Jorge Eduardo Arellano
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Siento que se me va a salir la niña con el estruendo de esa música, dijo una joven embarazada al salir del comedor de una empresa. Y el ruido afecta a ambas. Una profesora comentaba que cuando cortan la grama en la universidad no puede dar clases por el ruido de la podadora. Para otra, el ruido del parqueo no permite escuchar, y tanto ella como los estudiantes tienen que gritar. En las escuelas está el ruido propio del aula, de bandas musicales y de los deportes. Un profesor de música dice que tiene problemas de audición, pero no quiere que lo sepan. Un joven de un grupo musical siente “pitidos” (acúfenos) que lo tienen estresado. Una instructora de danza tiene que gritar, debido al alto volumen de los equipos de sonido. Y el controlista de un equipo de sonido de esos con parlantes gigantes, por la tarde está con dolor de cabeza y mareos.

Los controlistas y conductores de programas de radio, igualmente, pueden ser afectados. También hay ruido en las oficinas, con teléfonos fijos y móviles, impresoras, computadoras, aires acondicionados, conversaciones. No es que se esté en contra del desarrollo tecnológico, sino que, precisamente, debido al desarrollo se debería evitar tanto ruido. También son afectados los vendedores ambulantes y estacionarios que pasan el día entre el humo, el polvo, el sol, la lluvia, el viento y el ruido. ¡Pobres niños y niñas de los semáforos!
Hay gente que va al gimnasio para relajarse, pero el alto volumen del sonido puede estresar. Esto afecta a quienes ahí pasan horas, no para relajarse, sino por trabajo. Igual sucede en restaurantes y discotecas. La publicidad ambulante se lleva el premio al ruido más estruendoso, en competencia con las tiendas donde instalan parlantes gigantes que en vez de atraer clientes, los corren.

Y, al contrario de lo que pareciera, hay lugares donde también hay ruido, como en los hospitales, y no sólo por los talleres o servicios como lavandería o mantenimiento. Una enfermera comentaba que sale cansada por el ruido de los nebulizadores. Otra dijo que la sierra de cortar yeso es ensordecedora. En otro hospital comentaban que el ruido de la caldera las vuelve locas. Una odontóloga se quejaba de terminar el día aturdida.

Un día comenté que las oficinas de los bancos parecían los lugares menos ruidosos. Un señor sonrió. Dijo que ahí se requiere mucha tranquilidad, porque se trabaja con billetes y un simple error puede ser fatal, pero el ruido de impresoras y teléfonos a veces lo descontrolaba.

Y si nos vamos al campo, el desarrollo tecnológico de la agricultura ya llegó con su ruido. Los conductores de tractores o quienes trabajan cerca de motores o manejan motosierras, los conductores de vehículos de carga y los fumigadores nos pueden contar.

Ya no digamos el ruido en la construcción, la industria, en los aeropuertos. O en talleres de mecánica, electricidad, carpintería. El que sufren los recolectores de basura, con el ruido de la campana y del camión durante todo el día. El riesgo de los bomberos debido a los equipos, la alarma de la ambulancia; los fumigadores que nos andan librando de los zancudos; las motocicletas de los mensajeros. Los conductores también son víctimas de sus pitazos y del ruido de la carga, o de la carrocería y el motor cuando los vehículos están en mal estado. Igualmente, los lavacarros de las gasolineras, con el ruido estruendoso de las mangueras.

Muchos de estos problemas pueden evitarse. Ya hay equipos médicos que no hacen ruido, como los nebulizadores. Igual pasa con los equipos odontológicos. Otras veces se puede alternar las diferentes actividades, dejando las ruidosas para cuando hay menos trabajadores, como podar la grama. La intensidad percibida del ruido de las computadoras se puede reducir, ubicándolas en un mueble más bajo que el escritorio. El timbre de los teléfonos se puede regular. Y en otros casos, sencillamente es evitable, como el ruido en los comedores y tiendas con música a todo volumen, o de los aires acondicionados por falta de mantenimiento. En el caso de ruidos inevitables, como en la construcción, se deben usar protectores auditivos. También hay que velar para que compren equipos menos ruidosos, esto se podría contemplar desde las cotizaciones. Lo más importante es prevenir.

Con una exposición por varios años, el riesgo de pérdida de audición es mayor. Los trabajadores y los sindicatos, los empleadores, tienen normativas para la prevención y control del ruido. Hay que conocer la nueva “Ley general de higiene y seguridad del trabajo”, que puede ayudar a mejorar los ambientes laborales; y, aunque tiene sus vacíos en cuanto a ruido, éstos pueden ser llenados con los convenios colectivos, los reglamentos, etc., ya que la Ley comprende solamente disposiciones mínimas, las que deben ser desarrolladas.

En el trabajo se pasa la mayor parte del tiempo, debemos procurar ambientes laborales saludables y agradables, que llenen material y espiritualmente. Así, los empleadores también estarían tranquilos.


doraldinazu@gmail.com