Jorge Eduardo Arellano
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Un señor de apellido Borge dice públicamente ser socialista y, a la vez, en la edición del 1 de mayo de 2008 de EL NUEVO DIARIO, proclama que no hay nadie más leal que él al partido en que milita. Su expresión es la siguiente:
• “Podrán ser tan leales como yo, pero no más leales. Yo no dejé un segundo de mi vida de ser fiel a mi partido, ni un minuto, y ni en el futuro”.

Las ideas y lealtades personales que a ciegas --en el futuro-- pueda tener el señor Borge no interesan en absoluto. Nuestro objetivo (en condiciones de gran atraso político) es separar y diferenciar completamente el socialismo de este pensamiento huero, pomposo, reaccionario, propio de la burocracia.

Como cualquiera sabe, un socialista no es leal a su partido, sino a los principios socialistas. Un partido político es una institución histórica dinámica, sujeta a cambios cualitativos en el curso de la lucha de clases.

Un partido obrero socialista sufre cambios cualitativos si su línea política, en una coyuntura dada, no se corresponde con los intereses proletarios y, más bien, lleva a la claudicación frente a la política de la burguesía. En este caso, los militantes consecuentes rompen con el partido y reorganizan a la vanguardia bajo el rechazo conciente a la política de la dirección que ha traicionado los principios.

Durante la Primera Guerra Mundial, en 1914, los socialistas de la Segunda Internacional acabarían por respaldar --como consecuencia lógica de su política reformista de participación en el gabinete de los gobiernos burgueses-- los esfuerzos de guerra de sus respectivos países, traicionando el principio del internacionalismo proletario. Lenin proclamó, entonces, el fin de la Segunda Internacional y llamó a construir la Tercera Internacional para impulsar la revolución mundial. Naturalmente, puso como uno de los prerrequisitos, para entrar a la Tercera Internacional, que los partidos obreros proclamasen su desprecio al socialismo reformista de la Segunda Internacional.

Un partido que promueve la penalización del aborto terapéutico traiciona cualquier cantidad de principios socialistas. Esto es razón suficiente para un militante consecuente, no para serle fiel al partido y ausentarse por simple pudor del parlamento a la hora que se vota esta ley infame, sino para romper públicamente con la dirección oportunista.

La falta de contenido político que aquí se manifiesta en lealtades sin principios tiene su contraparte lógica en las diferencias y rupturas, también, sin contenido político.

Por ejemplo, en EL NUEVO DIARIO, el señor Borge y el señor Wheelock se señalan deméritos y faltas personales, sin que sus contradicciones insalvables alcancen nivel político, con relación a la lucha de clases.

Esta ausencia del carácter de clase en su actuar político no es una carencia inocua, sino, que revela, por necesidad dialéctica, la adherencia de ambos a una ideología pequeño burguesa reaccionaria. Veamos un ejemplo tomado de la polémica entre estos señores.

El señor Wheelock (que pretendió dirigir una revolución social) cree que al salir del poder debía retirarse a la “vida ciudadana”, para mantener a su familia. El problema no estriba en que trabaje para mantener a su familia, sino, que bajo el eufemismo de “vida ciudadana” esconda una completa claudicación política al sistema capitalista, que, supuestamente, se disponía a transformar al frente de la revolución (la cual, por contraparte, dejó a los trabajadores nicaragüenses en condiciones deplorables de existencia).

Dice el señor Wheelock en esa polémica con el señor Borge: “luché por imperativo moral y por dignidad. Con el deber cumplido, volví a la vida ciudadana”.

De manera que este señor racionaliza los motivos que le llevaron a luchar, a gobernar, a abandonar la política, a estudiar un postgrado (luego de perder el poder), etc., como impulsos de carácter estrictamente personal. Con lo cual, sus acciones responden a motivaciones ideológicas de la pequeña burguesía y, como tales, carecen de valor político para nosotros.

En el escenario de lucha de clases, los socialistas participan concientemente al lado del proletariado, y su destino personal está íntimamente vinculado a la lucha de las masas.

Un obrero no lucha por imperativos morales ni por dignidad (como racionaliza su participación política un pequeño burgués, como el señor Wheelock), sino, que un explotado por el sistema capitalista lucha por necesidades materiales, vinculadas a sus condiciones de existencia. Cuando intenta abolir la esclavitud asalariada, lucha por conciencia de clase, dentro de un partido socialista que se dispone a transformar el sistema de producción y las relaciones sociales, y a construir un nuevo orden social en alianza política con el resto de explotados y oprimidos, en beneficio de la colectividad.

¿Habrá entendido, alguna vez, un motivo político semejante de lucha, el señor Wheelock, que estuvo al frente de una revolución por imperativos morales?
¿Ha desaparecido, al perder el poder, el imperativo moral y la dignidad inicial en el señor Wheelock, y eso le impide continuar la lucha por una revolución social? ¿O no se trataba, en ningún momento, de dirigir una revolución social? Las motivaciones personales de un pequeño burgués siempre son inconsecuentes.

¿El imperativo moral estaba, simplemente, vinculado al poder? ¿De qué imperativo moral se trataba entonces? Al salir del poder, ¿el imperativo económico se vuelve, para él, más fuerte que el moral? ¿O siempre el imperativo económico, personal, fue más fuerte que el imperativo moral, puramente personal?
Como dirigente de una revolución, ¿tenía una conciencia política de vanguardia, de carácter colectivo, proletaria, o siempre tuvo una conciencia economicista individual?
¿La conciencia del señor Wheelock cambia, y se vuelve economicista e individual, porque ha cumplido con su deber? ¿Cuál era su deber? ¿Es que el señor Wheelock cumple con su deber, cuando la revolución --que él dirige-- se desvía de la ruta al socialismo? ¿Es, entonces --hasta que la dirección reaccionaria logra consolidar el reflujo y atomización de las masas-- que el señor Wheelock corona su deber, hace a un lado el imperativo moral y la dignidad, y regresa a la vida ciudadana?
La economía del país, al final del gobierno del señor Wheelock, había retrocedido cuarenta años, ¿es en ese momento que el señor Wheelock da por cumplido su deber?
El señor Wheelock orienta que dejar la actividad política para dedicarse a los estudios profesionales es un mensaje que puede evitar que Nicaragua se condene.

El socialismo, el materialismo histórico, enseña lo contrario. Que la transformación conciente de la realidad alienante y la derrota del sistema de producción basado en la explotación es la más alta actividad humana. Y que el futuro de los oprimidos y explotados, incluso para abrirles realmente enormes posibilidades de acceso al conocimiento universal, a la técnica y a la ciencia, radica en una revolución social.

Al concluir, el señor Wheelock llama públicamente a una nueva unidad con el partido en el poder, obviamente, sin ningún análisis político de clase (al igual que cuando se separa de él). ¿Qué nuevo imperativo moral, qué sentido de la dignidad, qué deber por cumplir…, le impulsa, ahora, a dejar la vida ciudadana, y a aspirar a compartir el poder? La conciencia economicista individual de la pequeña burguesía, da giros morales oportunamente.

El mensaje a la juventud, en consecuencia, debe tomar de ejemplo al señor Wheelock, pero, para invitarle a romper concientemente con la ideología de la pequeña burguesía, de la cual, por desgracia, el señor Wheelock es uno de los más recalcitrantes representantes.

Un militante socialista, fiel a los principios, no aceptará jamás, ni las consideraciones morales de la pequeña burguesía para actuar en política, ni militar en un partido con independencia de la línea política que éste adopte en cada circunstancia (o, peor aún, con independencia de la que adopte ¡en el futuro!). La esencia de la militancia socialista se concentra, más bien, en la construcción dinámica, dentro del centralismo democrático, del carácter de clase de la línea política que el partido obrero debe adelantar siempre en cada coyuntura histórica.

*Ingeniero Eléctrico