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El 24 de enero del corriente la Asamblea Nacional al fin pudo obtener el consenso necesario para aprobar la Ley que fomentará y regulará al sector de los pequeños, medianos y microempresarios no agrícolas, el cual es representativo de más del 95% de las empresas del país y el que produce más empleo urbano, concentrado sobre todo en las principales ciudades del Pacífico.

Carecemos de estadísticas adecuadas sobre este sector, pero pueden existir en la actualidad medio millón de estas empresa, que fueron creciendo rápidamente en los años 90, la mayoría, en un contexto de informalidad y autoempleo. Es un sector olvidado por las políticas estatales de los tres gobiernos anteriores (que favorecieron a las grandes empresas); y golpeado en este mundo globalizado por los tratados de libre comercio. Ante la apertura comercial y el vacío jurídico, las unidades con potencial no tuvieron el apoyo necesario --como son las fuentes de financiamiento (banco de fomento)-- por lo que se han encontrado en desventaja y desigualdad frente a las estructuras empresariales grandes.

Por eso, es común oír decir que este sector es vulnerable, que padece de baja productividad, que no es competitivo, y que está disperso. Es de esperar que una gran parte de este sector esconda sus negocios para evadir impuestos, con lo que acentúa más su vulnerabilidad. Si estos negocios no están debidamente legalizados, no pueden ser beneficiados por otras empresas o por el Estado. Con la escasez de recursos para su fomento, muchas de estas unidades nacen y mueren sin haberse podido estabilizar.

La reducción de barreras arancelarias y la introducción del consumo masivo de productos extranjeros debido a los tratados comerciales, ha afectado a los productores locales (artesanos, zapateros, textileros, panaderos) que no pudieron competir con precios más bajos. La expansión de las maquilas ha destruido una rama con potencial productivo para el consumo interno y externo, y muy pocas de estas empresas están integradas en cadenas productivas.

Hay otros factores internos que han afectado directamente a la industria del sector debido a una serie de cuellos de botellas en el acceso a la materia prima nacional que últimamente se ha vuelto más cara, escasa y de baja calidad. Además, la depredación de los bosques afecta directamente la industria del sector. Se puede decir que existe una alta correlación entre pobreza y Mipymes, ya que la mayoría de sus socios y socias (incluyendo los patrones) cuentan con pocos ingresos, bajo nivel educativo; y, en general, tienen mala calidad de vida.

La contribución de este sector al desarrollo económico y social del país es muy significativa; no sólo por la cantidad de empleo que producen, sino porque aportan un 40% al PIB nacional; y producen un 30% para los mercados de exportación.

Por otro lado, estas microindustrias generan efectos multiplicadores,
utilizan materias primas nacionales, requieren poca inversión y financiamiento, y son flexibles para adaptarse a los nichos del mercado de los consumidores. También rescatan las habilidades tradicionales, evitan los monopolios, generan industrias
apropiadas para el mercado que abastecen
y utilizan tecnologías apropiadas
intermedias.

Si bien es cierto que la mayor parte de las empresas que integran Mipymes están vinculadas al comercio menor, muchas se encuentran en el último eslabón de la cadena productiva (cuero, calzado, artesanía). Muchos subsectores de estas Mipymes aportan significativamente al valor agregado del sector industrial, como son las panaderías, vestuarios, cuero calzado madera y mueble, productos químicos (jabones), minerales (verjas, techos en zinc) y minerales no- metálicos (bloques, ladrillos). La rama metal mecánica está en su mayoría en manos de las Mipymes, y produce bienes intermedios para la agroindustria.

Hay ramas de las Mipymes que muestran cómo, con algo de fomento, se puede competir en mercados internacionales (tanto internamente, a través del consumo turístico, como en la exportación). Éste es el caso de las artesanías, la cerámica y los productos elaborados manualmente y con poca inversión, como las hamacas, los bordados a mano y oro, la industria textil típica, las artesanías de madera, cuero, metales y fibra vegetal. Estas actividades tienen una alta participación femenina.

Aunque la asociatividad en la parte gremial de las Mipymes está menos desarrollada que la empresarial, y el sector cuenta con muchas organizaciones “de hecho”, existen cooperativas de Mipymes en áreas de textiles, cuero, calzado, panadería, cerámica, carpintería, construcción, alimentos, agroindustria, metalúrgicas, apicultura, ferreterías, agua potable, turismo comunitario, pesca, vigilancia y seguridad, servicios comunitarios y forestales, recolección de basura y abono orgánico. Hay redes nacionales de artesanos y existen muchas asociaciones y cámaras Mipymes registradas. En los últimos años el sector ha desarrollado Comisiones Sectoriales Nacionales como espacio de concertación de los microempresarios, instituciones gubernamentales y la cooperación para buscar alternativas de desarrollo que prioricen sus necesidades. También, como gremio, el sector está organizado en dos Consejos Superiores de la Microempresa: CONSUMIPYME y CONIMIPYME.

Casi todas las Mipymes son parte de la Economía Social y del amplio sector de los cuentapropistas urbanos informales que son bastante invisibles. Por lo general, no aparecen en las estadísticas nacionales
porque producen con una economía mercantil simple, de forma artesanal. En el caso nuestro, es de admirar cómo se han venido cohesionando gremialmente, y han luchado en situaciones adversas marcadas por un mercado de libre comercio que favorece a los grandes. Esperemos que con la nueva Ley Mipyme este sector reciba el apoyo que se merece para poderse registrar adecuadamente. Esto les abrirá oportunidades con nuevos mercados de exportación, y les permitirá acceso a un banco y políticas de fomento. Así podrían controlar sus excedentes que han sido hasta el momento acaparados por el
mercado nacional e internacional. Esperemos que este sector sea al fin reconocido como una fuerza de desarrollo para la clase política y la sociedad en general.

*Socióloga

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