Jorge Eduardo Arellano
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Parece que no basta morir como está previsto por las leyes de la naturaleza y que nuestro cuerpo se convierta en cenizas que descansen en paz en cualquier parte de este mundo. Ya se lee la publicidad que a partir de 2009 le podremos dar un sentido original a este traspaso mortal estableciendo esta vez como última morada la superficie lunar. Quien propone la iniciativa es la sociedad “Celestis”, que en colaboración con la NASA pide por la operación alrededor de diez mil dólares. No nos basta la tierra habitada por los hombres y mujeres para darle un sentido a nuestra existencia y no nos basta la tierra como última morada. Ahora, para quien se lo podrá permitir, sus restos podrán ser transportados en una pequeña cápsula para realizar un viaje estelar, a sabiendas que mientras cumple este viaje reducido en cenizas y sin conciencia, miles de seres humanos mientras tanto están muriendo simplemente por hambre. ¿Qué sentido puede tener todo esto si quien lo hace no tendrá ni siquiera la alegría de la curiosidad y del descubrimiento de un nuevo viaje? Pareciera confirmar, más que nada, que vivimos en una sociedad sin sentido.

La luna ha sido por milenios la fuente de inspiración de poetas y escritores. Es mirando la luna en medio de un cielo estrellado que nos sentimos un todo con el universo y el creado y es el momento de pacificación y contacto con nuestra interioridad. Imaginarse ahora que en la luna terminan cenizas encapsuladas de espíritus errantes que no encontraron un sentido a su vida en la tierra, es desolador. Es como imaginarse que también la cercanía a las estrellas se compra, que está todo en venta.

Y de hecho, estamos tan acostumbrados a comercializar todo, que no nos sorprendería si dentro de algunos años mandáramos a la luna no sólo nuestras cenizas, sino también la basura, las sustancias tóxicas y todos los detritos que están demás en nuestras sociedades consumistas. No nos bastará contaminar la tierra, iremos más allá. Continuaremos a crear cementerios en medio al universo porque la tierra la sentiremos demasiado limitada a nuestra avidez de espacio y posesión. Proliferarán cada vez más las sociedades del provecho que promocionarán nuevas vías de conquista de mundos nuevos donde poder invertir o colocar lo que en el planeta tierra, hecha por hombres y mujeres, no se quiso compartir. Sociedades como la “Celestis”, cuyo nombre es de por sí significativo, crecerán como hongos.

Las cenizas humanas en la luna comportan una pregunta aún más profunda porque es una reflexión sobre nuestros puntos de referencia, que no son sólo humanos, hecho de relaciones y afectos, sino también físicos que dan un significado simbólico a nuestra colocación en un espacio temporal definido. Encontrarse a vivir en una sociedad tan mutante como la nuestra, donde los puntos de referencia sea humanos o físicos, cambian cada vez más, nos crea un sentimiento de desconcierto en un universo que no nos parece más el nuestro.