Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Mientras el Estado de Israel celebra su 60 aniversario, los palestinos recuerdan la Nakbeh o la “catástrofe”-- su historia de desposeimiento, ocupación y falta de nacionalidad--. Pero, para ambos bandos, así como para las potencias externas, los acontecimientos de 1948 y lo que vino después --la ocupación desde 1967 de los restantes territorios de la Palestina histórica-- representan un fracaso trágico.

La mayor responsabilidad por este fracaso recae sobre Israel, debido a su continua ocupación militar y sus asentamientos ilegales. A pesar de los homenajes verbales a la paz, la negativa por parte del Ejército israelí de abandonar los territorios ocupados, sigue siendo una contravención directa de lo que el preámbulo de la resolución 242 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas calificó como la “ocupación inadmisible de la tierra por la fuerza”.

Sin embargo, la comunidad internacional, los palestinos y los árabes también son responsables, aunque en diferentes niveles. En rigor de verdad, la lista de desilusiones data de antes de la condición de Estado israelí y de la propia Nakbeh: la Comisión King-Crane de 1919, el Informe Peel de 1937, el Documento Blanco Británico de 1939, el Comité Anglo-norteamericano de Investigación de 1945 y el Plan de Partición de las Naciones Unidas de 1947. Desde entonces, hemos tenidos las resoluciones 194, 242 y 338 de las Naciones Unidas, el Plan Rogers, el Plan Mitchell, el Plan Tenet, Camp David, Taba, el Plan Saudita, la “hoja de ruta”, la Iniciativa de Ginebra, People’s Choice y la Iniciativa de Paz Árabe.

Sin duda, palestinos y árabes también deben asumir la culpa por su incapacidad para enfatizar, reconocer y entender la situación penosa del pueblo judío. Si bien los palestinos no tuvieron nada que ver con el antisemitismo europeo y el Holocausto nazi, no debería haberse hecho de la vista gorda ante la tragedia de los judíos. Los palestinos estaban tan encerrados en su oposición al sionismo, que no pudieron apreciar las necesidades existenciales de los judíos, de la misma manera que no apreciaron los efectos de los actos indiscriminados de violencia contra los ciudadanos israelíes.

Consumados por una furia legítima, ni los palestinos ni los árabes supieron concebir una metodología seria para un acercamiento a los israelíes, como tampoco pudieron diseñar una estrategia política factible que abordara las necesidades diarias y las aspiraciones nacionales de los palestinos. Ni los ataques transfronterizos, ni los secuestros, ni la diplomacia árabe e internacional, ni las conversaciones secretas, ni la resistencia no violenta, ni los atentados suicidas, ni los cohetes, ni las iniciativas árabes regionales, ni los enviados de paz internacionales; nada logró poner fin a la ocupación. Con cada estrategia, los líderes palestinos, que creyeron en las proclamas huecas de solidaridad de los Estados árabes con su causa, no lograron medir con precisión sus propios poderes frente a los israelíes.

De hecho, los Estados árabes no estuvieron ni cerca de igualar el nivel de la ayuda norteamericana y europea a los palestinos, mucho menos el nivel, incluso superior, del respaldo occidental --político y militar, así como también financiero-- que ha sido la clave para que Israel pudiera resistir las demandas de libertad palestinas. Mientras se cree que el apoyo público y privado europeo hacia Israel, especialmente en sus años fundacionales, es muy vasto, Estados Unidos creó una barrera de vetos y protecciones políticas para Israel, además de ofrecer un apoyo financiero masivo. En un artículo en Washington Report on Middle East Affairs, Shirl McArthur, un funcionario retirado del Servicio Exterior de Estados Unidos, calcula que la ayuda directa de Estados Unidos a Israel entre 1949 y 2006 ascendió a un total de 108 mil millones de dólares.

Después de Estados Unidos, Alemania es el principal donante de ayuda económica y militar a Israel. Por lejos, el principal componente de la ayuda alemana ha tenido la forma de pagos de restitución por las atrocidades nazis. El total de la asistencia alemana al gobierno israelí, a individuos israelíes y a instituciones privadas israelíes, ha sido de aproximadamente 31 mil millones de dólares, ó 5.345 dólares per cápita, lo que lleva la asistencia combinada de Estados Unidos y Alemania a casi 20 mil dólares por israelí.

Frente a la fortaleza de Israel, el fracaso del Movimiento Nacional Palestino hoy ha favorecido a los islamistas. El Movimiento de Resistencia Islámica (conocido por su acrónimo árabe, Hamas), que surgió durante la primera Intifada en 1987, se volvió más poderoso en los años 1990, después del regreso de Yasser Arafat de la OLP, y la creación, como resultado de los Acuerdos de Oslo, de la Autoridad Palestina. El rechazo por parte de Hamas de los Acuerdos de Oslo dio réditos políticos a medida que se volvió cada vez más evidente para los palestinos que los apretones de manos en los jardines de la Casa Blanca, no producirían el codiciado fin a la ocupación israelí o incluso a las actividades ilegales de los asentamientos de Israel.

Sin embargo, a pesar de la larga cadena de fracasos de la historia, la toma de control de Gaza en junio de 2007 por parte de Hamas, y su condición de paria en Occidente, Estados Unidos no cesa de repetirnos que 2008 será el año de un acuerdo de paz. Mientras tanto, la propuesta de paz árabe, que reclama un Estado palestino según las fronteras de 1967, y una solución justa para el problema de los refugiados a cambio de la normalización de las relaciones de los Estados árabes con Israel, parece condenada al fracaso.

Después de 60 años de fracasos, y a medida que la generación que vivió la Nakbeh va saliendo de escena, un acuerdo político que pueda ofrecerles libertad a los palestinos en un Estado independiente, junto a un Israel seguro, y una solución justa del problema de los refugiados, es más necesario que nunca --aunque también parece menos posible--.


Daoud Kuttab, un galardonado periodista palestino. Actualmente es profesor visitante de periodismo en la Universidad de Princeton.


Copyright: Project Syndicate, 2008.

www.project-syndicate.org