Jorge Eduardo Arellano
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Moralidad significa ser honrado, probo, de recto proceder, de integridad intachable, que no le falta ninguna de sus partes, virtuoso, leal a los principios, a la ética, a la justicia. La moralidad es muy amplia y cubre todos los ámbitos de la vida humana, en lo económico, lo social y lo político. Todas las personas, aun la más humilde y sencilla, somos agentes morales en el sentido de que somos capaces de actuar moralmente en forma correcta o incorrecta en cualquier campo. Una persona puede hacer negocios oscuros perjudicando a la empresa privada para la cual trabaja y esta acción puede ser inmoral e ilegal, aunque no política. Otra persona pudiera ser alcalde, juez, ministro o magistrado y hacer negocios deshonestos, resultando en una acción concurrentemente inmoral, ilegal y políticamente equivocada. Todos estos actos son inmorales independientemente del área, sin embargo, la palabra inmoralidad cabe mejor cuando se usa en la dimensión personal y social, y corrupción cuando sucede en el plano económico y/o político.

Para algunos resultará chocante escuchar que “cada pueblo se merece el gobierno que tiene”, o que “a una patria de inmorales corresponde un gobierno de corruptos”. Lo importante de esto es que la inmoralidad social y la corrupción política están íntimamente interconectadas, ambas son dos caras de una misma moneda, se alimentan entre sí. La corrupción en la política se manifiesta de múltiples formas. Sin embargo, el fenómeno recurrente de corrupción que vivimos en Nicaragua posee dos elementos interconectados que se alimentan y se refuerzan entre sí. Uno es la corrupción pública propiamente, que se manifiesta en el robo de los bienes nacionales y de particulares por quienes ostentan el poder, y el otro es la degeneración o prostitución de las Instituciones del Estado, que facilita la práctica ininterrumpida de la primera. También, existen otras formas que acompañan a las anteriores y que son parte integral de nuestra cultura política, como el pactismo o arreglismo que todos conocemos bien, y el eliminismo (por inhibición política o incluso muerte física) o exclusionismo, entre otras. El libro del Dr. Emilio Álvarez Montalbán, Cultura Política Nicaragüense, amplía este tema.

Una noticia en END, del día sábado 3 de mayo, P. 4A, titulada: TODO HUELE A PACTO, informa que Alemán se enrumba a negociar nuevamente con Ortega, y explica que para evitar un conflicto de poderes (entre la AN y el CSE) debe haber una negociación. Estos “conflictos” son argucias creadas para provocar estas “negociaciones” para sostener un sistema institucional que favorece la continuidad del Pacto y la corrupción. No debería haber “negociaciones” afuera del marco institucional. El fondo de la negociación es una reforma electoral, nombrar a magistrados de las instituciones de gobierno sumisos a los cabecillas del Pacto, y continuar la prostitución de las Instituciones del Estado y el fortalecimiento del Pacto y la corrupción. En breve, se vaticina que la corrupción política continuará siendo apoyada oficialmente por las Instituciones del Estado obedientes a los cabecillas pactistas, bajo la vista y complacencia de la sociedad civil.

En un país donde la corrupción política se tolera abiertamente podemos estar seguros de que sus pobladores están faltos de moralidad. La pregunta de fondo es: ¿Cómo la corrupción política alimenta la inmoralidad en la población? De muchas maneras, aquí presentaré tres:
A) Al aceptar la corrupción política como un modo de vida, la gente también acepta la deplorable realidad de que la única forma de acceder a un modo de vida decente es haciendo trampas y chanchullos de toda clase. Se adopta así un patrón de comportamiento de hacer riquezas en el corto plazo y de cualquier manera aunque sea violando la ley. El arreglismo, el eliminismo o exclusionismo, el egoísmo y el consumismo materialista se convierten en un modo de vida. La gente mira exclusivamente a través de la lente que enfoca únicamente lo que la afecta en lo individual sin importar lo que le suceda a los demás. Y así, el individuo pierde el don de la solidaridad y su capacidad de protesta frente a los abusadores del poder, pues responde aisladamente y solitariamente (si acaso lo llega a hacer) hasta cuando le pisan sus callos.

B) La gente llega a despreciar el lenguaje político sensato que pide moralidad (pues sienten que ellos quizás ya la perdieron), y que también pide solidaridad hacia los problemas de otros (incapacidad de ver que eventualmente esos problemas de los otros lo afectarán a él o ella), y así, se tornan fácil presa de quienes controlan los instrumentos de poder. Pedro X Molina expresó magníficamente en su caricatura del sábado 3 de mayo en END, que “así como hay revolucionarios de escritorio, hay demócratas de sofá”, quienes dicen: que lo hagan otros, o que no quieren asolearse, y tienen boluda, o no les gusta darse color, o que la cosa no es para tanto. En su desfachatez estos cínicos creen que no harán ninguna diferencia o simplemente les vale!
C) El individuo que acepta el status quo del Pacto y la corrupción acepta la ilegalidad y la injusticia. Como carece de compromiso moral, esto es, de hacer lo que se debe hacer independientemente de uno mismo y sus intereses personales, considera normal proceder con “arreglismos”, argucias legales, sobornos, exclusionismos, etc. Lo que el sistema le enseña es que puede ser mediocre y recibir premios, ser extorsionador, “piñatero” o ladrón de bancos y del erario, y hacerse rico impunemente, y sus hijos codearse con los hijos de la oligarquía en las mejores escuelas, y más. Estos son algunos efectos perniciosos que la clase política corrupta produce en la población, a la cual le hace creer que ésa es la manera normal de funcionar en la sociedad, convirtiendo así sociedad en suciedad.

Ahora, nos encontramos frente a las elecciones municipales de 2008. Quienes favorecen el Status Quo del Pacto y la corrupción política y adoptan la posición inmoral de tragar sapos, han confinado su universo a escoger exclusivamente entre los dos candidatos del binomio de la corrupción. Esta posición inmoral excluye a los otros candidatos que bien pudieran representar posiciones moralizantes y éticas en contra del pacto y la corrupción. Uno de los periódicos hasta menosprecia olímpicamente a los candidatos de otros partidos políticos y únicamente promueve al partido de su interés familiar y a la plutocracia corrupta. ¿Cómo hacemos para superar esta corrupción y desde luego la inmoralidad inculcada en la población que la tolera? ¿Cómo nos desprendemos del pacto Alemán-Ortega? El asunto no es nada fácil, entre otras muchas razones porque el pacto tiende a perpetuarse especialmente porque tiene el apoyo de los principales factores de poder de nuestro país. La plutocracia, las altas jerarquías de las iglesias, algunos medios de comunicación y otros más tienen sus intereses materiales y de poder entrelazados con los intereses de uno y/o del otro de los creadores del Pacto y la corrupción, y algunos hasta con los dos.

De algo debemos estar claros, y es que los políticos corruptos continuarán actuando con objetivos puramente personales o de gremio y en salvar su pellejo. Una vez implantada la corrupción como modo de vida es prácticamente imposible cambiar hábitos, e inculcar ideales sanos. El político corrupto es degenerado e irredento. Los sapos que comieron sapos ahora son comidos por el sapo que se comieron. No obstante lo anterior existe una esperanza. La esperanza está en la capacidad del pueblo de reaccionar con inteligencia. La situación del país es inquietante y se agrava día a día. Las inversiones se caen. Los países donantes se retiran, las empresas maquiladoras levantan campo. El desempleo aumenta. La inflación empieza a galopar. Los precios de la canasta básica suben hacia el cielo. Hay desconfianza en el sistema. Esta desconfianza esperamos golpee de una vez la cabeza dura de la población para que recapacite y se ilumine de que no hay que votar por el menos malo sino por el mejor, que es la corrupción política y la inmoralidad social, lamentablemente aceptada ya por muchos como su modo de vida, la que está generando el caos que vivimos, y que solamente un retorno a la moralidad y a un sistema político sano, honesto, equilibrado, alineando las acciones con los objetivos deseados de crecimiento y desarrollo para el país, podrá resolver los problemas y generar los resultados que todos queremos.