Jorge Eduardo Arellano
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Algo inimaginable de pronto se convirtió en una pesadilla de larga duración. “Churecazos” y “basurazos”. La ciudad de Managua, con sus calles pestilentes, navegando en basura y con las moscas y mosquitos celebrando la inmundicia en que la sumió un señor de apellido Narváez, del Movimiento Comunal del Distrito II, luchando -–según lo expresado por él-- por los “derechos humanos de 1,600 neochurequeros” a quienes les llega la basura “peinada”. Cierto es que ellos realmente necesitan un medio de sustento, desgraciadamente no son los únicos. Prueba de ello, es que existe un ejército de chatarreros ambulantes que “peinan” el material reciclable y no raras veces, algo que les sirva de alimento. No olvidemos a los chatarreros de camioneta, bien equipados, con parlantes y balanzas, que compran de casa en casa los electrodomésticos ya descartados. Ante estos hechos, no se justifica en nada “esa lucha” que impida el paso de los camiones de recolección, y más deplorable aún, la amenaza de quemarlos para dejarnos a merced de enfermedades a más de un millón doscientos mil managuas. Lo escalofriante de esta pesadilla es llegar a la conclusión de que a nuestras autoridades gubernamentales no les interesa en lo mínimo la salud de la población, ni la armonía que tanto necesitamos para lograr una verdadera reconciliación. No es justo que la ciudadanía, y en especial la niñez, paguen las consecuencias por un capricho de ese señor Narváez o de quien esté detrás de todo este embrollo. El boicot no es para Nicho Marenco, el boicot es para los habitantes de Managua.

Se envían los camiones recolectores a los botaderos de Nindirí, pero allá van los “neochurequeros” en buses cómodos, muy bien alimentados a “runguear” a Nindirí. El objetivo --dice el Señor Narváez-– “es doblarle el brazo a Nicho”. Entonces, ¿qué pasó con el argumento de los derechos humanos? ¿Es el brazo de Nicho o los derechos humanos? Según tengo entendido, los churequeros tradicionales, o sea, los que viven y comen de su trabajo en La Chureca, no se han involucrado en este problema, porque se tiene un proyecto especial que les garantizará el trabajo a largo plazo. No es la Alcaldía de Managua la instancia a quien le corresponde la creación de nuevos empleos; sin embargo, hay preocupación por mejorar la calidad de vida de estas personas con menos recursos. Igual alternativas existen más allá de “La Chureca” para estos “neochurequeros” que les permitan un trabajo digno. (Ver Arnulfo Urrutia – Chiquilistagua).

La acusación a la Alcaldía de ineptitud e incapaz, no fue más que un triste espectáculo, lejos de toda credibilidad. Lo que sí quedó al descubierto es que el ingeniero Dionisio Marenco no solamente es grande en estatura, sino también en valores morales, en responsabilidad y en el cumplimiento de las tareas que ha sabido asumir como Alcalde de Managua y para todos los managuas, lo que le ha permitido lograr muy buena reputación en la opinión pública. A mi juicio, con todos los problemas que le han sido creados, el ingeniero Marenco ha demostrado ser muy superior a todos los que aspiran ser “churequeros” profesionales, y no por necesidad económica, sino por convicción. Permítanle terminar su período en paz, porque todavía le queda mucho por hacer. Ya veremos qué es lo que puede hacer el próximo alcalde. Por mi parte, sólo resta darle mi profundo agradecimiento a este hombre y a su equipo de colaboradores, que en medio de turbulencias han invertido mucho esfuerzo no sólo para mantener limpia la ciudad, sino para mejorar el servicio de recolección. ¡Los camiones aquí en la Colonia “Máximo Jerez” hicieron recorrido diario durante toda la Semana Santa! Esperamos que tanto el Minsa como la Policía Nacional tomen en serio su responsabilidad en favor de la ciudadanía.