Jorge Eduardo Arellano
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Existen algunos enunciados claves, contundentes y comprobados que se imponen al quehacer educativo de un país.


* La educación es el proceso de desarrollo del ser humano en el amplio espacio de sus propiedades y capacidades.

* La educación es el factor clave y decisivo para el desarrollo de un país y la base sólida de la democracia.

* La educación es la forma más directa de romper el círculo de la pobreza.

* Hoy en día, aun para los empleos más sencillos, se requiere contar al menos con educación básica, y para empleos algo más complejos hasta la secundaria.

* Cada año escolar acumulado abre y aumenta, en cierto porcentaje, la posibilidad de lograr y desarrollar algún trabajo y empleo.

* El capital de un pueblo lo determina el conocimiento y los valores, es decir, la educación.

* Invertir en capital humano hace la diferencia entre el subdesarrollo y el desarrollo.


Lo difícil y complicado es lograr que el sistema educativo responda debidamente a dichos enunciados. Se trata de su reto permanente.

Así nos lo dicen algunos datos substantivos. El promedio nacional de escolaridad se mueve entre 3 y 7 grados, según grupos de población y territorios; el analfabetismo se resiste con alrededor del 20%; la mitad de los niños en edad preescolar no se han integrado a la escuela; el 13% de los niños en edad de educación primaria permanecen fuera de la escuela; sólo entre el 50 y 60% de quienes ingresan a 1er. Grado completan la educación primaria; se calcula en unos 300,000 jóvenes sin oportunidades de estudiar y sin empleo; la inversión en relación al PIB roza el 4%, etc.

Estos datos sostenidos sin cambios significativos durante los últimos años generan, según análisis del economista Adolfo Acevedo, que durante el año 2005, el 63% de la población en edad de trabajar ingresara al mercado de trabajo con una escolaridad bajísima. Por otra parte, de no revertirse bruscamente esta situación, en el año 2020, el 55% en edad de trabajar acumularía así mismo una bajísima escolaridad. En consecuencia miles de nicaragüenses están determinados a encontrar ocupaciones o empleos precarios o informales que los mantendrán en el umbral de la pobreza, lo que atenta contra el desarrollo como país.

A este respecto existe en el país una clara correlación entre el ritmo lento en la reducción de la pobreza y el lento incremento del porcentaje de nicaragüenses que completan la educación primaria. Es significativa y preocupante esta correlación.

En ocasión de la Semana Mundial de Acción por la Educación (21-27 de abril) que acaba de celebrarse en todos los países del mundo con miras a aumentar significativamente la inversión en educación, Nicaragua ha participado en esa gigantesca clase mundial con múltiples actividades que desembocan en el imperativo categórico como país capaz de revertir la situación actual de la educación. El sentir y la necesidad de hacerlo es unánime.

En términos de decisiones políticas se trata de pasar de un modelo programático mecánico, lineal, de consolidar lo existente mejorándolo, a un modelo paradigmático de cambios profundos con una visión holística, articulando los factores que la hacen posible, lo cual exige dar el curso correcto a la educación para que la inversión en ella sea productiva y genere una alta tasa de retorno para el desarrollo humano y social.

El diputado Mario Valle, Presidente de la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional, dijo hace poco en el Canal 23 de Televisión que en el país tenemos siete profesionales por un técnico. Sólo este dato está apuntando hacia donde caminar, pero eso no es todo. Consciente de ello el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional está impulsando estrategias, medidas y decisiones en la perspectiva de un modelo paradigmático de cambios, apuntando a activar y articular los distintos factores políticos, económicos, sociales y culturales claves que confluyen en el hecho educativo del país.

Por eso, invertir en educación significa tener y utilizar eficientemente más recursos económicos, pero significa también invertir en políticas públicas, invertir en activos humanos, invertir en valores y, sobre todo, en el rumbo sostenido de la educación dando nuevo espacio y sentido entre otras prioridades urgentes a la educación técnica en todos los niveles.

Todavía es pronto para valorar las tendencias que están alimentando las estrategias, medidas y decisiones del gobierno en educación y en los demás sectores que la hacen viable y de calidad, dado el carácter esencialmente intersectorial y holístico de la educación.

Confiamos en que todo ello llegue pronto al aula donde se enseña y aprende en todo el país. Sólo a ese nivel se comprueba cuan efectiva es la inversión en educación.

Hace poco leí el poema “Mi derecho a aprender” que en la voz de un niño o niña concluye así: El futuro es como me llamo y lo único que reclamo, es mi derecho a aprender.


*IDEUCA