Jorge Eduardo Arellano
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Ya se miraba venir, era como una nube negra que se va poniendo en el poniente y que inevitablemente nos hace suponer un aguacero tropical; así de inevitable y seguro, máxime si nos encontramos a campo traviesa, desguarecidos, sin protección ante la intemperie; las gotas nos mojan con la velocidad que tienen los pájaros cuando buscan el nido para llegar a proteger a sus críos. La naturaleza es bella e implacable. Cuando llega mayo llegan las lluvias, pero también son un preámbulo de la buena o mala cosecha; los campesinos ya tienen preparada su tierra, los aperos ya han sido utilizados, la tierra está porosa y sólo basta esperar si el dios de la lluvia será noble con nuestras necesidades. La naturaleza y los dioses nos avizoran cuál será su carácter, a veces son imprevisibles, otras, como cuando la madre tierra anuncia la tormenta, es totalmente transparente, nos lo advierte y cumple con su amenaza; pero ante cualquier circunstancia, nosotros mismos sabemos a qué nos atenemos, en qué confiar y qué esperar de los fenómenos que a veces nos bendicen, y otras nos castigan. Lamentablemente los gobernantes son todo lo contrario a esta dinámica de nuestro frágil mundo.

Cuando hacemos remembranzas de las campañas electorales y sacamos las cuentas de cuántas promesas se invirtieron, cuántas nos ofrecieron, y más importante aún, cuántos creyeron en los cantos de sirena; si les diéramos un valor en oro a todos estos capitales virtuales, daría tantos recursos para comprar las deudas externas e internas de casi todos los países pobres del mundo. Definitivamente que cuando se asume el poder, ellos se dan cuenta que no es lo mismo ser oposición que ser gobierno; al pueblo lo podemos contentar un tiempo prudencial, pero cuando se nos acaban las justificaciones de que no lo hacemos bien por culpa del gobernante anterior, cuando ya los argumentos se convierten en demagogias que no pueden disfrazarse, entonces la cosa se comienza a complicar.

En muchas ocasiones, quienes fueron oposición por muchos años tenían como prioridad el desgaste del gobierno en el poder; casi con una filosofía nihilista se oponían a cualquier política o gestión de Estado, se promovían huelgas por casi cualquier cosas: porque el cielo estaba nublado, porque las gallinas no ponían huevos, porque no había buena pesca y hasta porque el perro de su casa estaba lleno de garrapatas. Se convirtió a Nicaragua en un productor mundial de lanzamorteros, y las pirotecnias prosperaron de forma astronómica en la fabricación de las municiones que atemorizaban a las fuerzas antimotines. Protestar por protestar era la consigna.

La realidad de todo se puede medir en cuanto a las intenciones de la oposición política beligerante de todos los gobiernos de la nueva democracia en Nicaragua, a partir del año noventa. ¿Realmente tenían intenciones de llegar al poder o sólo les interesaba gobernar desde abajo? ¿El triunfo electoral los tomó por sorpresa? Las respuestas dependen de las verdaderas intenciones que se tengan una vez que calientan la silla presidencial. A pesar que la nueva oposición no ha encontrado su verdadera razón de ser, el pueblo no puede esperar a que ellos se pongan de acuerdo. Las condiciones sociales que fomentan las protestas se han venido desarrollando de una forma espontánea, y sin intervención de una mano pachona como la CIA, la derecha oligárquica a como les gusta llamarles los nuevos oligarcas de izquierda. Igual que en muchas cosas que no caminan bien, sólo es cuestión de tiempo para que explote la sociedad en aras de la reivindicación de sus justos derechos.

El problema que veo es sectorizar la crisis. Si bien es cierto en este momento es el sector transporte, no debemos desviar la atención en otras aristas del problema. Esta protesta es apenas una de las mechas que se va encendiendo en el contexto nacional, es tan sólo una pequeña parte del problema.

A los nuevos gobernantes se les transformó la silla presidencial en una bomba de tiempo.

Ahora bien, depende de ellos que apaguen las mechas que se encienden con el simple aliento popular, o prepararse cuando les estalle en las manos una protesta incontrolable de un pueblo beligerante y preparado por ellos mismos cuando eran oposición. Casi en otras palabras, están recibiendo una cucharada de su misma medicina.

Entonces, dependerá de todos los sectores y del mismo gobierno la agudización de la crisis; mañana puede surgir, aún en contra de la voluntad del súper diputado oficialista y que le gusta el aire acondicionado y el agua francesa en las plazas, la protesta del sector salud, los médicos y demás trabajadores de este rubro que están ahogándose con la inflación incontrolable. Lo mismo ocurre con los maestros de los diferentes subsistemas educativos que tienen un vergonzoso salario. La industria del pan se está convirtiendo en un lujo; ya ni el mendrugo de pan se podrá llevar a la boca el pobre. Para qué pobres del mundo, si tenemos millones de pobres en Nicaragua.

Se están poniendo muchas nubes negras sobre Nicaragua. El panorama no es nada alentador. La cultura del nicaragüense es tratar de resolver los problemas hablando directamente con el que tiene la autoridad para resolverlo. Muchos de estos líderes de la protesta eligieron a este Presidente, aún más, se arrogan el derecho de hablar directamente con él y que tenga la voluntad de resolverles en la medida de lo posible sus problemas más sentidos; y ahí es donde por el momento radica el problema: ¡no quiere darle la cara a sus propios electores, ya no digamos que sus propios pobres! Parece que la historia se repite, aquella donde los gobernantes se dejaban guiar, no por realidad, sino por bolas de cristal, barajas y sortilegios envueltos en colores vistosos como circo chino.

Con esta actitud arrogante e irrespetuosa me pregunto: ¿Se apaga o se enciende la mecha popular? Nicaragua tiene mucha historia de rebeliones populares contra los tiranos, como cantaba el grupo Pancasán: “¡Tiene que cambiar la historia, o se tiene que joder! ¡Porque un pueblo que va a la victoria, no se puede nunca detener!”; y nos referimos a una victoria reflejada en obtener respuestas a sus demandas, a como dije, no es sólo el problema con el transporte, de esto se derivan muchas cosas. Lo ridículo es decir ahora que no tienen sentido estas protestas, pero sí eran súper justas cuando se le hacían a los anteriores gobiernos, ¿Estamos claros de semejante cinismo? Lo que es bueno para el ganso también debe ser bueno para la gansa, así de sencillo mis queridos amigos. Quien se propone llegar al poder debe asumir todas las consecuencias de su mal gobierno. El problema es haber regalado tantas promesas aún sabiendo que era imposible cumplir al menos con lo mínimo; y por culpa de una minoría que votó por ellos es que la pagamos ahora las mayorías. Gracias a los que no se siguen poniendo de acuerdo por sus ansias de poder personales.

Al final de todo, lo importante debe ser que el gobierno de los pobres del mundo se dé cuenta que tiene una bomba de tiempo social y popular en sus manos. Lo ideal es que la desactive a través de sus gestos y acciones de querer resolver la crisis; es lo mejor para todos, sólo el día siguiente puede marcar al cero en el conteo
regresivo de esta triste historia en mi sufrido país.