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Nunca mejor que ahora, cuando el MINED se encuentra en un proceso de construcción del Modelo de Calidad, es la oportunidad para aportar a la construcción del concepto endógeno de Calidad que requiere el país. En la medida que auscultamos el concepto de calidad desde una visión integral, son cinco dimensiones las que en conjunto la dimensionan. Las mismas son producto de muchos aprendizajes logrados por los países, así como de la producción investigativa. También la UNESCO, a través de su Oficina Regional OREALC, formula aportes similares. Estas dimensiones que totalizan la Calidad de la Educación son: Relevancia, Pertinencia, Equidad, Eficacia y Eficiencia. Cuando cualquiera de ellas no se da, se afecta el logro de la Calidad. De esta manera se adopta una mirada comprehensiva para la convivencia democrática, la cultura de paz y los derechos humanos en la perspectiva de mejorar la calidad de los aprendizajes.

La relevancia y el aprendizaje de la ciudadanía democrática, la paz y los derechos humanos: Se refiere al “qué” y al “para qué” de la educación, los contenidos y los fines que Nicaragua fija a la educación. Desde la Cumbre de Dakar queda claro que la educación, como derecho humano fundamental, es elemento clave para el logro del pleno desarrollo de la persona, el desarrollo sostenible, la paz y estabilidad del país. Por tanto es un medio indispensable para participar en las relaciones sociales y económicas en este nuevo siglo. Nuestra educación será relevante, si promueve aprendizajes de competencias necesarias para desarrollar los proyectos de vida de cada persona, con margen de autonomía y responsabilidad; para integrarse en las actividades sociales, productivas y culturales del país. Ello implica crear condiciones para una escuela democrática que ejercite una pedagogía del entendimiento y la concertación, no de la confrontación. No basta con que promuevan competencias de lectura, escritura y operaciones básicas, sino que debe proporcionar, también, formación para ejercer ciudadanía, contribuir a una cultura de paz y a la transformación social.

Lo anterior concuerda con los cuatro pilares de la educación que propone el Informe Delors de UNESCO: aprender a conocer a través de una escuela que desarrolle el pensamiento por medio de una pedagogía crítica; aprender a hacer que ha de concretarse en una escuela abierta a la comunidad y al mundo que desarrolle una pedagogía de la responsabilidad; aprender a convivir para lo que se requiere de una escuela pluralista que desarrolle una pedagogía de la libertad.

La pertinencia y el aprendizaje de la convivencia, la paz y los derechos humanos: Responde a la pregunta de una educación “para quién”, en tanto debe contribuir a que todas las personas, independientemente de su nivel social, cultural y económico, construyan su propio proyecto de vida personal basado en su libertad y responsabilidad social. Por ello la educación del país ha de ajustarse a las diversas necesidades del estudiantado, con estrategias de enseñanza-aprendizaje orientadas a la comprensión de las diferencias y el conocimiento de distintas culturas y creencias. Ello se ha de concretar por medio de una pedagogía de la diversidad. Este aprendizaje democrático en la escuela significa que las expresiones culturales y sociales diversas se expresen en currículos pertinentes, modos de relación y normas de comportamiento respetuosas de la diversidad, lo que requiere de una escuela flexible que dé cabida a una pedagogía de la diversidad.

La equidad y el aprendizaje de la convivencia, la paz y los derechos humanos: Esta dimensión implica una educación que debe asegurar el derecho a no ser discriminado ni socialmente excluido, para lo cual la persona debe participar activamente en la sociedad. La discriminación y exclusión provocan un trato incompatible con la dignidad humana. En la escuela esta discriminación suele reproducir prejuicios y estereotipos de la sociedad, por lo que suele constituirse en una institución que reproduce la exclusión y la desigualdad. Su transformación en una institución comprometida con la construcción de la paz, la convivencia democrática y los derechos humanos, requiere convertirse en una escuela “inclusiva” que acoja a todos y se comprometa con el aprendizaje de todos y con su éxito en el trayecto educativo, independientemente de su condición social y cultural. Esto exige que nuestras escuelas se transformen en escuelas justas, en las que se aplique la pedagogía de la inclusión.

La eficiencia y la eficacia y el aprendizaje de la cultura de convivencia, la paz y los derechos humanos: Aunque muchos confunden estos atributos con la calidad, aportan a ésta pero no son suficientes. Desde la eficiencia se trata de que la educación tenga capacidad para producir los máximos resultados con el mínimo tiempo, recursos y energía, lo que guarda relación con la interacción que se dé entre resultados e insumos requeridos, e implica unos resultados mayores y mejores con menos recursos, de manera que no se desechen medios ni esfuerzos. Desde la eficacia se contempla la capacidad de los centros educativos para lograr los propósitos, cumpliendo sus objetivos y metas. Uno de los principales vacíos del aparato educativo suele ser su bajo nivel de eficiencia y eficacia, con la excusa de que los procesos educativos son largos y complejos. Una mirada rápida a sus indicadores generales nos muestra la tasa elevada de desperdicio educativo, en tanto miles de estudiantes abandonan las aulas en los primeros grados o no tienen éxito en sus resultados, permaneciendo más tiempo en un grado de lo planificado, ocupando el lugar que debieran ocupar otros alumnos que ascienden en los niveles educativos.

Visto desde la mirada del derecho a la educación, no basta con este criterio, es preciso que este derecho sea integral, lo que demanda cambios profundos en la escuela actual, hacia una escuela del éxito en la que todas las acciones se dirigen a lograr que todos los alumnos avancen en su trayectoria con la calidad debida y en el tiempo requerido. Esta educación para todos y el éxito de todos en la educación será posible aplicando una pedagogía del éxito.

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