Jorge Eduardo Arellano
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Tal como lo había prometido la semana anterior, así inició su plática el de Masatepe: He estado leyendo las ejemplares reflexiones que sobre diversos tópicos ha estado publicando el Comandante en Jefe Fidel Castro, sacando de una cada vez más derrotada adversidad personal, como es la de su salud, un provecho intelectual para la colectividad: Historia ante la Historia. Pues en verdad que su convalecencia y evidente recuperación han tenido como eficaz terapia y prueba de vida sus escritos. Fechados rigurosamente con día y hora, como si de partes militares se trataran, tienen la amenidad y sencillez, sin subterfugio alguno, del testimonio de un escritor --testigo ocular-- erudito por sus años de lectura e invaluables experiencias personales. Antivanidosos, son la clara y concisa expresión literaria de un hombre apasionado, apasionante y veraz, y por lo mismo ético. Un hombre que no puede evitar ser un obligado punto de referencia del siglo anterior y de lo que va del presente, por la responsabilidad que ha tenido en el proceso revolucionario de Cuba y en ese contexto su indeclinable e inamedrentable posición ante el Imperio, con sus agresiones y bloqueos, que ha derivado en una épica lección de tenacidad y valentía, junto con todo su pueblo, para el mundo.

Un mundo amenazado por siniestras mentalidades en el poder, capaces hasta de fraguar y presupuestar futuras guerras contra el espacio exterior, no bastándoles con las tierras arrasadas de la actualidad, ni el que por ello su poderío económico se esté yendo a pique. Un mundo globalmente recalentado, en ebullición política y económica, y ecológicamente camino de la extinción. Las campanadas de alerta de los horrorizados investigadores del mundo, entre ellos norteamericanos verdaderamente patriotas y conscientes, no se oyen en la Casa Blanca, pero si las escucha un supuestamente moribundo Fidel, que por su lucidez hace pensar que los muertos que mata el imperio gozan de buena salud y sin temor enarbolan la verdad como pendón. La verdad que es la antítesis de las mentiras de Bush, como cuando inventó la existencia de armas de destrucción masiva como pretexto para desatar la despiadada guerra contra Irak, y apoderarse de su petróleo. Cinco años después de que Bush iniciara esa guerra, han caído cuatro mil militares norteamericanos, y aún demostrada aquella y otras mentiras que le siguieron, campantemente dice estar dispuesto a continuar esa masacre sin sentido para la humanidad, y por lo mismo repudiable. ¿Querrá superar la cifra de más de cincuenta mil caídos norteamericanos cuando la guerra de Vietnam? ¿De obtener la presidencia de los Estados Unidos John McCain, el candidato republicano, continuaría esta guerra? James Carter se vio en la necesidad de desmentir la afirmación de McCain de que Cuba es una amenaza para los Estados Unidos por su capacidad de producir armas biológicas. ¿Armas de destrucción masiva y armas biológicas: nos recuerdan algo? Claro que sí, pues es una evidencia de que al menos en lo que a mentiras se refiere, las mentalidades de Bush y McCain son gemelas. James Carter demostró que la afirmación de McCain era ridícula y Fidel sobre el mismo tema dijo: “Nadie que se estime a sí mismo comete tan grave falta de ética.” Porque para Fidel la ética tiene, como debe ser, un valor inconmensurable.

Todo esto lo aborda Fidel en sus reflexiones, zarandeando pasado y presente al establecer la continuidad del uno en el otro, como causa y efecto, específicamente en sus escritos sobre “El Candidato Republicano” John McCain. Análisis muy oportunos en estos días de nominaciones presidenciales en Estados Unidos y en los que la guerra contra Irak cumple cinco años de desangrar a ese país y al país invasor, a cuyo gobierno, al parecer, le parece que cinco años no es nada, pues ha pedido mayor presupuesto para continuarla. Es como si a una macabra niña de cinco años, hija suya, Bush le celebrara su cumpleaños y nos invitara a todos a cantarle el Happy Birthday. No tiene necesidad Fidel de prevenirnos sobre la ignominia que significaría asistir a la fiesta de Bush, y prefiere concentrarse en la personalidad de alguien que, en el remoto caso de acceder a la presidencia de Estados Unidos, sería como el sucesor espiritual y mental del actual presidente: “El Candidato Republicano” John McCain. Los candidatos demócratas, Obama e Hillary, tampoco parecen proclives a continuar la fiesta de Bush. En cambio Caín parece andar en busca de Abeles y sería la continuidad de la muerte para los hijos de Lincoln, Jefferson y Washington. Una lectura apasionada de la vida de estos tres grandes norteamericanos, los volverían terroristas a los ojos de Bush y McCain, quienes junto con Dick Cheney, abogan porque esta guerra continúe. De momento, treinta mil heridos norteamericanos escuchan las trompetas de guerra de los poderosos sin conciencia, como en un maratón de sicópatas.

luisrochaurtecho@yahoo.com
Jueves, 10 de abril de 2008