegro Arnoldo Alemán por el latrocinio en que cayó durante su administración presidencial en el periodo 1997-2002. Nunca, por tanto el primero es tan corrupto como el segundo.
El sexto perfil, que sea firme en sus propias convicciones, que ponga adelante el bien común encima de los intereses de su organización o partido. Este perfil no lo llena ninguno de los candidatos, pues para acreditar el requisito, necesariamente el candidato debió  ocupar el cargo de la primera magistratura y así probar que mantuvo firmeza de principios y puso en primer lugar los intereses del pueblo, por encima de la organización o partido en que milita el gobernante, por ende ese perfil se demuestra no antes sino después.
Como se podrá observar, los perfiles de buen candidato, no son más que una vil y burda campaña proselitista, en que se han embarcado los jerarcas de la iglesia católica para favorecer ha determinado candidato presidencial. Por medio de la Carta Pastoral, dan a conocer sus preferencias partidarias, pretenden incidir y manipular  la conciencia  del pueblo, para que éste se incline a favor del candidato de los obispos, pero que por pusilanimidad y cobardía no mencionan el nombre del candidato y la organización política, para no quedar ante la sociedad al desnudo, de su hipócrita y amañada participación política en esta campaña electoral.

*Abogado y Notario Público