Jorge Eduardo Arellano
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La Calidad de la Educación, en el país, es un tema del que mucho se habla pero con pocas medidas prácticas. Cada momento histórico y contexto del país han reclamado el tema con enfoques diferentes, pero con poca voluntad política de concretarlo. Efectivamente, la Calidad de la Educación se ha venido definiendo y comprendiendo en diferentes momentos históricos, desde perspectivas diferentes y específicas relativas al conjunto de intereses ideológicos, económicos y sociales existentes.

Este año el Ministerio de Educación ha lanzado el reto de la calidad, una vez que el proceso de universalizar el acceso avanza. El Modelo de Calidad de la Educación que plasma esta intencionalidad es todo un sueño, una visión a largo plazo, idea rectora que, como columna vertebral, deberá cruzar la formación de maestros y maestras en las Escuelas Normales, bajo un nuevo paradigma de investigación, experimentación, creatividad e innovación educativa. En esencia, el Instituto Ideas dinamizaría la formación docente desde las nuevas coordenadas de la transformación educativa, con procesos de experimentación e innovación pedagógicas, inspirados por la investigación educativa. Cada Escuela Normal se constituiría en centro difusor de este nuevo accionar hacia un grupo de escuelas primarias nucleadoras de esta transformación de la calidad, las que incidirían en mejorar la calidad del tendido nacional de los centros de Primaria.

Vale la idea de un Modelo de Calidad de la Educación como un punto de partida, pero aún falta mucho trecho para convertirlo en un auténtico modelo de calidad que supere los reduccionismos históricos, con los aportes de distintos sectores que lo enriquezcan. Para hacer de él un modelo accesible, factible y efectivo, muchos procesos se han de poner en camino, para evitar que quede en mera utopía. Su discusión en universidades, el Mined, organizaciones, instituciones, empleadores, familias, maestros y educandos, posibilitará que el modelo se conforme como una construcción social de la que todos se sientan autores responsables, con auténtica conciencia y compromiso por la calidad.

Un primer paso en la construcción del modelo requiere formular un concepto de calidad concertado, contextualizado e integral que posea los atributos imprescindibles. Ello, por supuesto, será posible si se toman en cuenta diversas aristas que ha de tener el concepto de calidad: La calidad en el diseño o de las características intrínsecas de la educación, la calidad en el proceso o conjunto de maneras de proceder o de hacer, y la calidad centrada en el resultado o satisfacción de los beneficiarios.

En respuesta a estos criterios de necesidad son muchas las interpretaciones que se han dado por especialistas, países y actores sociales al tema. Una de ellas es considerar la “calidad como excepción”, algo especial, exclusivo, de excelencia, propio sólo de algunos (elitista). Otra es la “calidad como perfección o mérito”, basado en que los centros educativos hagan bien su trabajo y promuevan una cultura de calidad. Desde otra visión se habla de “calidad como adecuación a propósitos” en tanto los resultados responden a los fines y objetivos planteados; otra visión contempla la “calidad como producto económico” interesado en la relación costo-resultados; para otros cuenta la “calidad como transformación o cambio” centrando el interés en la evaluación y mejora del rendimiento y el desarrollo organizacional. Para otros la calidad se centra en dos perspectivas: la axiológica referida al potencial humano del sistema educativo y la perspectiva del mundo de la vida, en tanto capacidad para transformar las ideas en realidades beneficiosas para la educación. Estos diversos énfasis ponen de manifiesto el carácter complejo y multidimensional del concepto y los riesgos que hay de sesgar el Modelo.

El concepto de Calidad de la Educación posee atributos que han de tomarse en cuenta en el Modelo, como fundamento conceptual integral. Es un concepto relativo, subjetivo, impregnado de valores, complejo y ambiguo. Desde su relatividad se define desde una perspectiva multidimensional; por su carácter de subjetividad responde al sistema de valores, cultura, ideología e intereses sociales. Su variabilidad indica que es un concepto dinámico que evoluciona en la historia y sus valores. Por su diversidad, la calidad se refiere a múltiples aspectos del proceso educativo, y tiene un carácter plural. Desde la temporalidad de largo plazo, es cuestión de largo aliento y puede exigir cambios radicales en las prácticas establecidas. Su carácter es sustantivamente político en contra de visiones heredadas de la gestión empresarial, que la plantean como un asunto simplemente técnico. La calidad puede enfocarse desde una postura del producto a obtener o de los procesos que involucra, siendo lo mejor una síntesis ecléctica.

Los conceptos de Calidad más comunes pivotan sobre algunos ámbitos, aunque lo acertado será tomar en cuenta la integralidad de todos ellos. Así, algunos ven la calidad referida a la calidad de las personas como sujetos; otros al desarrollo de la personas, de sus capacidades y oportunidades; otros se refieren a la dimensión de la educación como acción educativa sistematizada e intencionada; a la pertinencia comunitaria y social; al desarrollo económico, social, político y cultural, a la inserción soberana del país en la competitividad internacional, y al desarrollo científico y tecnológico.

Por último, esta complejidad de la Calidad ha de llevar a un Modelo de Calidad Total complejo e integral que conecte, en términos prácticos, con la triste realidad que vive la educación desde el centro educativo, estableciendo indicadores y estrategias que, a partir de una línea de base, posibiliten superar errores y determinar avances y retrocesos en este proceso infinito de lucha por la calidad de la educación, lo que exige montar un Sistema de Evaluación Integral. En definitiva, la Calidad ha de ser una actitud, un compromiso de todos, en todos los ámbitos y para todos.