Rafael Lucio Gil Ph. D.
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La educación del país requiere cambios profundos en su modelo educativo. Al nivel del MINED central, éstos se perfilan con amplia participación de instituciones y organizaciones, por las ocho Comisiones que giran en torno a los nudos críticos de la educación. La Asamblea de Comisiones celebrada el 3 de Octubre, con participación de más de trescientos representantes, evidenció riqueza de experiencias y propuestas en construcción, todas girando en torno al Currículum y al Sistema de Formación de los Recursos Humanos. Por cualquiera de los caminos cada Comisión acaba desembocando en la clave: el(la) Maestro(a).

Dos lógicas de la educación en curso requieren encontrarse: la lógica estratégica que idea el futuro desde el centro del subsistema educativo y la lógica local del centro educativo.

Ambas, por ahora, caminan por vías que parecen alejarse entre ellas, profundizando la brecha existente. Los maestros, ubicados más en la segunda lógica, desconocen las dimensiones que tiene el cambio estratégico, en tanto participan muy poco en las Comisiones, y algunos de sus Sindicatos son poco sistemáticos en las reuniones que se convocan. Este distanciamiento, de no acortar distancias desde el centro hasta el nivel local, pone en serio peligro el éxito y sostenibilidad del planteamiento estratégico, dado que serán los maestros que, al fin, tendrán que aplicar en el centro cada propuesta de las Comisiones. Es importante que el país y sus instituciones se formulen una pregunta clave que atraviesa la historia de la educación en todas sus épocas: ¿Por qué razón, si todos los cambios y reformas educativas han de ser aplicados por los maestros y maestras, no se les involucra con el nivel requerido en sus procesos de construcción? Tal pregunta, hasta hoy, no ha tenido respuestas coherentes en los distintos períodos de gobierno. Siendo el maestro y la maestra uno de los Principios de nuestra Educación, asumido por el Plan Nacional de Educación, el Foro Nacional de Educación y la Ley General de Educación, en ninguna de las políticas de los últimos años, se formulan políticas consistentes destinadas a fortalecer al magisterio. ¿No es muy extraño este desatino?

Cuando preguntamos a grupos de maestros de diversas procedencias y niveles, con fines investigativos, acerca de su situación, las coincidencias son aplastantes, y nos sugieren otra pregunta: ¿Tiene sentido que el país se proponga mejorar la calidad de su educación, si la pobreza de los maestros ni siquiera les permite tener calidad de vida? Esto piensan:
-Sienten que el país no les reconoce el nivel intelectual alcanzado, un salario justo ni el aporte social y educativo que brindan. Perciben que la sociedad y los padres de familia no apoyan su labor, delegando en ellos totalmente la educación de sus hijos, desresponsabilizándose de su tarea educativa primaria. Además, se sienten expuestos a la violencia en el centro.

-Son del criterio que su trabajo les exige emplear muchas más horas de las que están en su centro educativo; la planificación didáctica, la preparación de pruebas, la consulta bibliográfica, la elaboración de medios de enseñanza lo desarrollan en su casa, por no tener condiciones ni tiempo para hacerlo en el centro. En conclusión, descuidan su familia, su salud y no tienen tiempo de descanso. Para poder subsistir con su familia, asumen varios turnos de clase en otros centros o hacen trabajos complementarios: venta, planchado, costura, etc.

-Ven que su trabajo les exige estar toda la jornada de pié, forzar la voz, realizar esfuerzo físico excesivo, adoptar posturas incómodas ante la falta de mobiliario adecuado, iluminación deficiente o nula, temperatura inadecuada, contaminación acústica, falta de agua potable y energía, etc. Mientras la ergonomía y las leyes laborales exigen que las condiciones de trabajo se adecúen a las tareas que han de desarrollar, más bien ellos se deben adecuar a las condiciones. No cuentan con material didáctico y curricular imprescindible y si, a esta carga física añadimos la carga emocional y mental con el desgaste que ella supone, el cuadro es aterrador. Tres tipos de patologías les son comunes: dolores de espalda, angustia, insomnio, dificultad de concentrarse y consumo de fármacos para dormir. Es común que acusen síntomas de estrés y depresión, sumándose el factor del Índice de Desgaste Emocional.

-Consideran inadecuadas las formas de contratación establecidas, están muy descontentos de la Seguridad Social, así como de las condiciones antihigiénicas de los centros. El Escalafón existente les desmotiva al no valorar debidamente su desempeño y posibilidades de promoción. Casi la totalidad siente que no recibe ningún reconocimiento institucional por su labor docente. Se les pide calidad y atención personalizada cuando sus aulas rebosan con más de cincuenta alumnos.

Este triste panorama bien merece un compromiso de todos para devolver la esperanza a nuestros maestros, mejorando su calidad de vida y la calidad que merece la educación.