Jorge Eduardo Arellano
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La crisis económica que nos envuelve afecta de forma integral a la población de Nicaragua. Hoy que estamos pasando por el proceso de Haitianización la pesadumbre se nota en los rostros de nuestros congéneres, se presta para que especialistas manipuladores de conciencia asomen sus radiantes rostros. Se verán por los barrios, plazas y medios de comunicación ofreciendo sus productos mesiánicos como Santa Claus, de que con ellos el país saldrá de la pobreza y abundará el trabajo para todos.

Como es ésta la única ocasión en que mostrarán un gran espíritu de alteridad, empatía, caridad y de relaciones humanas sociables, el pueblo debe aprovechar para comer de la carnada sin tragar el anzuelo. Como muestra de esto, en la carretera Vía El Carmen-Pochomil me encontré con un personaje folklórico con un castillo de gorras de todos los partidos y de camisetas de todos los colores, y es tal vez alguien que ni siguiera vota. Estos compra conciencia ofrecen el cielo y la tierra para llegar a malversar los fondos de las comunas y del estado a expensas del hambre del mismo pueblo.

Votarán a montones el dinero y te ofrecerán “viáticos”, ayuda permanente, trabajo en las instituciones del estado y en las alcaldías, para que les apoyés en las movilizaciones para llenar las plazas. Algunos irán más allá y firmarán contratos prebendatarios para que cuando lleguen al poder se los presentés, aunque después los desconozcan o no tengan ningún valor moral o legal. Todo esto con el mismo dinero del pueblo, una farsa, una burda ética circense donde el pobre pueblo sufre de la ignominia, de la expoliación y del saqueo de sus capacidades e inteligencia y se echa por la borda su futuro inmediato, ya que los programas de gobierno disparatados que llevan nunca cuentan con el consenso de las fuerzas vivas del pueblo.

Esta práctica cada vez más desalentadora y que favorece a cúpulas de poder que por generaciones han hecho de esto una industria de enriquecimiento personal, y que han llevado con su modelo autócrata a hacer de este país bendecido por Dios, con los recursos naturales majestuosos y paraísos prístinos que nos permiten tener ventaja sobre la mayoría de los países latinoamericanos, miremos donde estamos. Por culpa de estos mercaderes de política personalizada, caudillista, endocéntrica a interés de familias, se han olvidado que el pueblo también crece, toma conciencia y reclama espacio como ente adulto en un mundo cada vez más incluyente. Abramos los ojos y no traguemos el anzuelo.