•  |
  •  |
  • END

Sabemos por diversas fuentes, en relación a la Antigüedad grecolatina, que los libros estaban bastante extendidos en Grecia antes de las postrimerías del siglo V, y que durante el tiempo en que se practicó la transcripción a mano de los libros el procedimiento normal y común fue la copia y no el dictado.

Esto lo prueban las representaciones de manuscritos griegos, latinos u orientales que muestran al amanuense escribiendo con su modelo delante. La propiedad intelectual, tal cual hoy la entendemos, no existió entre los antiguos. Los autores se procuraban algún beneficio pecuniario, dedicando sus trabajos a algún potentado. Otro procedimiento para la difusión de las obras fue su recitación en público. La forma más conocida del libro en esta época histórica fueron las tablillas (de madera, arcilla, mármol, etc.)
Durante el periodo de la Alta Edad Media la cultura pasó a ser patrimonio de los monasterios, la copia de los libros constituyó una de las principales ocupaciones de los monjes. En esta época histórica, la segunda forma del libro correspondió al rollo. A partir del siglo III d. de C, paulatinamente el rollo, es sustituido por el códice, como la tercera forma histórica del libro.

El siglo XIII señala un momento de capital importancia en la historia del libro manuscrito, cuando éste deja de ser patrimonio exclusivo de los grandes centros eclesiásticos, para desplazarse hacia los medios laicos, especialmente los universitarios, las cortes reales y las casas de los grandes magnates.

La cuarta forma del libro es la del impreso, que no es sino el códice hecho con papel, en vez de papiro o pergamino, e impreso en lugar de manuscrito. El nacimiento de la imprenta de tipos móviles, alrededor del 1450, es un hecho histórico que fortalece la producción de libros y la difusión de los conocimientos científicos, técnicos y literarios de todas las épocas.

En los siglos XIX y XX, el libro alcanza su mayor desarrollo tecnológico, de la mano de la naciente revolución industrial. El libro deja de ser patrimonio de una minoría culta y poderosa ya en los comienzos del siglo XIX, y la tendencia de acercamiento del libro a un universo más amplio de lectores se da en los comienzos del siglo XX, logrando así el libro abrirse paso, a través de un tejido social cada vez mÁs permeable a los hechos de la cultura y el pensamiento.

Para el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), “el libro sigue siendo, no obstante los acelerados procesos de cambio, uno de los soportes con mayor impacto en el ámbito de la cultura y de la educación. El establecimiento de políticas frente a esta industria cultural se hace perentorio, debido a las transformaciones que está teniendo”.

Y continúa: “Estos cambios están determinados, fundamentalmente, por las innovaciones tecnológicas, los procesos de concentración del mercado en el marco de la llamada globalización y la aparición de conglomerados multimediales, la reorganización de los procesos productivos, los cambios en el comportamiento lector de los ciudadanos, las facilidades de la reproducción y los soportes digitales que requieren nuevas definiciones del derecho de autor”.

Este nuevo panorama requiere de estrategias sintonizadas con este entorno cambiante. En la actualidad nos hallamos ante lo que se considera la quinta forma del libro en la historia: el libro electrónico, que es un trabajo escrito que se ha convertido a un formato digital para distribuirlo en forma electrónica.

Nos preguntamos si la edición electrónica, cualquiera sea su soporte, sustituirá algún día al libro en soporte papel. La respuesta a este interrogante nos dice que el libro, en su forma actual en papel, todavía tiene larga vida por delante. A este respecto, son claras unas palabras de Peter Weidhaas, Director de la Feria del Libro de Frankfurt, Alemania (1993): “La edición electrónica no es el final de la galaxia de Gutenberg, sino que forma parte de ella”.

En Nicaragua, el libro impreso debe constituirse en una de las herramientas fundamentales para la erradicación de la pobreza. Porque a través del libro impreso se fortalecen los programas de alfabetización y post-alfabetización; se consolidan los conocimientos académicos de las diferentes asignaturas que cursan los miles de estudiantes de primaria y secundaria matriculados en los centros escolares de nuestro país y, lo más importante aún, nutrir las bibliotecas de abundantes libros impresos para facilitar a todas y todos los nicaragüenses el acceso gratuito a las fuentes del saber y el conocimiento universal.

El Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional ha establecido una política cultural que está implementando a través del Instituto Nicaragüense de Cultura, y en la cual el libro, las bibliotecas y la promoción de la lectura están llamados a ejercer un papel proactivo para lograr “el reconocimiento, apropiación, valoración y defensa, de nuestro arte, literatura, cultura, lenguas, tradiciones, folklore, artesanías, todos los aspectos de la cultura popular, campesina, herbolaria, culinaria, religiosa, mística, urbana, oral, escrita, uniendo Nicaragua, desde su Imaginario, su Historia y su diversidad”.

Concluyo con la afirmación del historiador Eduardo Santa, quien señala… “seguirán el libro, la revista, el folleto, el documento, los diarios impresos, todo ello acumulándose y formando las montañas de papel sobre las cuales descansa y se cimienta la cultura. Por eso le rendimos un homenaje al libro y a las bibliotecas, por todo lo que han representado para el desarrollo de la humanidad”.


*El autor es Director de la Biblioteca Nacional “Rubén Darío”. Instituto Nicaragüense de Cultura, INC.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus