Diego Saavedra Mayade
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La decisión tomada por un periodista del New York Times de publicar la “historia” del soldado Jessica Lynch en Irak, de nuevo nos lleva a interrogarnos sobre el papel que juegan los medios de comunicación norteamericanos en la preparación y la justificación de las intervenciones USA en diferentes partes del mundo. Noam Chomsky, en su obra elaborada junto a Edward S. Herman “Manufacturing consent” describe todo el procedimiento que conlleva  a la manipulación de la información por los grandes consorcios de divulgación ligados al complejo militaro-industrial y al mundo de las finanzas afín de condicionar la opinión pública.

Dos grandes conflictos son el ejemplo contemporáneo de una práctica indispensable para el éxito de las operaciones norteamericanas en el exterior: Yugoslavia en 1999 e Irak en 2003. Cabe señalar que la responsabilidad sobre los medios tergiversados es tan común a los demócratas como a los republicanos. En efecto, es bajo el gobierno de Bill Clinton que se llevaría  a cabo el sabotaje de las negociaciones de Rambouillet (Francia) entre las autoridades serbias y las fuerzas irregulares albanesas del Kosovo (UCK). Quien se encargaría  de provocar el colapso de las conversaciones sería Madeleine Albright, enviada especial de Clinton. La difusión internacional de los eventos trágicos de una pequeña aldea kosovar-albanesa llamada Racak sería el detonante para consensuar el bombardeo criminal a Yugoslavia y evitar toda solución pacífica.

El descubrimiento de una “masacre” por el embajador de los Estados Unidos William Walker el 16 de enero de 1999 dio el pretexto “humanitario” para la agresión de la OTAN. Walker acusó a las fuerzas de seguridad serbias por la matanza de 45 civiles. Solamente periodistas albaneses tendrían acceso al lugar, lo cual se les negó a los otros previamente. En definitiva, expertos argumentaron que los cuerpos habían sido desplazados y amontonados para simular una masacre. Resultó que la aldea había sido evacuada tiempo antes por combatientes del UCK y que se encontraba bajo su control. Por otra parte, el día anterior la policía serbia había entrado en combate con los irregulares lo que explicaría la presencia de cadáveres en los alrededores. En fin, los propios habitantes de la aldea, luego no reconocerían los rostros de quienes supuestamente eran sus vecinos. Pero la información manipulada cumplió con su papel: las tropas de la OTAN podían iniciar su misión “humanitaria”.

William Walker, que lleva muy bien su nombre, no es un desconocido en América Central donde hizo casi toda su carrera. En 1985, fue Secretario de Estado adjunto para los asuntos de América Central. Walker fue el promotor de una seudo - operación humanitaria  en la base aérea de Ilopango en El Salvador que no era mas que un pretexto para pasar armas y municiones a los contras de Nicaragua. Fue nombrado embajador en El Salvador de 1988 a 1992. A fines de 1989, cuando militares salvadoreños ejecutaron a seis sacerdotes jesuitas, una trabajadora y su hija de quince años, habló de estos asesinatos como de “un problema de gestión que puede existir en tales situaciones”. Mas tarde le pidió al Secretario de Estado James Baker que los Estados Unidos no “comprometieran” sus relaciones con El Salvador investigando las “muertes del pasado, tan odiosas fueran”.(Datos de Tania Noctiummes y de Jean-Pierre Page).

Para ampliar el tema, es preciso señalar la importancia de las grandes agencias de relaciones públicas norteamericanas que favorecen el trabajo de distorsión de la información de los medios de comunicación. Por ejemplo. Durante el conflicto en Bosnia, la firma Ruder Finn Inc bajo la dirección de James Harff, fue contratada por los gobiernos de Croacia y Bosnia para modificar la imagen del conflicto difundiendo falsas noticias sobre violaciones masivas de mujeres y campos de la muerte por parte de los serbios. Por supuesto The New York Times, Newsweek y otros se encargaron de certificar estos hechos nunca esclarecidos. (Datos de Jacques Merlino)

La administración Bush como sus antecesoras necesita representar ante la opinión pública al soldado norteamericano en una valiente faena de liberación de los oprimidos, sobretodo tomando en cuenta que  muchos civiles son víctimas mortales del miedo permanente de las tropas US ante un enemigo oculto que instaura un clima de verdadera paranoia. Recordemos que en una época el personaje de “Rambo” sirvió en una de sus películas para idealizar a los famosos “combatientes de la libertad” de Ronald Reagan en Afganistán.

Hoy se trata de difundir la imagen del “heroísmo” US a través de la aventura del soldado Jessica Lynch. Es así como en abril del 2003, los medios de comunicación difundieron su historia según la cual habría sido capturada después de caer en una emboscada el 23 de marzo. Lynch había resistido hasta el final disparando hasta agotar sus municiones. Fue finalmente herida de bala, apuñalada, atada t conducida a un hospital en Nassiriya. Ahí fue golpeada y maltratada por un oficial iraquí. Una semana mas tarde, unidades de elite norteamericanas la liberaban a raíz de un operativo sorpresa. A pesar de la resistencia de los soldados iraquíes, los comandos penetraron en el hospital, se apoderaron de Lynch y la llevaron en helicóptero a Kuwait. El Pentágono se encargó días después de difundir una cinta de vídeo con los “detalles de la acción”. Sin embargo, finalizado el conflicto, numerosos periodistas se dirigieron a Nassiriya para verificar la información (en particular del Los Angeles Times, del Toronto Star, del País y de BBC World). Ahí caerían de las nubes ante la enorme mentira. Resultaba que, según entrevistas a médicos iraquíes, confirmadas por doctores norteamericanos que atendieron a la joven Lynch después de su liberación, que las heridas, una pierna y un brazo fracturados, un tobillo dislocado, no se debían a disparos de armas de fuego sino que habían sido  provocados por un accidente del camión en que viajaba.  Tampoco había sido maltratada, al contrario los médicos habían hecho todo para sanarla. “Había perdido mucha sangre, contaba el doctor Saad Abdul Razak y tuvimos que hacerle una transfusión. Afortunadamente,  miembros de mi familia tienen el mismo grupo sanguíneo que ella: O positivo. Y pudimos obtener sangre en cantidad suficiente. Su pulso latía a 140 cuando ella llegó aquí. Pienso que le salvamos la vida”.

Asumiendo riesgos insensatos, esos médicos trataron de conducir en ambulancia a su paciente a  proximidad de las líneas norteamericanas. Pero los norteamericanos abrieron fuego y por muy poco matan a su propia heroína.

La llegada antes del amanecer,  el 2 de abril, de los comandos especiales con un impresionante arsenal  sofisticado sorprendió al personal del hospital.  Decía el doctor Anmar Ouday a John Kampfner de la BBC: “Era como una escena de Hollywood.  No había ningún soldado Iraquí pero las fuerzas especiales norteamericanas hacían uso de sus armas.  Tiraban al aire y se escuchaban explosiones. Gritaban ¡ Go, go ,go!. El ataque contra el hospital era una especie de show o una película de acción con Sylvester Stallone”.

Las escenas fueron filmadas con una cámara de visión nocturna por un antiguo asistente de Ridley Scott en la película “La Caída del Halcón Negro”. Según  Robert Scheer del Los Angeles Times, esas imágenes fueron enviadas para montaje al Comando Central del ejército de los Estados Unidos  en Qatar y una vez  supervisadas por el Pentágono difundidas en el mundo entero. (Datos de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique)

Fue una obra de arte de la propaganda de guerra pero la mentira, aún cuando sea desmentida a cabalidad, habrá cumplido con su propósito en la opinión pública norteamericana.