Jorge Eduardo Arellano
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Bagdad está literalmente en ruinas, y la tierra de Irak quedará hecha cenizas antes que permitir más la intervención extranjera y sus pretensiones de imponer un sistema ajeno a la cultura, creencia, raza y lugar del pueblo de esa nación. La dura resistencia guerrillera que tiende a organizarse desde núcleos populares cada vez más decisivos ha enviado un claro mensaje a las fuerzas de la coalición: que la guerra aún no ha terminado y que seguirá hasta recuperar la libertad.

La última estrategia del Presidente Bush confirma que se está perdiendo el control de la situación al apresurar con la operación “martillo de hierro”, del águila o del fénix -entre otras tácticas de horror- el proceso de transición del Estado de sitio a un gobierno democrático cuyos rasgos esenciales nadie desconoce. Todo el mundo creyó que con el nuevo gobierno y una mínima presencia occidental el país se estabilizaría, pudiéndose controlar desde afuera el curso de los acontecimientos.

Pero después de un lustro de la guerra, estamos convencidos que se pecó de ingenuidad al ignorar la difícil, por no decir costosa, adaptación del nuevo régimen y su status quo “democrático” que no pudo avizorar tampoco la indefectible gran insurgencia que se desencadenaría en el área para aumentar la desolación y muerte en ese desafortunado país.

Sería prolijo mencionar cada uno de los estragos e infaustas consecuencias que produce la Democracia para nuestros pueblos. Bastaría con resaltar que el sistema capitalista utiliza la Democracia como un atroz instrumento al servicio de las superpotencias, agrandando la brecha entre ricos y pobres, alimentando a las minorías que todo lo tienen y desnutriendo a la mayor población mundial. Ésta es la fortuna que el mundo desarrollado occidental legaría al pueblo iraquí, y como ya coincidieran un jurista español con el Mohammed libanés, la Democracia no es otra cosa que “un régimen de opresión o un sistema dictatorial”, respectivamente.

El verdadero origen de la Guerra en Irak no es completamente conocido. No prima sobre todo un interés económico en el petróleo; tampoco el fin de garantizar la seguridad mundial contra los atentados terroristas; ni la rencilla paterna de Bush heredada por la derrota de la Guerra del Golfo; ni la responsabilidad de USA como abanderados de la estabilidad y la paz mundial; ...la única razón ha sido, que el sistema dizque hegemonizado liderado por Estados Unidos no consiente desarrollo y progreso, paz y bienestar, salud y educación, ... a ningún país del orbe que no esté identificado con la Democracia. Los Estados Unidos niegan cualquier potencia o civilización proveniente de un país antidemocrático; y eso era lo que disfrutaba Irak antes de la Guerra.

El Estado de Irak gozaba de autosuficiencia en muchos aspectos. Siendo un importante baluarte asiático, presidía un dinámico emporio económico dentro de su entorno, abasteciendo de materia prima industrial a los países vecinos con quienes se vislumbraba un futuro promisorio, admirable y estremecedor. El orden político querido por el pueblo era controlado con una mínima porción autoritaria, como es normal en todo poder; los niveles de vida de la población iraquí eran incomparables con los nuestros; ...todo, hasta que el floreciente auge fuera truncado abruptamente por una intervención genocida para imponer su nuevo régimen.

Los aliados se seguirán reuniendo en Londres o Washington con la intención de acelerar el verdadero traspaso de poder en Irak, confirmando a su vez que como paladines de la libertad, abanderados de la Democracia y garantes de la paz mundial, acabarán con “los terroristas que derraman sangre inocente por todo el mundo”. Simultáneamente, una explosión de grandes dimensiones asolaba distintas ciudades de Irak, lo que revela claramente cuál es la verdadera causa de los atentados.

En estos términos la imposición de un sistema se torna tan hostil como humillante e insoportable. En un contexto de posguerra se acabaría la verdadera paz interna de un país y engendraría necesariamente más muerte y destrucción, más violencia y terror; se vulnera el Derecho Internacional con todos sus principios tratados y órganos creados precisamente para pacificar la humanidad; se violan degradantemente los Derechos Humanos, hasta el punto de dejar pasar lo inhumano ante lo humano; se instauran nuevas formas de represión y sojuzgamiento;... desatando lo que claramente se calificaría como Pseudodemocracia y /o Deshumanización.

Cabe preguntarse entonces, quiénes son los únicos responsables de la desestabilización mundial, de los atentados terroristas y de la inhumanidad. Los pueblos, por naturaleza, han sabido reaccionar a estas agresiones ahora tan comunes, y en este caso a Bagdad no le queda más que sufrir las mil y una noches de infinita crueldad.

mowhe1ni@yahoo.es