Victoriano Arteaga Nuñez
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Después de leer el artículo “La generación de los 60 llega a los 60”. (Quinta parte) del Sr. Jacinto Suárez Espinoza, me pareció necesario hacer aclaraciones a algunos desaciertos escritos por él en el mencionado escrito. En primer lugar los hechos de los muertos del zanjón de Posoltega no fueron en 1963, sino el 19 enero de 1964 y Juan Angel López no recibió órdenes de los terratenientes para asesinar a mi padre, sino que la recibió de la dictadura. Las órdenes de los terratenientes existieron, pero no para matar a mi padre, sino a los sindicalistas. Segundo, mi padre nunca fue hacendado, como son algunos de la generación de los sesenta a la que pertenece el Sr. Suárez, Victoriano Arteaga fue conservador, como lo fue Germán Pomares Ordóñez y Narciso Zepeda de la Juventud Conservadora y luego co-fundadores del FSLN. Esta Juventud Conservadora fue la que generó un gran ascenso en muchos facetas de la vida política de la época y no fueron culpables de la traición de Agüero. Muchos de estos conservadores o hijos de ellos engrosaron las filas del FSLN y Suárez lo sabe.

Tercero, ¿por qué la dictadura y no los terratenientes dan la orden de asesinar a mi padre? Hay un hecho que Suárez ignora y es que mi padre era un simple mandador de la hacienda San Carlos de Chale Montealegre en la zona de la Villa Salvadorita (hoy 19 de Julio) en el boom algodonero y se involucró con movimientos campesinos que lucharon por las tierras de Tonalá, Sirama y Rancherías, se convirtió en un mal ejemplo para la dictadura y para los conservadores, porque cuando se distribuyeron las tierras mi padre no se quedó con una sola manzana, pues el tenía una pequeña ferretería llamada “El Clavito” con ventas al fiado anotadas en tarjetas de cartulina (para que Suárez tenga dimensión de las riquezas de hacendado de mi padre).

Cuarto, los campesinos asesinados ese día no eran sindicalistas, eran trabajadores de la hacienda San Carlos que estaban presentes en el momento del asesinato de mi padre por parte de un guardia, Cayetano Urey, tractorista, Eduardo Flores, bodeguero, Eduardo Urey, jornalero cargaron el cadáver de mi padre manchándose de sangre; una patrulla de la guardia se percató de eso y los siguió por la carretera al Guasaule, los alcanzaron y los asesinaron, luego les dieron fuego y los botaron en los zanjones de Posoltega.

Quinto, Victoriano Arteaga con Germán Pomares, Narciso Zepeda, Aurelio Carrasco y el Dr. Heriberto Carrillo con un grupo de personas fueron los únicos, en Nicaragua, que celebraron públicamente el triunfo de la Revolución Cubana y cayeron presos por ese atrevimiento. También mi padre fue acusado en un par de ocasiones por trasladar armas. Suárez debería investigar historia, datos del Danto, del Dr. Heriberto Carrillo, Orden Carlos Fonseca Amador, perseguido en esa época por Juan Angel López y conocedor de los hechos del 64.

Sexto, cuando Suárez dice: “Las muertes del zanjón de Posoltega manchaban a Rodríguez Somoza, amén de uno de ellos, (Arteaga) no era precisamente “un comunista”, sino un conservador”, pareciera que ser conservador cuando el FSLN no existía era pecado o que sólo el FSLN ha escrito la historia antidictatorial en Nicaragua, es sin duda la más valiosa hasta el 79, pero no la única, pues hubo muchos movimientos armados antes del FSLN, también existieron las FARN, aunque más efímera y escondida por la historia oficial guerrillera.

Séptimo, el conservador dio un hijo guerrillero que murió en las filas del FSLN, Pablo Manrique Arteaga, muerto en un asalto a la agencia de la Pepsi Cola en León, el 22 de junio de 1973, en el período de acumulación de fuerzas en silencio. Todos mis hermanos y mi madre apoyamos el proceso revolucionario, nuestra casa fue casa de seguridad y estuvimos en el FSLN hasta cuando se convirtió en danielismo, hasta cuando fue necesario a nuestro criterio, pero no hemos dejado de ser sandinistas.

El conservador Victoriano Arteaga, Sr. Suárez, no amasó fortunas como hacendado, como amasaron muchos líderes del FSLN después de la derrota electoral ante Doña Violeta Barrios de Chamorro, eso es más ejemplar que algunos miembros de la generación de los sesenta que están en los sesenta disfrutando de riquezas mal habidas. Los Arteaga conservamos con mucha dignidad el ejemplo de nuestro padre.