Jorge Eduardo Arellano
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Éste es uno de los hombres que pare la historia cada 1000 años, difícil de adjetivar su conducta, estadista sin comparación, consecuente, algunas veces duro y miles equitativo, yo me pregunto cuan difícil puede ser estar en los zapatos de un Fidel Castro que ha marcado la ya cerrada historia del siglo XXI
“A Fidel Castro se le ha encanecido el cabello y la barba, pero no la mente”, escribía Mario Basquez Raña, el 10 de diciembre de 1991. Es impensable escribir la historia de estos últimos tiempos sin el singular nombre de FIDEL CASTRO, tal como él mismo lo dijo alguna vez en una de las miles de entrevistas que le ha dado tanto a la prensa nacional como a la prensa extranjera. “No puedo negar que he jugado un papel relativamente importante en la historia de mi país, he vivido una experiencia internacional, tampoco lo puedo negar. He aprendido muchas cosas en estos años de revolución. Creo que algunas podrían ser útiles. Me gustaría recordarlas por su utilidad y no por la vanidad de quien pudiera haber podido vivir de todas esas experiencias”, dijo.

El líder, capaz de arrastrar con su sola presencia multitudes que le confesan cabal adhesión y reconocen su protagonismo en momentos cruciales como la Crisis de Octubre, la derrota de los mercenarios en Bahía de Cochinos o la rectificación del rumbo revolucionario en momentos de recesión económica, acostumbrado a dormir en sus mejores tiempos no más de cinco horas diarias y trabaja habitualmente de noche y madrugada sin que conozcamos a ciencia cierta el detalle más entrañable de su vida privada, sin que hayamos visto nunca una foto suya en un momento de ocio; siempre puesto el uniforme verde olivo y las botas militares en señal firme y disposición para el combate.

Si la leyenda se tradujera en dar confianza a un pueblo en momentos en que necesita ardor y seguridad para asumir una situación nueva y peligrosa, Fidel es, sin el menor reparo, el héroe legendario que le enseñó al pueblo cubano a enfrentar cada día el bloqueo impuesto por Estados Unidos hace casi medio siglo las amenazas de un período de transición que la camarilla del presidentes norteamericanos se han empeñado en anunciar al mundo el derrocamiento de la Revolución cubana; pero además el patriarca capaz de promover en el ánimo de su pueblo el interés por el ahorro de energía con el mismo fervor que lo convoca a entregar hasta la última gota de sangre por la dignidad conquistada.

Es por ello que esta decisión digna de un estratega, de un estadista que sabe retirarse a tiempo le da más realce a su figura, esta decisión que tomó por sorpresa a muchos hace vibrar al mundo.

Este Fidel, que es mucho más que un compañero. Definirlo no vale. No se puede abarcar lo inabarcable. Pero hay que tener presente que ese amor cuya fuerza le ha movido siempre se multiplica en los millones en quienes se revierte. Y que, quiéralo o no, estará su nombre en la historia y seguirá siendo siempre para muchos el Comandante en Jefe, porque no es cargo que alguien le diera, sino grado ganado en miles de combates, físicos o ideológicos, en la batalla permanente de su vida desde que empezó a ser el joven universitario rebelde de Santiago. Y, ciertamente, no prendió fuego a la casa en su primera rebelión. Le prendió fuego al mundo para acabar los males e injusticias, y sus ideas seguirán ardiendo como la llama eterna que se prende a los héroes.

Es justo darle las gracias por advertir lo difícil del camino y la necesidad del esfuerzo inteligente de todos con el ejemplo voraz del que enseña haciendo. Gracias también por alertar sobre el peligro de las sendas aparentemente fáciles de la apologética, o la autoflagelación como antítesis. Gracias por sugerir la conveniencia de prepararnos siempre para la peor de las variantes. Gracias por esa recomendación exacta: ser tan prudentes en el éxito como firmes en la adversidad, a muchos pueblos del mundo le fue útil he inspirador tu ejemplo y tus consejos.

jorge_lacayo@hotmail.com