Jorge Eduardo Arellano
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Están bajándose los humos de la guerra civil por la basura. Surge a la vista un detalle delicado.

Si fuera solamente por mi persona no me importaría esa pancarta, la cual ostentaron los churequeros y la cual pasó por todos los canales de televisión. Esta pancarta tenía mi cara, dibujada con destreza sospechosa bajo la cruz gamada de los nazis, añadiéndome un apellido de una de las figuras más odiosas y acerosas del fascismo alemán.

Si sólo fuera por mi persona, no me importaría, porque conozco a este pueblo nicaragüense, generoso, el cual siempre ha tenido una recepción y fraternidad calurosas hacia mí, como nicaragüense nacionalizado de origen alemán.

Si sólo fuera por mi persona, no me importaría, porque también queda claro que esta infamia no era obra de los churequeros mismos, sino de alguien que tiene suficiente conocimiento político e histórico, y suficiente alevosía ideológica.

Sin embargo, a todas luces no se trata aquí de mi persona. El asunto es delicadísimo, porque aquí es directamente responsable mi partido, el FSLN. La implicación mal disimulada de sus altos personeros como promotores del acoso a la Limpieza Pública de la Alcaldía está señalada por todo el mundo, principiando por la gente común en la calle y terminando por los conocedores más íntimos a alto nivel. Tampoco se ha desmentido públicamente nada.

Para colmo, todavía sale mi presidente con un ¡Yo fui! con respecto al amarre de la Policía y la total suspensión del Estado de derecho. A confesión de parte relevo de prueba. Dice que no pudo agredir al pueblo. Que conste: Algunos 100 esquiroles insidiosos y delictivos en la entrada de la Chureca, los cuales tampoco representaron a los churequeros, sí, son “pueblo”. Los trabajadores agredidos de la Alcaldía, incluyendo los militantes sandinistas, y los 2 millones de managuas, los cuales se asfixiaron en la basura, con una epidemia a la vista, parece que no son pueblo. ¡Mi respeto, comandante!
Es obvio que esta pancarta se trataba de una estrategia, jugando a primitivos instintos xenofóbicos y retrógrados, al mejor estilo exclusivo por excelencia, precisamente de los nazi-fascistas alemanes, mismos y de toda ultraderecha y política reaccionaria en el mundo. El objetivo era discriminar a mi persona frente a la ciudadanía y frente a los trabajadores como director de la Limpieza Publica y así romper la unidad, que estaba respaldando al alcalde Nicho Marenco, un intento que salió meticulosamente por la culata.

Bajo esta cruz gamada, el fascismo alemán masacró miserablemente a millones de personas progresistas de toda ideología. En total murieron 55 millones de seres humanos y en primer lugar aquellos cuyo legado humanista nos hizo más tarde acudir en ayuda a la Revolución Popular Sandinista. Aquí millones de personas en el mundo con pensamiento internacionalista tendieron su mano a este pueblo y a su vanguardia de entonces. Estamos hablando de una abuelita que sacó su último centavo para una colecta, pasando por miles, a los cuales no les importaba trabajar sacrificadamente aquí en Nicaragua, hasta gratuitamente, y canalizar lo que sea y donde sea, para esta causa noble, para llegar hasta los muertos, los cuales pusimos en esta tierra, entre aquellos también algunos alemanes, que conste.

Nací en un país con un grado elevado de xenofobia, lo que constituye una de las razones por las cuales se me hizo fácil no volver nunca jamás en los últimos 25 años. Encontré mi segunda patria aquí como ciudadano de Nicaragua. Conozco bien este juego sucio de la derecha con la xenofobia y nos enfrentamos a ella --en mi primera patria--, muy en especial a aquella bajo este signo de la cruz gamada, tragándonos los gases lacrimógenos y los golpes en la calle. Defendimos sin condición alguna a nuestros compañeros y colegas extranjeros, casi todos tercermundistas, los cuales eran turcos, palestinos, vietnamitas, etc., y no por último muchos latinos – también algunos nicaragüenses.

Eran, sin duda alguna, personeros y personeritos de mi partido, quienes se creían muy astutos con introducir la xenofobia con esta pancarta. Han sido campantemente capaces de escupir con este insulto a todos los mártires y héroes de la resistencia antifascista y a la resistencia alemana en especial. Escupieron con esto a todos los internacionalistas y a los amigos en el mundo, quienes hemos dado la mano a este país cuando necesitaba nuestra solidaridad bajo el acoso guerrerista del imperio. Ponen en entredicho a toda la solidaridad internacional que hubo para Nicaragua Libre, y el sentido antiimperialista de la Revolución Popular Sandinista, por querer promover la xenofobia y por tergiversar el sentido histórico de este símbolo nefasto de los genocidas nazis. Si mi persona merece semejante insulto e irrespeto, entonces todos mis iguales, quienes juntamos solidariamente al pueblo nicaragüense, también.

¿Ustedes, estos personeros de mi partido, y usted también, Excelentísimo Señor Presidente, es así como nos pagan, con xenofobia derechista, insultando a nuestros mártires? ¿Es para eso que hemos venido aquí a esta tierra? ¿Qué pasó con el internacionalismo proletario, con el cual ustedes se llenaron la boca en aquellos tiempos y del cual ustedes han recibido todo y al cual han dado casi nada? ¿Que pasó con la ternura de los pueblos, con esta expresión, con la cual les gustaba tanto vanagloriarse y adornarse?
A mí, como ciudadano nicaragüense, como militante sandinista, como internacionalista y, sobre todo, como antifascista con origen de Alemania, a mí qué rayos me impide pensar ahora que ustedes se han cruzado definitivamente al lado oscuro. Porque en cualquier partido del mundo, que tenga aún solamente un ápice de orgullo de izquierda, semejante expresión y acción tendrían por consecuencia la expulsión inmediata de los miembros responsables y una rotunda condena pública de la fechoría. Quien es capaz de manosear la consciencia pública de manera tan despreocupadamente reaccionaria y desconsiderada, de éste difícilmente se puede pensar que una vez haya tenido una base sólida revolucionaria de izquierda.

El churecazo ha sido la hora más negra y el punto mas bajo en la historia del Frente Sandinista.

A mí y a los centenares de miles de militantes Sandinistas desilusionados nos toca ahora reflexionar sobre en qué consistió está profundísima ilusión. Esto es un primer gran paso para volver a las raíces de nuestra causa.


*Director de la Limpieza Pública, Alcaldía de Managua