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En reciente artículo, Gioconda Belli reflexiona sobre sus antipatías y simpatías electorales y llega a la conclusión de que su candidato favorito es Fabio Gadea. La razón fundamental: que un gobierno de Gadea sería semejante al de Doña Violeta que, según ella, fue un gobierno tolerante, que no se subordinó a criterios partidistas, de amistad o de parentesco. Donde se escogieron a los funcionarios por sus capacidades. Un gobierno que se caracterizó por el respeto a la Constitución y las leyes.

Insondable es la profundidad de la amnesia histórica que padece Gioconda. Considerando los estragos que puede provocar su desmemoria en las personas que leen sus artículos, no puedo menos que asumir la responsabilidad de hacerle algunos recordatorios sustantivos sobre lo que realmente fue el gobierno de Doña Violeta.

1) A pesar de que Doña Violeta llegó al poder sustentada en una variopinta alianza ideológica, las pautas para la designación de funcionarios en su gobierno fueron: a) los tradicionales criterios de casta que en nuestra historia han prevalecido en los gobiernos del conservatismo oligárquico. Virgilio Godoy, vicepresidente electo, le cayó mal a la señora; Virgilio no era de su casta; arbitrariamente, no le asignó funciones, le negó acondicionamiento de oficina, y lo corrió del gobierno. En cambio, a contrapelo con la Constitución, nombró un primer ministro de facto que sí era de su casta. Su yerno, Antonio Lacayo, quien sin ser electo se convirtió en el hombre más poderoso del país. En los hechos, Nicaragua adoptó una forma monárquica de gobierno. Con una reina, Doña Violeta, que cumplía funciones protocolarias y de imagen pública, y un primer ministro omnipotente, Antonio Lacayo, quien concentró todo el poder.

b) La segunda pauta se derivó de la subordinación del gobierno de Doña Violeta a las directrices del Departamento de Estado. Violentando groseramente el resguardo de la soberanía consagrado en la Constitución, convirtió al Estado de Nicaragua en un protectorado colonial de facto. El Departamento de Estado tuvo jurisdicción para vetar nombramientos, exigir destituciones y colocar como supervisores a sus agentes en instituciones claves. Agentes del gobierno gringo estuvieron supervisando el funcionamiento del Ministerio de Gobernación y de Migración. Y la reestructuración de la Policía y el Ejército se realizó cumpliendo estrictamente las exigencias del Departamento de Estado.

c) La tercera pauta devino de la aplicación de la consigna de limpiar de sandinistas los ministerios. Cuando asumió el gobierno actual, en la mayoría de los ministerios se cambiaron los cuadros de dirección, pero salvo algunas excepciones se conservaron los cuadros técnicos y el personal de base. Por el contrario, en los ministerios de Doña Violeta se desató una verdadera caza de brujas contra los funcionarios sandinistas; si algunos se salvaron del despido fue porque Dios es grande y a veces también es misericordioso.

2) Igualmente, violentando la Constitución que establecía una economía mixta y orientaba priorizar la educación, la salud y el bienestar social, Doña Violeta instauró el más salvaje fundamentalismo neoliberal en la economía. Burócratas de AID, el FMI y el Banco Mundial fueron los auténticos rectores de la política económica. Se renunció al derecho de compensación económica conquistado en La Haya, por los daños materiales, morales y humanos que causó la guerra de agresión estadounidense; renuncia que se hizo mediante un procedimiento que no sólo fue inconstitucional sino también contrario al derecho internacional. Se inauguró la era de las orgías privatizadoras. Se privatizó la banca pública, abriéndose una vía de acumulación parasitaria que dio alas a la corrupción. Se privatizó el sector productivo estatal, resultado del gran esfuerzo inversionista de los años 80 (en esa década, Nicaragua tuvo la tasa de inversión / PIB más elevada de Centroamérica). En una danza de corruptelas, una inversión calculada en más de 800 millones de dólares (propiedad de toda la sociedad) se destrozó y dilapidó, y sus restos pararon en manos de compañías extranjeras, algunos advenedizos y miembros de la antigua oligarquía con distintas etiquetas (chamorristas o sandinistas), pero ubicados en los mismos clanes familiares. Se privatizaron los servicios estratégicos del Estado (energía, telecomunicaciones, seguros, educación, salud, y el agua en proceso), barbarizando las condiciones de existencia de nuestra fuerza de trabajo, sumiendo al país en el caos y la impotencia delante los caprichos de las transnacionales. Esta danza de las danzas fue la obra magna de Doña Violeta, nuestra Inmaculada Concepción.

3) Constitucionalmente somos un Estado laico. Sin embargo, Doña Violeta instauró un Estado confesional de facto, cuyas secuelas permanecen hasta hoy. Otorgó a la Iglesia Católica la facultad de nombrar a los ministros de Educación y de la Familia; elevó su protagonismo político a un nivel que retornó la sociedad a la altura de los 30 años conservadores del siglo XIX. Humberto Belli (hermano de Gioconda), un fanático con vocación de inquisidor, además de privatizar la educación conforme las directrices del Banco Mundial, obsesivamente reprimió las organizaciones magisteriales sandinistas, expulsó por decreto de nuestra historia a Rigoberto López Pérez, impuso la enseñanza de la religión en las escuelas públicas, colgó crucifijos en las aulas y obligó a los directores a tener una Biblia en su escritorio.

A pesar de su amnesia, la intuición de clase no traiciona a Gioconda, y acierta con el paralelismo que hace entre un posible futuro gobierno de Fabio Gadea  y el gobierno de Doña Violeta. Si Fabio Gadea llegase a la presidencia vamos a involucionar en tres aspectos fundamentales que hemos logrado avanzar con el gobierno de Daniel Ortega.

Primero. En lo mucho que hemos ganado en independencia política frente al poder imperial. Con Gadea vamos a retroceder al Estado de protectorado colonial de hecho que imperó de 1991 a 2006 (“la democracia”, en el lenguaje de la vieja y la nueva derecha).
Segundo. En lo poco que hemos progresado para superar el tutelaje del neoliberalismo ortodoxo. Con Gadea retornaremos al establecimiento de las formas más primitivas del fundamentalismo neoliberal.

Tercero. En lo poquísimo que hemos logrado respecto a la vigencia del Estado laico que mandata la Constitución. Con Gadea volveremos a los nombramientos por la Iglesia Católica de los ministros de Educación y la Familia.