Jorge Eduardo Arellano
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Uno de los sectores sociales más afectados por el neoliberalismo en nuestra sociedad con pobre desarrollo ha sido el de la clase obrera. Primero, por estar en las primeras filas entre los expuestos al empobrecimiento, junto al campesinado, mientras en el polo social opuesto --los capitalistas del comercio importador y los círculos financieros-- concentran los principales ingresos económicos del país. Un cuadro social típico que sólo cambia de formas, pero siempre para mal de los trabajadores.

Segundo, porque los obreros son desplazados del mercado del trabajo, en la medida que la producción agroindustrial nacional va sucumbiendo ante la invasión tecnológica y comercial de las metrópolis imperiales. Fenómeno éste más conocido como la globalización en su máximo desarrollo, pues la globalización es consustancial al capitalismo desde sus días inaugurales.

Tercero, porque a la par y por consecuencia de la quiebra de la producción nacional, su mano de obra es empujada hacia las actividades informales de sobrevivencia. Son los llamados ahora con el eufemismo de “trabajadores cuentapropistas”, que no son más que los vendedores en las calles y los semáforos de cualquier clase de productos de bajo precio, generalmente de producción extranjera.

Además de su empobrecimiento paulatino y seguro, este sector obrero ha sido “desproletarizado”, al dejar de ser parte del ejército del trabajo productivo, y hecho regresar a un nivel laboral y social indefinido, o más bien, a oficios simples, después de haber sido obreros calificados, técnicos medios o técnicos completos. A este núcleo social desplazado se le sumó la masa de miembros del otro ejército, el militar, desmovilizados después del 90.

Esta “desproletarización” masiva es complementada con el desarme de los órganos de lucha y defensa laboral probados en el transcurso de la lucha de clases frente a los patronos capitalistas y los instrumentos represivos de su Estado: los sindicatos. Al perder presencia importante y agrupamiento en los centros de producción, y estando en la marginación laboral, para los ex obreros pierde utilidad el sindicato, por cuanto ya no tiene intereses propios y colectivos que defender en una empresa.

Su histórico instrumento de lucha y defensa más eficaz, lo han perdido; ya no lo necesitan, porque no tienen puesto de trabajo que proteger ni salario por el cual luchar. No tienen convenios colectivos por cuales luchar ni con quien firmarlos; desaparecieron los objetivos de lucha que impulsar con su sindicato dentro del proceso de producción-explotación que les tocó vivir mientras fueron asalariados. Esos obreros han sido tirados a la calle desarmados.

Sin embargo, para sobrevivir los trabajadores siempre sentirán la necesidad de ejercer su defensa frente a la hostilidad del medio social al que fueron lanzados. Y es en este momento de la vida de los trabajadores desplazados, cuando surgen irregularidades, incomprensiones y hasta manipulaciones. La ayuda solidaria recibida de sus hermanos de clase aún activos nos es mucha o es nula; los dirigentes sindicales nacionales, tampoco les han indicado la mejor forma de organizarse, de acuerdo a su nueva situación económica y social. Extrañamente, insisten en organizarlos en sindicatos, como si tuvieran empresas en donde laborar, y estar frente a patronos de los cuales defenderse. En la calle no hay patronos, sólo compradores.

El Frente Nacional de los Trabajadores (FNT), hasta hace poco la central más grande y combativa de los restos del sindicalismo revolucionario, es la principal impulsora de sindicatos de los llamados “trabajadores cuentapropistas” (¡!). ¿Por qué esa insistencia en organizarlos en sindicatos y no en cooperativas o bajo cualquiera otra forma de asociación que les ayude a defenderse en sus nuevas y hostiles condiciones? ¿Acaso por hábito? ¿Por facilidad para su manipulación política electorera? Cualquier causa los podría impulsar a organizar en sindicatos a quienes no tienen actividad laboral productiva en ninguna empresa, menos la ignorancia acerca de qué es, para qué sirve y en qué actividad laboral se organiza un sindicato.

Este interés por organizar en sindicato a los del “movimiento cuentapropista”, sugiere una intención escapista o de acomodamiento, de parte de las dirigencias sindicales que los promueven. No se puede creer que sea por inocencia que miran en este sector laboral informal el futuro para todos los trabajadores --que además, siguen siendo desplazados continuamente--, o como un modelo ideal de trabajo permanente. Pero si lo creyeran, estarían renunciando a la lucha por la transformación económica social de nuestro país, y adaptándose a las condiciones que está imponiendo el capitalismo globalizado.

Estos trabajadores por “cuenta propia” (otro eufemismo, pero menos ridículo) necesitan y deben asociarse para luchar por mejorar sus condiciones de vida, y esto es tan normal, como la solidaridad que reciben de sus hermanos de clase. Que su movimiento tiene importancia dentro de la movilización social latinoamericana contra las consecuencias de la penetración del capital imperialista, es incuestionable. Pero, para tener éxito en ambos terrenos, no se necesita falsificar el sindicalismo ni confundir sus funciones con el movimiento social amplio y desproletarizado que estos trabajadores representan.

En resumen, sobredimensionar su importancia y la confusión creada en torno a este movimiento, es inconveniente para los intereses de los trabajadores en general –de los activos y los desplazados—, porque: 1) parece una fatal adaptación a las condiciones que impone el sistema capitalista globalizado (imperial); 2) porque, objetivamente, es una renuncia a enfrentar la situación real y a la lucha por cambiarla. Esto último, se refleja en que, mientras se trabaja organizando y haciendo propaganda al “cuentapropismo”, millares de trabajadores bajo el método de explotación de las maquilas en las zonas francas carecen de ayuda y solidaridad suficientes para organizar sus sindicatos. Allí son víctimas de los empresarios extranjeros, de la lenidad de las autoridades del Ministerio del Trabajo y también de su inexperiencia de lucha y de organización. Son neoproletarios que aún no maduran su conciencia de clase, pero tienen más futuro que cualquier otro sector laboral.

No dudo que hay dirigentes y sociólogos que están impulsando de buena fe y voluntad al “movimiento cuentapropista”, porque, además, tiene su importancia dentro del medio social descachimbado en que vivimos, pero también tiene sus limitaciones, y sus condiciones laborales específicas exigen formas más apropiadas de organización. El error es ver este movimiento como sustituto del sindicalismo.