Jorge Eduardo Arellano
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Hace poco estuve en una Asamblea Universitaria donde nos encontramos muchos colegas profesores, uno de ellos, tras su afectuoso saludo me comentó acerca de mi último artículo sobre el terror a ser despedidos, me decía que estaba bueno, pero que a su juicio; no le gustaba el tono del lenguaje que utilizaba y, en otras palabras, casi me dice que bajara un poco el gas para que los comentarios fueran “digeribles”, puesto que a él mismo cuando iba por la mitad del escrito se le hacía imposible continuar leyéndolo.

Lo que no me dijo el docente es que si no lo terminaba de leer era porque talvez padecía de alguna enfermedad ocular o por el hecho de que comulga fielmente con los lineamientos del honorable Presidente de la República. Tras ese señalamiento, que por cierto se lo agradecí mucho, por el hecho de que al menos hace el intento de leerme, me quedé reflexionando mucho acerca del concepto que tiene mi amigo y de seguro muchos otros lectores sobre el lenguaje que utilizo en mis opiniones.

Sinceramente creo que sería hipócrita y no coincidente con lo que pienso si cambiara el tono de mis opiniones, en el sentido de la sinceridad y tranquilidad conmigo mismo acerca de lo que pienso y lo que escribo, hay un famoso dicho popular: ¡A como es el sapo es la pedrada! Y en referencia a este gobierno creo que todos sabemos que es un inmenso sapo, el más grande y dañino que hayamos conocido después del somocismo.

Resulta que a veces debemos tener forma para decir las cosas, en muchas ocasiones la cultura güegüence de Nicaragua, que a mi juicio se traduce en una soberana hipocresía diplomática, nos obliga, según las reglas sociales criollas, a decir las cosas de una forma distinta a la que en verdad se debería decir, con todas sus comas, acentos y puntos, otras personas, incluyendo al titular del Ejecutivo, disfrazan sus incompetencias con una sarta de locuras que van desde compararse con grandes estadistas muertos en defensa de sus principios, como soñando con contrarrevolucionarios sin ver la oficina de su propio vicepresidente, hablamos entonces de una lenguaje locuril y fuera de la realidad de la que vive dentro de su bunker y de su Mercedes Benz (de la misma marca que tenía Somoza) comprada con el cuento de los sueños de los pobres del mundo.

Entonces, si en este país todos nos pusiésemos a decir las cosas de una forma folklórica así sin decir nada y por el solo acto de ejercitar los músculos de la boca, pues déjeme decirle mi querido profesor que este gobierno y sus mamparas de Instituciones nos van a terminar de hundir a todos vivos, hasta la saciedad les voy a decir que sus intenciones es que todos agachemos la cabeza como borregos, que ustedes sólo sean capaces de soportar la tortura de ver un programa completo del circo que hace la pareja presidencial en los barrios de Managua gastando un mar de dinero que hace falta a los churequeros, y observen las caras de los pobres pobladores que asisten a estas piñatas de demagogias, y no hay que ser sabios ni psiquiatras para observar los gestos de sus rostros, tras esa cara de orgullosos miembros del poder ciudadano se trasluce un gran signo de interrogación sobre la retórica que les llueve como agua de mayo así como de las mentiras de las cuales los nuevos ricos sindicalistas tienen la gran cáscara de decir en nombre de los pobres desempleados.

Frente a esa realidad es que me pregunto: ¿Qué clase de lenguaje debo utilizar? O a como canta Silvio Rodríguez: ¿Qué tipo de armonía se debería usar?, ¿como escritor de opinión política, debo ser diplomático o hipócrita?, ¿Es que acaso este mundillo político no tiene suficientes mentirosos que hablan bonito y “decente” al decir cada incoherencia con sus propias actuaciones?, como le digo a un amigo, ¡Ilumíneme maestro!
Estoy convencido que por el hecho de no decir la cosas como son es que hemos llegado a donde estamos, incluso, en el mismo momento que me hacía la crítica el profesor, en el fondo se oía el murmullo del principal orador de la Asamblea, yo le pregunté inmediatamente si estaba de acuerdo con lo que este señor decía y si era cierto todo lo que informaba, este profesor me dijo que eran mentira muchas cosas y que no estaba de acuerdo a como estaba dirigiendo la misma Institución, aproveché las circunstancias para preguntarle porqué entonces no era capaz de levantar la mano y pedir la palabra para criticar a su colega de partido, no me respondió absolutamente nada pero asintió cuando le dije que a la mayoría de la gente le faltaba lo que ponen las gallinas para oponerse al poder, le recordé de nuevo mi artículo anterior sobre que la gente no critica por el miedo a ser despedida y estuvo de acuerdo conmigo, al menos hasta donde tuvo la tolerancia de seguir leyendo un artículo que critica sus propios partidarios de su organización ortodoxa y radical frente a quienes utilizamos un lenguaje “vulgar” que no es apropiado para publicarse en un periódico de prestigio.

Por un momento este señor me hizo reflexionar, pero creo que me habría conmovido más si él mismo hubiese sido capaz de levantarse en esa Asamblea y criticar de forma “educada” los desastres que por su populismo están cometiendo estas grises autoridades universitarias, yo no tenía necesidad de hacerlo pues utilizo un foro nacional para decirles cada tanto de días lo que nadie es capaz de decírselos, al menos ya de eso no necesito probarles mi oposición activa a ellos y a su gobierno nefasto. ¡Perdón por ser tan vulgar cuando critico, pero es que vengo de un barrio popular!
La pregunta del millón para todos estos críticos que les agradezco que me lean, es: ¿cambio mi lenguaje, bajo el gas o suavizo la crítica a este gobierno y todos los demás remedos de partidos de derecha?, ¿quieren que utilice la diplomacia y le pida trabajo a Samuel Santos para aprender a vociferar en contra del imperialismo gringo y por otro foro le pido cacao al banco mundial y demás organismos norteamericanos que están financiando proyectos para los verdaderos pobres en Nicaragua? ¿O prefieren que agache la cabeza y escriba sobre las bellezas y bondades , beneficios y logros del pueblo nicaragüense en esta linda etapa que atraviesa el país?
Como dicen los españoles: ¡Pues va a ser que no!, lamentablemente no puedo ser incoherente a como muchos de ustedes con lo que pienso y lo que siento, ya que millones no tienen la oportunidad que yo tengo de expresarme a través del mejor periódico del país, pues yo asumo sus voces y sus quejas, sin pretender ser mesiánico como el que habla en nombre de los desposeídos que nunca ha conocido, o como los que fueron revolucionarios, luego del triunfo fueron totalitarios y finalmente se autoexiliaron como Embajadores y ahora les gusta dar entrevistas como los grandes gurús de la izquierda latinoamericana del “nuevo socialismo del siglo XXI”, asumo el tono de mis palabras, confirmo el contenido de mis críticas y los sentencio a seguirme leyendo aunque solo sean capaces de aguantar el ácido de los propios títulos. ¡Amén!