•  |
  •  |
  • END

Leí en “EL NUEVO DIARIO” las declaraciones de nuestro Embajador en Perú, Tomás Borge, en torno a la Dirección Nacional histórica del FSLN en la cual enjuicia a varios de sus miembros sobre bases alejadas de la verdad y en una forma que desdice de la madurez y seriedad que debería lucir con el paso de los años. Como me alude directamente me siento en la obligación de contestarle.

1. No es cierto que la Dirección Nacional “haya desaparecido” cuando perdimos el gobierno. Esa afirmación parece un intento fallido de Tomás para forzar la conclusión de que tras la derrota electoral los miembros de la Dirección que a él le interesa menoscabar salieron corriendo. La verdad es otra. Con la derrota electoral la Dirección Nacional cerró filas al frente de la coyuntura peligrosa y delicada que sacaba al FSLN del gobierno sin que las fuerzas de la contrarrevolución hubieran cumplido con el acuerdo de desmovilizarse. A partir del 25 de febrero de 1990, yo mismo, como miembro de la Dirección y del gobierno, fui delegado junto con los Generales Humberto Ortega y Joaquín Cuadra para negociar con los representantes de Doña Violeta Chamorro el protocolo de transición que sentó las bases políticas para la paz y estabilidad de la república. El seguimiento a esos acuerdos nos llevó cerca de cuatro años.

La Dirección Nacional histórica fue además ratificada por unanimidad por el Congreso del FSLN que se celebró unos meses después de la derrota electoral. Es hasta el Congreso de 1994 --cuatro años después--, que la Dirección Nacional es modificada y sustituida en medio de una contienda entre corrientes políticas que dividió al FSLN y a los antiguos miembros de la Dirección Nacional. No hubo tampoco, como afirma Borge , “una deserción natural” de miembros de la Dirección Nacional, sino diferencias políticas y pugnas que nos distanciaron.

2. Según el Embajador Borge “…es mas fácil ser comandante o dirigente de un gobierno que está en el poder…y la posibilidad de tener recursos”. Todos los Comandantes que él cita --Ruiz, Carrión, Tirado--, se habían ganado este reconocimiento no entre “las mieles” del gobierno sino al frente de la lucha armada clandestina para el derrocamiento de la dictadura, donde la única certidumbre era la resolución de dar la vida por la patria. Al contrario, pareciera más fácil continuar de comandante desde la oposición puesto que el FSLN después de la derrota, siguió llenando numerosos cargos en los poderes del Estado. Una prueba de esto es la del comandante Borge que en los últimos años siguió en el presupuesto nacional como diputado del PARLACÉN, diputado de la Asamblea Nacional y ahora como embajador en Perú. Éste no es el caso de los compañeros que él ataca.

3. También agrega, el Comandante Borge, que “es delicioso ser Vicepresidente como debe ser encantador ser Ministro Agropecuario o de Industria o Planificación…”. Si varios Comandantes accedimos a cargos en el gobierno, no fue como premio o para reclamar la cuota del botín. Yo por lo menos lo entendí como decisión de la Dirección Nacional de colocar a los dirigentes de más reconocida autoridad en los cargos importantes y más delicados. No puede caer el Comandante Borge en la vieja deformación de los políticos criollos de creer que los cargos públicos son como premio de la lotería. Yo al menos no entendí que fui designado para el Ministerio de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria para gozar de nada o para ostentar mandos o llenarme de oropeles y mucho menos para tener acceso personal a los cuantiosos recursos que esa cartera manejaba. Fui a ese ministerio para lo que siempre debe ir un funcionario público, a cumplir su responsabilidad con abnegación, eficiencia y probidad.

4. “De los ocho Comandantes sobrevivientes de la Revolución --señala Tomás Borge--, algunos se quitaron las vestiduras de Comandante… y prefieren ser Licenciados y Doctores…graduados en Harvard”. Ser Comandante de la Revolución es una distinción meritoria e histórica que no se quita. Durante la guerra quienes estuvimos en los frentes de combate usamos uniformes cuando pudimos. Ya en el gobierno algunos empezamos a usar ropa civil. Nosotros no éramos militares profesionales o de carrera, sino civiles que nos habíamos alzado en armas contra la dictadura. Con la institucionalización de las Fuerzas Armadas, la misma Dirección Nacional acertadamente eligió que sus miembros no tuvieran grados militares, salvo el Jefe del Ejército. Con ello la tendencia a no usar uniformes militares se acentuó, aunque algunos por su propia elección o tal vez por no sentirse rebajados, continuaron con ropa verde olivo.

Muchas personas me llaman Comandante y no me molesta en absoluto, porque lo considero una muestra de afecto por la Revolución más que rango de superioridad. No luché para ser Comandante o para que se me cuadraran de forma permanente. Luché por imperativo moral y por dignidad, y con el deber cumplido volví a la vida ciudadana de donde salí. Parece además una desgracia ante la opinión del Comandante Borge que yo me haya sumado a la clandestinidad habiendo concluido mis estudios de derecho con posgrado en sociología y que luego en 1994 autorizado por la misma Dirección Nacional haya obtenido un posgrado en Harvard. No estudié para que me llamaran Doctor sino para tratar de servir a mi país y sostener a mi familia sin necesidad de depender del erario público en forma vitalicia. Es imperdonable por lo demás que un dirigente de un país pobre, envíe a la militancia de su partido y a la juventud el mensaje de que estudiar es mal visto. Ojalá el comandante rectifique esta matriz mental pues de llegara a ser la orientación del gobierno, Nicaragua estaría condenada.

5. Señala el Comandante Borge que “…aquellos que se quedaron, que no se fueron del país, que no pretendieron convertirse en sabios y no se fugaron, tienen méritos”. Esta manera de razonar es la misma que se esgrimió para atacar y cuestionar en 1974-75, -como lo sabe muy bien Tomás-, la autoridad del propio Carlos Fonseca y de la Dirección Nacional que se encontraba temporalmente en el exterior. Es posible que al Comandante Borge le falle la memoria, porque de todos los miembros de la Dirección Nacional del FSLN --por lo menos en los primeros tres años luego de la derrota electoral--, fue precisamente el mismo Comandante Borge quien más se ausentó del país para dedicarse a labores periodísticas y de entrevistas a personajes famosos. Estar decretando quien tiene o no tiene méritos dentro del FSLN es arrogancia. ¿No le estará cayendo la piedra que tiró al propio comandante Borge quien ahora reside en el Perú?
Las declaraciones del comandante Borge llevan a una reflexión. Los dirigentes del FSLN, sobre todo los más veteranos deben actuar con responsabilidad y cuidar la unidad del sandinismo procurando acercar a quienes se han alejado. Nada se gana haciendo las cosas al revés por afán de protagonismo. Entiendo que otros dirigentes del FSLN y el propio Comandante Daniel Ortega han buscado la unidad del sandinismo. Estos argumentos del Comandante Borge son, en resumen, alejados de la verdad, políticamente parcializados y más bien contribuyen a ahondar divisiones en las filas sandinistas. En los hechos desvían la atención que merecen para la dirigencia los urgentes problemas sociales y económicos que experimenta la Nación.