Jorge Eduardo Arellano
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En una reunión con el Colegio de Periodistas, el 26 de febrero de 2007, a poco más de un mes del inicio del mandato presidencial de Ortega, la Secretaría de Comunicación de este gobierno expresó, desde la perspectiva del partido en el gobierno, la siguiente filosofía sobre la libertad de expresión:
• Tanto los medios tienen derecho como el Gobierno tiene derecho, de reclamar que se respete la ley. Es el respeto a la ley lo único que se pide.

• Así como ustedes tienen el derecho de obtener la información que compete a la actividad del Gobierno, también el Gobierno tiene derecho a pedir que se respete la verdad, que se publique la verdad, y a pedir que cuando no se respete, o no se publique la verdad, se corrija el error que puedan cometer algunos medios de comunicación.

Estos párrafos ponen en evidencia una falta de formación básica, no sólo de Ciencia Política, sino de Filosofía del Derecho. Esto no sería grave, si no se tratase del centro de difusión política del gobierno, cuya distorsión del Derecho hace prever un uso inapropiado de las instituciones del Estado.

Cabe recordar que la ideología totalitaria, de tipo fascista, da al Estado un valor absoluto, independiente, con derechos propios, con los cuales el gobernante justifica su poder personal excesivo, y la correspondiente restricción estatal de las libertades ciudadanas.

La Secretaría de Comunicación afirma que el gobierno tiene el derecho de reclamar que se respete la ley, en lo que concierne a la libertad de expresión. Pretende, de esta forma, controlar a la población, reclamando para el Estado los mismos derechos y las mismas conquistas que la humanidad ha conseguido, precisamente, frente al Estado absolutista.

La Ilustración hizo surgir los derechos subjetivos del ciudadano respecto al Estado, los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, que son indispensables frente al poder del Estado. El hombre tiene, conforme al Derecho Natural (proclamado por la Ilustración) el derecho a ser libre. Por consiguiente, lo que corresponde al Estado es tutelar las libertades públicas, respetar y garantizar que la libertad intelectual, de cátedra, de opinión, de expresión, de reunión, de manifestación, puedan ejercerse sin coacción alguna. Estos derechos fundamentales, por disposición de la Constitución, que les concede mayor rango jurídico, se sustraen, precisamente, al control de la ley.

Tanto así que en la Constitución se establecen, más bien, restricciones al desarrollo de reformas legislativas que puedan vulnerar las libertades públicas. Y, por el contrario, se refuerzan y extienden dichas libertades fundamentales, estableciendo, incluso, procedimientos rápidos para su protección (Hábeas Corpus, etc.).

En ocasiones, en algunos países se crea un órgano supremo, con jurisdicción constitucional, con la función expresa de proteger las libertades públicas frente a los ataques que pudieran provenir de cualquier dependencia administrativa del Estado.

Esta autonomía de los ciudadanos conlleva para el Estado la obligación y el deber de preservarla. En este sentido, el derecho del hombre a actuar sin interferencias encuentra limitaciones sólo donde interfiera con derechos equivalentes de otros ciudadanos.

Se produce, aquí, una pugna entre dos bloques de derecho. El problema de filósofos y juristas burgueses radica en garantizar las libertades públicas sin restricciones, y, a la vez, limitarlas para que no invadan el honor, la intimidad y la fama de los demás. Esto obliga a definir legalmente, de previo, la naturaleza de esas posibles limitaciones y su extensión.

Sin embargo, en contra de lo que concretamente afirma la Secretaría de Comunicación del gobierno, la Constitución excluye expresamente que la crítica política al gobierno, ejercida en el marco de la libertad de expresión, pueda constituir delito.

Es decir, el gobierno no tiene derecho a pedir que se respete y publique lo que él asume que es la verdad. El gobierno burgués no es más que un grupo de personas electas para cuidar de las libertades (con ciertas restricciones legales, en casos extraordinarios, con el único objetivo de preservar esas libertades para todos los ciudadanos).

Cuando el gobierno habla de que los medios de prensa deben publicar sólo la verdad, abre un abanico de abusos para interpretar, por su cuenta, la naturaleza y la extensión de las restricciones a la libertad de expresión, según que alguna publicación se contraponga a su concepto de verdad. La realidad se interpreta de distinta forma, desde cada ideología. El fascismo niega la diversidad de ideologías, así, en lugar de realizar como corriente política la lucha ideológica, trata de imponer a los ciudadanos su verdad, desde el gobierno totalitario.

Por ejemplo, un señor de nombre Roberto González, en la celebración del Primero de Mayo, el 30 de abril pasado, desde la tarima donde compartía tribuna con el presidente, como miembro de este gobierno amenazó a las corrientes obreras que se proponían marchar de forma independiente por las calles, en celebración del Primero de Mayo.

¿Probablemente, hay alguna verdad, de contenido fascista, que a este señor le da derecho a restringir las libertades de los demás, aunque la inmensa mayoría de la población repudie el derecho represivo que se toma ese señor González? ¿Debía el gobierno, más bien, defender la libertad de manifestación de todas las corrientes obreras, y sancionar de inmediato a ese señor? ¿O… aprobar su discurso… y compartir con él la ideología fascista que justifica sus amenazas?
Toda esta superestructura jurídica, del Estado democrático, tiene un efecto progresivo práctico en la lucha de clases. Aunque ideológicamente encierra, sin embargo, una distorsión de la realidad, en la medida que pretende hacer del Estado una institución neutral. Gramsci, en “Cuadernos de la prisión”, puso de manifiesto que con el Estado no sólo se ejerce un poder político y militar, sino que ideológicamente se consolida, también, la hegemonía intelectual y cultural de la burguesía.

El desarrollo de la conciencia política del proletariado, sin embargo, no es posible más que por la propaganda revolucionaria, por la lucha ideológica abierta para revelar los intereses de clase que subyacen bajo las ideas y las consignas de las distintas fuerzas políticas, y por la movilización de las masas hacia la toma del poder. Por ello, los socialistas defienden las más amplias libertades democráticas, no como un ideal absoluto (como hace la ideología burguesa), sino, como lo aconseja Engel cuando orienta a los obreros a no dejar que le sean arrebatadas, en la medida que estas libertades favorecen su organización y sus luchas.

Sólo un tarado puede pretender que a golpes de represión contra las otras corrientes se fortalezca la conciencia obrera revolucionaria. La coherencia de su actitud represiva, se explica, más bien, sólo si su objetivo es más simple y mezquino: consolidar, por medio del ataque a las organizaciones independientes, un Estado fascista totalitario.

Sólo un ideólogo reaccionario puede pretender que se suprima el debate científico, filosófico, político, económico, social, artístico, etc., en aras de una supuesta verdad, controlada por el gobierno. Una actitud semejante llevó a Galileo a las mazmorras de la Inquisición.

El socialismo busca no sólo conocer, sino, transformar la realidad. Los diarios y los medios de prensa, en la medida que cumplen una función orientadora, no se limitan a presentar informaciones, supuestamente, objetivas (notas sociales, deportivas, crónica negra, datos económicos, etc.), sino que expresan una visión filosófica integral de la naturaleza y de la sociedad (esencialmente contradictoria y en desarrollo dialéctico), en todos los campos que influyen en la dinámica social. Es decir, los dirigentes de los medios de comunicación adoptan, necesariamente, un rol ideológico y político, desde una conciencia social determinada por el sistema que mejor responde a sus intereses.

Sólo un ideólogo reaccionario, fascista, puede pretender que desaparezca el rol político de los medios de comunicación, y que la libertad de prensa, en lugar de propiciar en todos los campos un debate ideológico entre la expresión política del materialismo y del idealismo, entre los intereses del proletariado y los de la burguesía, se restrinja a publicar datos objetivos, conformes con la verdad que defina un gobierno, caracterizado por el poder ilimitado de un líder mesiánico (necesariamente, estático y reaccionario).

*Ingeniero Eléctrico