Jorge Eduardo Arellano
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Por lo universal y antiguo de este refrán, quizá no exista persona en el mundo que no lo haya escuchado o utilizado alguna vez. Seguramente, ahora se acostumbra darle énfasis al carácter peyorativo que no tuvo cuando se dijo la primera vez. Y esa primera vez, no está nada cerca de nuestro tiempo, pues lo contaron los historiadores latinos del Siglo I, Valerio Máximo y Plinio El Viejo
Eso significa que el refrán es más antiguo, pues según estos dos sabios, la frase-reproche de “Zapatero a tus zapatos” la dijo Apeles, pintor griego del Siglo IV, antes de nuestra era. Apeles acostumbraba exponer su obra en las plazas públicas, porque le interesaba conocer la opinión de la gente acerca de su trabajo. Cierta vez, mientras un personaje importante visitaba su exposición, se detuvo ante un cuadro que, al mismo tiempo, interesó también a un zapatero; éste advirtió, y lo comentó al personaje, que el modelo del cuadro lucía unas sandalias en cuyo diseño Apeles había cometido un error; el zapatero también se lo hizo notar a Apeles, y el pintor aceptó la crítica. Regresó con su obra al taller a reparar el error, y regresó a la plaza. De nuevo, el zapatero se puso a observar el cuadro, y notó que el error de la sandalia había sido corregido, pero siguió opinando críticamente sobre el resto de la obra, lo cual colmó la paciencia de Apeles, quien le espetó la famosa frase… “¡Zapatero a tus zapatos”!
Desde entonces, la frase se extendió por todo el mundo antiguo y trascendió a nuestro tiempo como símbolo de la crítica hacia la persona que le gusta opinar sobre cosas sobre las cuales no tiene conocimiento. Sin embargo, durante los veinticuatro siglos que la frase se ha utilizado, no siempre se hace con el sentido original, sino dándole un énfasis peyorativo, y a veces insultante.

En la actualidad, por ejemplo, siendo Zapatero el segundo apellido del presidente del gobierno del Estado español, José Luis Rodríguez, sus adversarios políticos no han perdido ocasión para utilizar la frase con el objetivo de quitarle méritos para desempeñar sus altas funciones presidenciales. Desde luego, que la derecha lo utiliza contra el socialista Rodríguez Zapatero con la pérfida intención política de hacer creer que sólo la clase dominante tradicional española sabe gobernar. (Si algo parecido pasa por estos lados, no es pura coincidencia).

En nuestro país, a principios de la gestión presidencial de Daniel Ortega, en 2007, y cuando se hizo evidente que no utilizaría la Casa Mamón --sede de la presidencia en tiempos de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños--, sino la oficina de su partido y casa privada a la vez, entre la ciudadanía surgió la crítica contra esta decisión por considerarla arbitraria, y no lo aceptó como un acto de humildad de parte de Daniel que, efectivamente, nunca ha sido. En esa ocasión fue que el alcalde de Managua, ingeniero Dionisio Marenco, se hizo eco de las críticas y se las transmitió por su cuenta al presidente Ortega, pero éste menospreció las críticas y con lujo de grosería le dijo públicamente a Marenco… “¡Zapatero a tus zapatos!”

De esta forma nada elegante del presidente, la vieja frase recobró actualidad en nuestro medio. Pareció, además, el inicio de una serie de agresiones políticas contra el edil capitalino, por parte de la pareja presidencial, sin importarle que se trata de su amigo personal, compañero de partido y de lucha por muchos años. Tampoco le importó que Marenco sea la máxima autoridad de la municipalidad capitalina, elegida popularmente, y no un ministro suyo. Los valores de la amistad y el compañerismo no valen ante el celo y la ambición política.

Pero ésta fue una de las ocasiones en la cual el refrán perdió su sentido original, o sea que no fue bien aplicada, porque Marenco no le dijo nada que estuviera fuera de sus capacidades y conocimientos como ciudadano y funcionario público. Él opinó sobre algo de su incumbencia y con conocimiento de causa, además de que supo razonar en términos políticos los inconvenientes de la conducta del presidente Ortega.

No fue solamente por esta renovada popularidad del refrán con el carácter político que le dio el incidente Ortega-Marenco, ni por el hecho de haber sido utilizado de forma equivocada lo que motivó mi interés por el tema, sino por algo más. En este año 2008, coinciden dos centenarios y el 99 aniversario de tres zapateros que se destacaron en sus respectivos países e internacionalmente como políticos y escritores. Y, como si esto fuera poca excusa, también me interesé en el tema porque yo soy zapatero. Aunque más de alguno haya deseado aplicarme el refrán, nadie me lo ha dicho. Pero si se diera el caso de que alguien me dijera “zapatero a tus zapatos”, no tendría ningún motivo para molestarme, porque, además de que es mi oficio, me ha gustado tanto desempeñarlo, como escribir mis críticas contra políticos sinvergüenzas.

Los tres zapateros a los que me refiero son: Blas Roca, Emilio Quintana y Carlos Luis Fallas. Blas Roca (1908-1987), dirigente sindical, secretario general del primer Partido Comunista de Cuba --luego, llamado Partido Socialista Popular--, miembro del Congreso Nacional durante la república mediatizada, cofundador del actual Partido Comunista de Cuba, director del diario “Noticias de Hoy”, y después del triunfo de la Revolución, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. El nicaragüense Emilio Quintana (1908), miembro del Partido Trabajador, periodista, poeta y autor de la novela “Almidón”. Carlos Luis Fallas (1909-1966), costarricense, bananero, dirigente sindical, diputado de la Asamblea Legislativa, líder del partido Vanguardia Popular, jefe militar durante la guerra de 1948 y autor de varias novelas, entre ellas la famosa “Mamita Yunai”, traducida a varios idiomas europeos.

Conocí personalmente a los tres, y de ellos he escrito sus síntesis biográficas, las que publicaré oportunamente. Como se verá en sus rasgos biográficos, siendo obreros zapateros nunca merecieron la frase despectiva del cuento, lo cual dice mucho de su aporte al desarrollo de los campos social, intelectual y político en los que se destacaron. Al contrario, recibieron cargos, reconocimientos, premios y honores en vida y post mortem, según el perfil humanista de sus propios méritos y en agradecimiento sincero de parte de las sociedades que se los otorgaron.

Dejo constancia de que ellos no son los únicos zapateros destacados que yo conocí, como Armando Amador, escritor, Ricardo Zeledón, poeta, y otros, sobre los cuales escribiré en su momento.