Jorge Eduardo Arellano
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Los precios del petróleo no se deciden en Caracas, ni en La Habana, sino en Nueva York. La espiral alcista de los combustibles no la determina el gobierno de Hugo Chávez, ni el de Daniel Ortega, sino la Bolsa de Valores de Nueva York. Pero muchos transportistas de Nicaragua no saben esto, o no desean saberlo.

La derecha oligárquica nicaragüense se llena la boca diciendo que los transportistas le están dando a Daniel Ortega una probadita de su mismo chocolate. Ahora que los transportistas se alzan contra Ortega, no contra las compañías petroleras, implícitamente reconocen que los transportistas protestan sin que se los ordene Ortega.

Los críticos del presidente Ortega caen constantemente en contradicción, ya que les gusta enfatizar los supuestos absurdos de Ortega, sin darse cuenta que lo único que logran es hacer el ridículo.

Una somera comparación de los titulares noticiosos de las huelgas del transporte durante los últimos 3 gobiernos y los titulares de hoy, claramente muestran el sesgo nada objetivo y antiprofesional de ciertos medios de comunicación.

Cuando el FSLN era oposición, los transportistas en huelga eran considerados terroristas, violentos, oportunistas, traidores. No sólo se les acusaba de ser instigados por Ortega, sino que eran movidos por los hilos invisibles del terrorista Osama Bin Laden.

Las huelgas no eran huelgas, sino asonadas. Las protestas no eran protestas, sino motines. Los transportistas no eran patriotas, sino facinerosos. Los transportistas no eran pequeños empresarios, sino vagos, quema llantas y agitadores profesionales.

Hoy, que por factores que escapan totalmente al control del gobierno de Nicaragua; hoy que el hambre y la inflación galopan por el mundo; hoy que una pasmosa recesión estremece a Estados Unidos; hoy que el barril del petróleo ya superó los 120 dólares el barril, con lo cual la Esso, la Chevron, la Texaco y la Shell, se están embolsando millonadas de dólares al día; hoy que los transportistas ven que la cobija no alcanza; los antisandinistas salen con el ridículo argumento que le están dando a probar a Daniel un poco de su mismo chocolate.

El repugnante morbo con que ensalzan la huelga; la hipocresía con que simpatizan con los transportistas en huelga, contrasta fariseamente con la amarga y despiadada crítica con que hace menos de dos años condenaban los paros de los transportistas.

Cuando Bolaños era presidente y los transportistas se fueron a la huelga, los huelguistas eran considerados vulgares delincuentes, a quienes el gobierno tenía que meter en cintura con las fuerzas policiales. Los medios de la oligarquía y la burguesía criolla tronaban contra Daniel, porque según ellos, los transportistas eran títeres de Ortega.

Con la misma magia negra con que la Región Autónoma Atlántico Norte, RAAN, se recuperó totalmente de los daños del huracán Félix, y goza ahora de condiciones ideales para hacer elecciones municipales; con esa misma magia, con ese mismo “sontín”, gracias a la sabiduría de los sacerdotes de la oligarquía; los terroristas de ayer han pasado a ser los patriotas de hoy.

Durante las huelgas bajo los gobiernos peleles de una potencia extranjera, los medios de los oligarcas enfatizaban el sacrificio y el sufrimiento del pueblo que tenía que recorrer largas distancias a pie para llegar a su trabajo.

Se resaltaba cómo la pobre gente iba colgada en camionetas piratas y pagaba precios exorbitantes para poderse transportar a sus trabajos. También se apuntaba que el pueblo sufría las consecuencias de la irresponsabilidad de los transportistas; que los sandinistas mucho los chinchineaban; que el Frente sólo mañas les enseñaba; que eran empresarios del transporte fracasados; que sólo eran pedir subsidios, y sólo para dar a cambio un servicio de mala de calidad.

Ahora, todo este rosario de críticas contra los transportistas desapareció. Ahora son mansas palomas que no quiebran un plato. Ya no son facinerosos, ya no son turbas, ya no son quema llantas, ya no son vagos, ya no montan asonadas, ya no son apóstoles de la violencia.

Ahora son honrados y sufridos ciudadanos a quienes la Policía reprime salvajemente. Antes eran delincuentes lanzamorteros; ahora son dignos ciudadanos merecedores de todo el respeto de la sociedad.

¿Quién le reclama a Wall Street, a la Esso, a la Shell, a la Chevron o a la Texaco? Piden cuentas al ALBA, pero no se preguntan quién se embolsa las millonadas de dólares que los especuladores ganan con los elevados precios del petróleo.

Una hambruna de dimensiones apocalípticas azota a los países pobres; una brutal recesión castiga a Estados Unidos. Agencias de las Naciones Unidas han dado el grito de alarma, pero un plumífero criollo le llama cuento. No dijo cuento chino, quizás por respeto a los dueños de maquiladoras.

Mientras la oligarquía le ofrece chocolate al presidente Ortega, éste lidera el más serio, el más formidable esfuerzo por adelantarse a la hambruna que amenaza a nuestros pueblos. Que juzgue el pueblo quién se dedica a resolver sus problemas, y quién está embarcado en una barata politiquería electorera, que sólo persigue la defensa de sus oscuros intereses.