Jorge Eduardo Arellano
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El 7 de abril se celebró, en todo el mundo, el Día Mundial de la Salud, promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OMS), el Sistema de Naciones Unidas y un conjunto de movimientos de la sociedad civil. Cada año se le dedica un tema especial, Madres y Niñez Sana, Salud en el Trabajo, Salud Mental, Crisis Mundial del Personal de Salud, Seguridad Sanitaria Internacional, entre otros.

Este año el tema es “Proteger la Salud del Cambio Climático”. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático define a éste como “un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante periodos de tiempo comparables”. Esas actividades humanas que alteran el clima son múltiples, el consumo de energía, el uso de combustibles fósiles, deforestación, destrucción de suelos. La refrigeración, aire acondicionado, aerosoles, el uso de vehículos, los desechos sólidos y líquidos, y las emisiones de gases que lanzan las empresas nacionales e internacionales.

Estos cambios climáticos han estado afectando en los últimos años una serie de ámbitos de la vida planetaria, nacional, comunal, familiar e individual; los ecosistemas marinos y terrestres se han alterado, fuerte variabilidad climática (heladas, olas de calores), ascenso en la aparición de desastres naturales (inundaciones, sequías, desertificaciones, lluvias incontrolables, maremotos), aniquilación y extinción de los recursos forestales y ambientales (bosques, fauna, depósitos de agua), aumento en la crisis de seguridad alimentaria (falta de alimentos y agua), incremento de enfermedades infecciosas, respiratorias y de todo tipo (diarrea, malaria, dengue, entre muchas otras); crecimiento de los índices de mortalidad, morbilidad y deterioro de la calidad de vida de todos los seres vivientes. Además, generan desplazamientos demográficos, pérdida de las producciones agrícolas, destrucción de la infraestructura económica, conflictos sociales y comunitarios
Toda la humanidad es afectada con estas alteraciones socio - ambientales, pero quienes más sufren y reciben los impactos directos son los más pobres, quienes viven en condiciones de vulnerabilidad, los excluidos de los servicios sociales, con bajos o nulos ingresos y con amenazas permanentes de ser violentados en sus derechos humanos.

Frente a esta problemática global todos tenemos una responsabilidad; los Estados deben firmar, ratificar y cumplir con las convenciones internacionales en materia de cambios climáticos y derechos ambientales, las empresas y los megacapitales erradicar sus formas de producción, las industrias deben detener sus emisiones de gases y eliminar las formas de comercialización agresivas de los recursos naturales, el sistema de justicia aplicar sin discriminación las leyes ambientales, no se puede privar de libertad a un campesino que corta una raja de leña para cocinar y comer, y dejar en libertad a un depredador de centenares de hectáreas de bosques.

Los Gobiernos Municipales deben fortalecer los procesos de formulación e implementación de Políticas Locales de Gestión del Riesgo y Programas Ambientales, y velar para que se ejecuten y monitoreen con amplia participación ciudadana. Las organizaciones y movimientos sociales deben colocar estos temas como parte de la agenda social y la demanda ciudadana en la búsqueda de una aplicabilidad efectiva de los derechos individuales y colectivos.

El Gobierno Central debe continuar avanzando en el mejoramiento del sistema de salud público para que todos los programas que se ofrecen sean gratuitos, de calidad, pertinentes, incluyentes, preventivos y proteccionistas de los riegos derivados de los cambios climáticos, para que todas las personas gocen del derecho humano “al nivel más alto posible en salud”.

La OPS y OMS están movilizando a nivel internacional dos tipos de respuestas: mitigación y adaptación. “La primera se define como una intervención para reducir las fuentes o sumideros de gases de efecto invernadero y en salud pública es un asunto de prevención primaria, la cual ayuda a prevenir la aparición de lesiones o enfermedades. La mitigación es reducir, retrasar o evitar impactos. La segunda se define como el ajuste en el sistema natural o humano a un sistema nuevo o cambiante en respuesta a estímulos climáticos o sus efectos. La respuesta debe provenir de la sociedad civil, industria, gobierno y otros sectores, requiere hacerse de una manera intercultural y aumentando la concienciación de los ciudadanos”

¿Y vos qué vas a hacer? ¿te vas a quedar pasivo?, o te vas a convertir en un agente de cambio, en una fuente de sanación de la tierra. Los millones de habitantes del hemisferio azul y de este triángulo centro de las Américas debemos adoptar nuevos estilos de vida, patrones de comportamiento individuales; como producir con métodos amigables con la naturaleza, no usar en nuestra vida diaria contaminantes y destructores de la capa de ozono, reciclar y reutilizar la basura en nuestros barrios y casas, asumir hábitos de consumo de alimentos naturales y no comida “chatarra”, practicar diariamente ejercicios, ahorrar energía, vivir no para consumir, sino para crear y liberar.