Jorge Eduardo Arellano
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En el END, del domingo 11 de mayo, leí un interesante artículo de Arnulfo Urrutia; en el cual hace una amplia descripción de los éxitos militares y económicos alcanzados por el mil veces heroico pueblo de Vietnam. En el reportaje se hace un parangón de las guerras de agresión imperialista que vivieron tanto Vietnam como Nicaragua. Concluye que nuestra guerra fue un juego de niños en comparación a lo vivido por los vietnamitas, en daños económicos y en víctimas. Se resaltan los avances económicos del pueblo de Vietnam, por lo que hoy día es llamado “La Estrella del Sudeste Asiático”; por sus avances en las exportaciones de petróleo, textiles y confecciones, calzado, productos del mar, electrónicos y computadoras, arroz; el incremento de las inversiones extrajeras, la existencia de más de 120 mil empresas privadas, teniendo el Estado en sus manos la electricidad, telecomunicaciones y otros servicios. La economía vietnamita se mueve bajo el libre mercado, con orientación socialista. Al final, el articulista se interroga: “¿Qué pasa con nosotros los nicaragüenses, por qué nuestro país no avanza?”

Es importante despejar esa interrogante, pues, es obvio, que existen marcadas diferencia en los procesos políticos y militares vividos por ambos pueblos. La diferencia más sustancial a subrayar, es que el pueblo de Vietnam infringió una aplastante derrota militar a la agresión imperialista, que por más diez años encabezó los Estados Unidos. Los marines norteamericanos en el año 1976 salieron en desbandadas, humillados y derrotados del país asiático. Con la derrota militar del imperialismo, salieron también huyendo sectores de la burguesía, los que habían apoyado la agresión estadounidense, para radicarse a vivir y morir en el exilio. De manera que la conducción del Estado vietnamita quedó en manos de un sólo partido, el Partido Comunista, quien una vez ganada la guerra, inició la gigantesca tarea de reconstrucción, impulsando la educación, la salud, la alfabetización y el proceso productivo; apoyándose para ello en los principios socialistas, creando así las bases y los cimientos en la construcción de una nueva sociedad.

En Vietnam no sobrevivieron los resabios de la sociedad burguesa, ni se organizaron en grupos políticos adversos al gobierno revolucionario. No hubo trabajo de división, ni diversionismo contra el pueblo. Bajo esas circunstancias, el pueblo de Vietnam, poco a poco se fue recuperando de las secuelas de la guerra y de la destrucción. Gradualmente se fue obteniendo un desarrollo en todas las esferas de la economía.

En Nicaragua ocurrió todo lo contrario; la guerra de la década de los ochenta, financiada y dirigida por los Estados Unidos, siempre tuvo el respaldado de los resabios del somocismo; la burguesía nunca se resignó ni aceptó la revolución, que dio al traste con la dictadura de los Somoza. De manera que el resultado la guerra fue que las fuerzas progresistas; no lograron un triunfo claro y contundente sobre las fuerzas contrarrevolucionarias. Con los acuerdos de Sapoá, que fue el preámbulo para que parara la guerra, políticamente la derecha salió internamente fortalecida. El conflicto militar de nuestro país pasó al plano político. Las fuerzas de la derecha se reagrupan, se organizan en partidos políticos, recuperan espacios de movilización, realizan trabajo político-ideológico, logran confundir y dividir a un importante segmento de la población. Se producen las elecciones generales del 25 de febrero de 1990, en las cuales es derrotado el partido político que conducía el proceso revolucionario.

A partir de 1990, el poder pasa a manos la derecha. Desde el gobierno se intenta revertir los logros y avances sociales alcanzados en los diez años de revolución. Por su parte, las fuerzas de la izquierda, aglutinadas en el FSLN, presentan una lucha frontal contra los grupos reaccionarios de derecha. Los sectores populares se movilizan, protestan, realizan huelgas, se oponen a proyectos y leyes antipopulares; y denuncian el saqueo al Estado, la corrupción, la privatización de los servicios básicos de salud y educación. En todo este periodo, el país estuvo enmarcado en una crisis social, política e institucional, de manera que de 1990-2006 los problemas torales de la nación no fueron atendidos ni resueltos por los gobiernos de la derecha. En el país se agudizó la crisis social, aumentó el desempleo, la pobreza, creció el analfabetismo, reaparecieron los actos de corrupción; nuestro país casi logra estar a la par del país más pobre de América Latina: Haití.

En ese proceso de involución y de descomposición social, se pusieron en boga los antivalores como la corrupción, el soborno, el tráfico de influencias, las coimas, el cohecho, el enriquecimiento ilícito; el Estado es tenido como un botín, todo era el “sálvese quien pueda”. Es decir, como una fuerza centrifuga salen ha relucir todos los valores de la corrupta sociedad somocista. Muchos cuadros dirigentes de la revolución se vieron influenciados por esos antivalores, por lo cual una buena parte claudicó. Otros abandonaron el país. Hubo algunos que pasaron a formar parte de las fuerzas de derecha. Otros dejaron a un lado la actividad política para dedicarse a la vida privada.

Ahora que el FSLN logra por medio de las elecciones recuperar el gobierno, las contradicciones políticas se agudizaron aún más. En esta confrontación política nadie quiere dar tregua. Aunque las fuerzas de derecha son amorfas en conducción política, no obstante, sigue siendo fuerte, ya que cuentan con un sesenta y dos por ciento del electorado. El gobierno, mientras tanto, sólo tiene un treinta y ocho por ciento de los electores. Desde la década de los ochenta el escenario político en Nicaragua no ha cambiado nada. Aún en este país no está definido quién es el ganador y quién el perdedor. Creo que este problema, de guerra silenciosa y prolongada, es lo que tiene trabado a este país. Todo el asunto se circunscribe a una guerra de posiciones, en las cuales, en un momento dado, la izquierda pierde el poder, luego lo recupera la derecha, más tarde lo recupera la izquierda, y así por los siglos de los siglos.

Por lo expuesto, estimo, hasta tanto no se defina claramente y quién será en definitiva el ganador en esta lucha de clases, este conflicto entre las fuerzas de izquierda y de derecha, se mantendrá en forma invariable. La ansiada estabilidad política institucional seguirá siendo un sueño utópico en nuestra sociedad, lo cual no permite que el país se encause por la senda del desarrollo económico.

Lo viable sería que todas las fuerzas políticas, tanto de izquierda como de derecha, entiendan que en este conflicto no habrá vencedores, que así como hubo un armisticio en la guerra militar, es preciso ponerle punto final a la guerra política por medio de un pacto social, en el cual participen todos, por el bien del país, para darle atención al rezago económico que tenemos. Por lo antes señalado, es que no cabe la comparación que el articulista del END hace entre lo que vivió el pueblo de Vietnam, con lo que ha vivido y vive el pueblo de Nicaragua; ya que en Vietnam hubo un claro y definitivo ganador en la lucha militar. Estados Unidos definitivamente fue derrotado. El país asiático tiene un partido único, con una definida orientación socialista. En Nicaragua, nadie aún ha conseguido una victoria sobre el adversario político, no existe un ganador definitivo; y mientras no se resuelva ese conflicto, el país seguirá patinando en sus problemas sociales y económicos.


*Abogado y notario público.