Jorge Eduardo Arellano
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Se achaca a las potencias emergentes de India y China la responsabilidad del aumento de los precios del petróleo para sostener su crecimiento económico. Cierto que influye pero no es la causa principal de este encarecimiento, sino el incremento desaforado del consumo en los países industrializados. Recordemos que China, con una población que cuadruplica a la de EU, no representa más que un 8% de la demanda mundial de petróleo mientras que en EU sobrepasan el 25%, y un 18% la Unión Europea. Luego, habrá que abordar el problema desde otros ángulos.

En este sentido, uno de los mayores expertos, Paolo Scaroni, director general del ENI (Sociedad italiana de petróleos) dice que, en EU, en los cinco últimos años uno de cada dos coches comprados es un 4x4, con un motor que gasta un litro de combustible cada cuatro kilómetros. Por lo tanto, los coches americanos hacen una media de 7 kilómetros por litro. La media europea es de 13 km. Si los norteamericanos, continúa Scaroni, utilizasen vehículos semejantes a los europeos, economizaríamos 4 millones de barriles por día. Esto equivale a la producción de Irán, el tercer exportador mundial. Si todos los coches americanos, canadienses, europeos, japoneses y australianos se homogeneizasen en este nivel de consumo, economizaríamos 10 millones de barriles por día, lo que equivale a la producción de Arabia Saudita, el primer productor mundial, y más que el consumo de India y China juntas… Si los denominados “países occidentales”, que coinciden con los más industrializados y enriquecidos del mundo, utilizasen vehículos “razonables” y los norteamericanos adoptasen los estándares europeos en calefacción y aire acondicionado, podríamos economizar 15 millones de barriles de petróleo al día. En números redondos, el 20% del consumo mundial”.

Todo indica que los precios del petróleo van a subir. En los últimos seis meses los precios del petróleo para entregar dentro de cinco años han aumentado un 43%, mientras que los denominados spot, a entregar sin retraso, aumentaron un 38%. Los contratos de compra a plazo se están negociando a más de 120 dólares el barril. Este petróleo se negociaba a 50 dólares el barril a comienzos de 2007, su precio se ha duplicado en doce meses. Algunos especialistas llegan a estimar que el barril podría alcanzar los 135 dólares en cinco años. Podemos volver a caer en el círculo vicioso de los setenta y de los ochenta: un petróleo caro es factor de inflación y ésta encarece la extracción del petróleo y de otras materias primas y desajusta la economía mundial.

Se abre un período en el que tendremos que ajustarnos para vivir menos bien con un petróleo encarecido. Quienes más los sufrirán serán los países empobrecidos que no posean yacimientos de fuentes de energía. Mientras que los países y las compañías exportadoras de petróleo van a ver multiplicadas sus ganancias. La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) registró en 2007 una cifra de negocios seis veces superior a la de 1998. En ese mismo período los rusos han multiplicado por cuatro sus ventas de petróleo y de gas.

Estas vertiginosas ganancias tienen su vertiente más odiosa en los pueblos de los países más empobrecidos.

¿Qué esperan los países libres, democráticos, defensores de los derechos humanos y dispensadores de patentes de ciudadanía mundial para terminar con esta injusticia? Millones de seres humanos no tienen que perder más que sus cadenas, su hambre, su desesperanza y su ira. Ante una tercera crisis energética, como la de 1973, es razonable considerar una reacción de supervivencia por parte de los desheredados de la Tierra. David buscará nuevas ondas de piedra o de lo que sea para defenderse de Goliat. Pues la vida es un bien superior a cualquier otro derecho humano.

Las señales de alerta del planeta ya son patentes, no es posible mantener este nivel de consumo y de explotación. Los pueblos de la Tierra tienen que movilizarse para conseguir energías renovables y limpias. En esta Era de la revolución de las comunicaciones ya nadie es inocente ni podrá alegar que no conocía las consecuencias de estos delitos contra la humanidad, y contra nuestro medioambiente. Nos estamos devorando a nosotros mismos mientras dos mil millones de seres no tienen cubiertas sus necesidades más elementales.


*Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM)
Director del CCS