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Con frecuencia reflexiono sobre el porqué los nicaragüenses debemos sentirnos orgullosos de nuestra nacionalidad. No obstante, día a día en nuestra sociedad aumenta la percepción, que estamos perdiendo el orgullo de nuestra nicaraguanidad. ¿Cuáles son los factores que están incidiendo en la perdida de la autoestima en los nicaragüenses? El nacionalismo e identidad de un pueblo tiene mucho que ver con su territorio, cultura, costumbres, idiosincrasia, valores y los principios que los forjadores de la patria, inculcaron en las nuevas generaciones. El orgullo nacional de un pueblo, tiene mucho que ver con el lugar que ocupa una nación, en el concierto de naciones, en la manera en que otros pueblos valoran a otro pueblo, en lo social, cultural, económico, institucionalidad, respeto a los derechos humanos, modelo de justicia, el nivel de vida, educación, salud y trabajo. Éstos son los elementos básicos fundamentales por los que un pueblo puede ser respetado en la comunidad internacional. Bajo esos fundamentos es que nuestros conciudadanos, sea que estén en el exterior o localmente, tengan un sentimiento de orgullo o vergüenza de ostentar su nacionalidad.

En el exterior el nicaragüense es valorado negativamente. En lo económico tenemos un país con un alto índice de extrema pobreza. El único país que nos supera en pobreza es Haití, pese a que la comunidad internacional, después de la guerra de los ochenta, a inicios de la década de los noventa hasta mediados de la presente década, fue prolija en ayuda económica, con miles de millones de dólares, ayuda que fue mal administrada, dilapidada y malversada por los tres gobiernos anteriores. Millones de dólares fueron a parar a los bolsillos de políticos corruptos. Por esa nefasta práctica el pueblo de nicaragua en vez de salir de la pobreza, se fue hundiendo más en miseria, porque no hubo en tres quinquenios inversión pública en áreas sustanciales de la economía. Por ejemplo se desatendió el campo energético, por esa razón con la actual crisis mundial del petróleo, Nicaragua es el país de la región centroamericana, más golpeado, pues no tenemos condiciones para enfrentar el fenómeno del alza del petróleo.

Por la pobreza, por los conflictos internos, nuestro país ha caído en el desprestigio, al punto que tenemos una medalla de oro de ranking mundial, los organismos internacionales nos sitúan en un primer lugar en el tema de la corrupción, es decir que el Estado es saqueado y nadie es castigado por el delito de corrupción. Muchos países tienen estereotipado al nicaragüense como una persona conflictiva, belicosa, intolerante, ignorante, infractor de la ley del orden público, con mentalidad de resolver los problemas a palo y pedradas, de esto resulta que en algunos países de Centroamérica nuestros ciudadanos son tenidos como non gratos, desatando una xenofobia contra nuestros ciudadanos.

Internamente el panorama es triste y desolador. Los Poderes del Estado no tienen armonía funcional, en el que cada poder de estado ponga en práctica, lo que dispone el arto. 129, de la Constitución Política, que expresa que poderes de Estado están únicamente subordinados a los intereses supremos de la nación. La verdad es que en el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, existe una puja o lucha permanente, la cual nos lleva a un círculo vicioso de crisis en crisis institucional, situación que trae un desgaste, que desvía la atención y solución a los graves problemas económicos, de producción, de desempleo, de hambre que vive el pueblo de Nicaragua.

Cada Poder de Estado, en esta lucha ante el pueblo de Nicaragua, quiere aparecer como el Chapulín Colorado, el héroe, el único salvador del pueblo, el que tiene la verdad absoluta. Por razones políticas egocéntricas, hay una competencia malsana y perniciosa, donde cada poder se atrinchera en su propia independencia, olvidando que esa independencia, no existe ante los intereses supremos de la nación. Por esa actitud dolosa al precepto constitucional, de armonía es inexistente, lo que llevó en el año 2005, a una crisis institucional de grave repercusiones. En el año 2007, se manifestó otra crisis por los famosos CPC. En este año 2008, ya tenemos otra crisis, por la resolución del Consejo Supremo Electoral, quien manda a suspender las Elecciones Municipales en tres municipios de la Región del Atlántico Norte. Esta crisis tiene paralizado al Poder Legislativo, ya que los diputados demandan que el CSE, se retracte de lo resuelto. El Poder Ejecutivo acusa al Legislativo, porque no le aprueba la ley Antifraude de energía eléctrica.

Todos esos esfuerzos del Poder Ejecutivo, se circunscriben a temas de orden político, haciendo a un lado los problemas económicos que vive el pueblo. El Presidente de la República, en estos momentos debería estar centrado en la producción nacional, por la cercanía del ciclo agrícola, para garantizar a los productores un oportuno crédito financiero, velar que se aumente las áreas de siembra de arroz, frijol, maíz, leche, ganado etc. etc. El Poder Ejecutivo, como prioridad de trabajo tendría que reducir el déficit alimentario que tenemos los nicaragüenses. El Presidente debe bajar el gas sobre el Proceso Electoral, no debe inmiscuirse en asuntos de campaña electoral, el cien por ciento de su trabajo debe dedicarlo a los problemas económicos que tiene el país, como el alza de la gasolina, el transporte público. Por ejemplo, el Ejecutivo debería andar en gira internacional, gestionando inversionistas de China, Japón y Europa, para que el mega proyecto del Canal Seco o Canal Interoceánico por el Río San Juan, se haga realidad a mediano plazo, si se lograra concretizar cualquiera de dichos proyectos, muchos problemas sociales y económicos del país se resolverían en forma inmediata.

El Poder Legislativo, aunque su esencia es eminentemente política, sin embargo, los diputados deben dar un golpe de timón en su actuación, haciendo a un lado los inocuos, triviales y controversiales asuntos políticos, poniendo en agenda el tema económico. Los diputados deben formular leyes relativas a la crisis del petróleo, el aumento del precio de la gasolina, el problema de transporte, la carestía de la vida, en otras palabras los diputados deben superar esa parapléjica legislativa en que han caído, ya que se observa, que quien impone su agenda de trabajo es el Poder Ejecutivo y no el Legislativo.

Cuando los poderes Ejecutivo y Legislativo decidan darse unas vacaciones permanentes del deporte nacional (la política), cuando se dispongan trabajar por los problemas económicos nacionales, será entonces cuando este país se enrumbe por la senda del desarrollo, hasta que no se logre ese cambio de conducta, nuestra nacionalidad seguirá en el mismo nivel de extrema pobreza en que se encuentra el pueblo de Nicaragua. La solución está en nuestras manos, hay que resolver primero los problemas económicos y así rescatar el autoestima del nicaragüense, para que en un futuro no lejano, con humildad todos podemos decir a todo pulmón “Orgullosamente Nicaragüense”


*Abogado y Notario Público.

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