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En 1917 Argentina estableció el “Día de la Raza”, como “homenaje a España y a su herencia inmortal”.  El término fue promovido por el ex ministro español Faustino Rodríguez (1913), siendo Fiesta Nacional de España, festejo de la Virgen del Pilar y descubrimiento de América. Desde 1918 fue parte de las conmemoraciones españolas con el nombre de “Fiesta de la Raza”, en 1958 se asumió como “Día de la Hispanidad”. Con igual título lo celebra Ecuador; Uruguay le llama “Día de las Américas”; Chile “Día del descubrimiento de Dos Mundos”; Venezuela adoptó en 2002: “Día de la Resistencia Indígena” (2002). En Costa Rica  era “Día del Descubrimiento y las Razas” (1968) cambiándolo por “Día de las Culturas” (1994). México y la mayoría de Centroamérica, la continúan llamando erróneamente: “Día de la Raza”. En Nicaragua (2008) el ex ministro de Educación profesor Miguel De Castilla, mediante acuerdo gubernativo la nombró “Día de la Resistencia Indígena” para ser celebrada así en las instituciones educativas, sin embargo no existe un decreto ejecutivo o legislativo que la redefina en el país. Diversas organizaciones indígenas, sociales y políticas del Continente han propuesto abolirla por cuanto afirman es “símbolo del avasallamiento de los derechos aborígenes”.

El 12 de octubre de 1492, año de la Reconquista de España al expulsar a los moros de Granada, se recuerda un acontecimiento histórico: Cristóbal Colón y su contingente de aventureros, al cruzar el océano “para llegar a la India”, desembarcaron, aunque no lo supieran, en una pequeña isla ubicada en lo que es hoy el Mar Caribe, iniciando la invasión, la conquista, la colonización e imponiendo por “mandato divino y real”, el idioma, la religión y el sometimiento a sus majestades los Reyes Católicos, con la consecuente resistencia indígena.  Es eso lo que debería recordarse, no lo que absurdamente se sigue llamando en muchos lugares (oficial y no oficialmente): “Día de la raza”. ¿De cuál raza hablamos si somos producto impreciso e inacabado de genes y culturas que nos han venido diferenciando? ¿Es acaso esto un asunto de pedigrí como en los animales domésticos?

Los seres humanos y particularmente nosotros somos una diversidad imprecisa; mezcla evolutiva de rasgos y caracteres genéticos y culturales, que van desde el color de la piel, la contextura y los perfiles físicos, el acento del español y las lenguas que hablamos, las costumbres, actitudes, gustos, tradiciones, creencias, mitos, supersticiones y hasta la fe asumida y que a veces, puede ser que nos detengamos a pensar, desde una sensación confusa, que son ajenos, pero que, habiendo nacido en estas circunstancias, entorno y época, terminamos aceptando y transmitiendo, al igual que las palabras aprendidas desde que nacimos.  Por nuestra sangre y memoria que aunque parezca olvidada, permanece grabada con tinta indeleble en el ADN físico y cultural evolutivo, en nuestros genes están con distinta intensidad y proporción, desde los indeterminados orígenes entre el Tigris y el Éufrates, el éxodo de Moisés, las historias de Homero, la mitología y la manera de comprender el mundo desde lo griego y lo latino, el cristianismo de sus primeros siglos, los traumas de la reforma protestantes con sus variaciones posteriores, la decadencia de Roma, las conquistas musulmanas, la reconquista de España, la inquisición,…  El esplendor y la decadencia Maya, el avance de los náhuatl en los límites donde dijeron: “hasta aquí llegamos: Nicaragua”, los ritos, ceremonias, costumbres y creencias precolombinas, la veneración por Quetzalcóatl –la serpiente emplumada-, los mexicas, la caída de Tenochtitlán, la conquista española, el exterminio,  el sometimiento, el comercio de los esclavos negros arrancados de África, la encomienda, el colonialismo y la independencia, la herencia colonial y criolla, los conflictos internos, el providencialismo, el caudillismo, las guerras, dictaduras e intervenciones, los gobiernos autoritarios, los golpes de estado, la exclusión, el capitalismo, las revoluciones, la tecnología, la globalización… La comida, la música, la literatura, el arte, los refranes, los miedos, los traumas, la manera de vestirse y vivir, nuestra comprensión del mundo, de la política, de la sociedad, de la familia, de lo conocido y desconocido.

América Latina y Centroamérica, aunque estamos al Occidente del meridiano de Greenwich, no somos “occidentales” en el sentido cultural ni “racial”, tenemos diversidad de identidades; lo racial “no es puro”, sino impuesto y artificial en las heterogéneas comunidades originarias, orientales, blancas, mestiza, ladinas, mulatas, zambas o negras...  No somos simplemente “mestizos”, nuestras combinaciones son complejas, la errónea homogenización no tiene consistencia genética ni cultural, es un etiquetamiento sociopolítico discriminatorio, excluyente, constituye la base del racismo y la xenofobia.
Raza se refiere a los grupos en que se “subdividen las especies biológicas, a partir de características que se transmiten por herencia genética” (s.XVI, biología). El Congreso Internacional de Botánica (1905) eliminó el valor taxonómico de raza aunque su uso se mantiene en el lenguaje cotidiano y para los animales domésticos.  La opinión mayoritaria afirma que para el ser humano su uso es inadecuado; siendo apropiado utilizar etnia o población. Algunos insisten en utilizar raza porque “define a personas que comparten ciertos rasgos anatómicos diferentes a otros individuos de la misma especie”, mientras que etnia y población se refieren, la primera a características culturales, y la segunda, a características geográfica. Expertos de UNESCO (1967) promulgaron una declaración que enfatiza: i) los seres humanos pertenecen a la misma especie y descienden del mismo tronco, ii) la división de la especie humana en razas es convencional y arbitraria, no implica jerarquía,  y iii) El conocimiento biológico no permite imputar logros culturales a diferencias genéticas; se atribuyen a la historia cultural de los pueblos.

¿Qué es ser americano? –aclaro no digo estadounidense-, ¿Qué es ser centroamericano o nicaragüense? Es una construcción jurídica, social, cultural y política evolutiva y heterogénea. Encontramos diversidad de estructuras sociales  por el agregado de tantos grupos durante los acontecimientos humanos y particulares en esta parte del mundo.

Venimos y vamos desde el origen común hasta la complejidad que aleja y parece que nos vuelve a juntar.  No podemos ser catalogados bajo criterio tradicional e inaceptable de “raza”. El término anticuado de: “Día de la Raza”, enfatiza una “raza blanca” y una “indígena” que se “funden y crean una nueva identidad producto del encuentro y fusión de los pueblos originarios del continente americano con los colonizadores españoles”. Hay una gran imprecisión ofensiva, ¿quizás por ingenuidad o será por preservar los remanentes ideológicos que justifican el neocolonialismo?

Influencias genéticas y culturales Griega
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Nahual
Judío – cristiana
Nicaragüense
¿Quiénes somos, quién soy?
Chorotega
Nagrandano
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