Ana José Campos*
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A mi hijo y a mi casi hija: ambos Periodistas

Uno de los hijos de nuestro Presidente Daniel Ortega estudió la carrera de  Comunicación Social en la Universidad Centroamericana. Es más, la esposa de ese muchacho también es periodista egresada de esa universidad. Ambos son periodistas y posiblemente ambos aman esa carrera.

Esto quiere decir que nuestro mandatario puede ponerse en nuestro lugar. En el lugar de nosotras las madres de los periodistas y comunicadores sociales de Nicaragua. ¿Se imagina usted, señor Ortega, si hubieran sido su hijo o su nuera los que soportaran esa torrencial lluvia bajo un “pobre” techo del INCAE?

Como madre de un periodista me uno al clamor del Periodismo Nacional que urge de mucha mayor protección, en comparación con la escasa que actualmente gozan. Es inaudito como un Gobierno le cierre sus puertas a todos los medios de comunicación que lo único que buscan es la información propia de todos los nicaragüenses: sus Ministerios, sus Instituciones, sus Programas y Proyectos y, sobretodo, su Libertad de Expresión.

Me uno a esta lucha porque ya muchos han muerto por hacer su trabajo y, aunque no todos los Gobiernos han sido vehementes con los medios de comunicación, ¿por qué no iniciar con este nuevo Gobierno que tanto se ha vanagloriado de su supuesta identificación con los pobres del mundo?

Debería identificarse también con el arduo trabajo de los medios independientes que son críticos, que crean debate, que cuestionan las actuaciones del Gobierno con el propósito de llegar a mejores conclusiones para todos. Que gran error es confiar en sus propios medios “oficialistas” que lo único que hacen es transmitir ideas manipuladas; tratando de engañarnos con sus noticias y discursos que lejos de hacernos sentir mejor, solo nos recuerdan una época de tanto dolor y sufrimiento como fue la guerra.

Para colmo esos mismos medios “oficialistas” también son víctimas de la desconsideración y falta de humanismo que doña Rosario Murillo impone al planear las reuniones de Gobierno o conferencias de prensa a altas horas de la noche.

¿Por qué este Gobierno se empeña en tener a todos en su contra? No lo logro entender, y tampoco lo entienden muchas madres que sienten pavor cuando el señor Ortega está a punto de emitir uno de sus maratónicos discursos llenos de resentimiento y de “lavados de manos”.

Confieso que confié mucho en el señor Ortega cuando ganó las elecciones aunque no haya votado por él. Pero que rápido se acaban los sueños en un país tan pequeño en todos los sentidos. El Presidente ha hecho mucho en poco tiempo, pero poco para lo mucho que había prometido; sin importar que aún le falten muchísimos años en la cúspide.

Demasiada desconfianza es lo que ahora persiste en casi todos los nicaragüenses. Porque se está tratando de que seamos como los tres monos que no escuchan o que no observan o que, en el peor de los casos, no pueden hablar (gritar). ¿Cómo podríamos caminar si nuestros órganos más importantes de fiscalización están en sillas de ruedas o con las mandíbulas rotas?

Solo es cuestión de ponerse la mano en la conciencia. Y que en lugar de visitar cada país lleno de enemigos internacionales o con ansias de aprovecharse descaradamente de nuestro pedacito de país, el huracán Ortega repare los daños que ya causó hacia el Periodismo nacional que tanto esfuerzo ha hecho por mantenerse en pie.

* Madre de un periodista nicaragüense